La excusa del orden

Martín Véntola
Martín.Ventola@MetodoDeRose.org

Un guitarrista que pasa más tiempo afinando su instrumento que tocándolo, ¿sigue siendo guitarrista? Si cada vez que se siente a tocar, en vez de hacer música, se pone a pulir la madera, se la pasa cambiando las clavijas, o se entretiene verificando la tensión de cada cuerda, me atrevo a decir que no, que no es guitarrista. Para mí es evidente que se trata de un luthier, un artesano que dedica su vida a la perfección técnica del instrumento en cuestión.

Sin darnos cuenta, a veces, empezamos una disciplina y perdemos el foco. Nos convertimos en organizadores o reparadores, en vez de artistas. O peor, en críticos. Sépanlo, corregir textos de otras personas no nos hace escritores.

Cambiemos de competencia. Supongamos que cedo ante la publicidad de Adidas, algún libro de Murakami, Echenoz o Gotaas, o a la presión de la sociedad: decido empezar a correr. Mínimamente me compro unas zapatillas. Y medias. Y una remera dri fit. Y una calza para no pasparme. ¿Supino o prono? Debería ir a un traumatólogo para averiguar. Y ya que estamos, que me derive a un especialista de pisada, para hacer unas plantillas ortopédicas. No sobra una visita al cardiólogo, ¡hágame un electrocardiograma por favor! Con esa información, compramos un sensor Nike+ y, si algún día, en un futuro lejano, llego a correr, el bendito aparato me va a dar un monte de información que será valiosísima para maximizar los efectos del entrenamiento. Solo que nada de eso sucede, porque hicimos de todo menos correr.

Toda la parafernalia que rodea la actividad, pero no es la actividad… ¿es una trampa de la modernidad? ¿O un mecanismo humano natural, que nos aleja de lo que realmente deseamos?

Por eso me gustan los instrumentos de viento. Para mí, no tienen burocracia. No hay que enchufarlos a ningún lado, se sopla y ya. Y mucho mejor los bronces que las maderas. El saxo, el fagot, el clarinete y el oboe llevan en la boquilla un pedacito de madera que se degrada con el tiempo. La trompeta, el trombón, el cuerno inglés y la tuba están hechos completamente de metal, son casi inalterables. Y si no tienen llaves, pistones ni piezas móviles, nos estamos acercando a la perfección. Como el simpático cornu romano:

Hay un instrumento más simple todavía: la voz humana. No necesita accesorios que pueden distraer, y no tiene accesorios con los cuales perder el tiempo, se canta y ya. No depende del espacio, podemos cantar en la calle, en el colectivo y en la ducha. Me encantaría poder encarar cualquier desafío con la misma pureza metodológica de, tal vez, el instrumento musical más antiguo.

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