Por azar: estamos todos de acuerdo

Creación colectiva

Reconocer el azar. Evitar confundirlo con la suerte o con la intuición. Azar es un encuentro ineludible. Desearía poder darles una receta precisa para reconocer el azar pero sólo he podido enumerar algunos de sus ingredientes: decisiones, como mínimo dos; personas, como mínimo una; pensamientos, a granel; deseos, al dente; pequeñeces, a gusto; risas, dos cucharaditas; llanto, dos cucharaditas; árbol, opcional, se puede reemplazar por una sombra. No intenten cocinar el azar, sólo es posible reconocerlo. No intenten evitar el azar, solo es posible sorprenderse. No intenten desafiar el azar, sólo es posible quererlo.

No sé si pedir una empanada de queso y cebolla o una de roquefort y nuez. Me gustan las dos, y creo que hasta me da lo mismo. El curso del mundo no va a cambiar por esta decisión. Pienso en eso mientras tiro una moneda. El curso del mundo no va a cambiar por esta decisión. Me pregunto por qué decisiones sí va a cambiar el curso del mundo. Esas no pueden quedar libradas al azar. Las demás, las decisiones humildes, sí. Me terminé comiendo las dos.

Qué gracioso que justo en la fase de mi vida en la cual me estoy haciendo más cargo de mis cosas, le esté dando tanto lugar a lo aleatorio. Tal vez sea justamente parte de ir descubriendo los lugares de cada cosa. Cuando entiendo que lo que quiero, lo tengo que ir a buscar, me conecto con la acción. Reconozco más nítidamente lo que me sale y lo que realmente deseo. Voy trazando mi camino y de esta manera le doy un espacio cada vez más divertido al azar.

De todas las personas que pasan, las que también me miren. De todas las flores, las de color violeta. De todas las frutas que hay mi casa, las que están más maduras. De todos los aromas, el de la lluvia. De todas las personas, la que conocí en mi ciudad y que también va en bicicleta. De todos los almohadones, el que guarda tu olor. De todos los trabajos, el que se cruzó en mi camino y me hace más feliz. De todas las abuelas, la que elegí cuando tenía cuatro años. De todos los nombres, el que me tocó y me gusta. De todas las elecciones, el azar.

​Azar: es eso que sucede, ocurre, pasa, acontece por casualidad. Muchas veces escuché y dije que el azar no existe, que lo que llamamos azar es en realidad todo eso que hay por detrás de las cosas, los hilos ocultos que unen los sucesos y que desconocemos. En la actualidad, miles de científicos trabajan incansablemente para descubrir esos hilos invisibles y darle sentido a todo. Y yo me pregunto qué será de los románticos, los poetas, los soñadores cuando descubramos ese sentido oculto de las cosas. ¿Será tal vez que la imaginación desaparece definitivamente de la tierra? ¿O será que de una vez por todas nos animamos a hacer todo eso que ahora nos resulta imposible?

Este texto fue escrito en forma conjunta por Jacqueline Bonetti, Javier Alemanno, Martín Véntola, Pamela De Pablo y Roberta Sartor, y dirigido por Lucía Gagliardini.
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