Viajar no es una escapatoria

Malen Monteleone
Malen.Monteleone@MetodoDeRose.org
Foto: Malen Monteleone

Me gusta mi ciudad, hasta porque vivo en las afueras y puedo visitarla cuando tengo ganas. Cada vez que entro en la capital me veo como un turista, aunque también siento que pertenezco. Recorro sus calles casi sin conocerlas, pero con la sensación de saber perfectamente dónde estoy.

Eso me pasa cuando viajo a cualquier parte del mundo. Elijo salir a caminar, perderme, imaginarme la vida de sus habitantes, y trato de meterme en sus zapatos. El perfume amargo del cemento de una ciudad me puede hipnotizar. Probar la comida que caracteriza a cada región es tan importante como conocer a su ciudadano más representativo. Por eso también, muchas veces decido volver a visitar los mismos lugares.

Cuando leo un libro estando próxima a viajar, me gusta que esté situado en esa ciudad y que el autor describa cosas sobre su vida cotidiana, en los distintos lugares, más allá de la historia. Hace unos años viajé a Europa y mientras tanto leía La Insoportable Levedad del Ser de Milan Kundera. Mientras recorría Grecia con mi familia leíamos el mito de Atenea y sobre cómo nació la ciudad a la cual da su nombre. En unos días voy a viajar a New York, ciudad que ya visité algunas veces, y estoy reviviéndola leyendo el atrapante Éramos unos Niños de Patti Smith.

Seleccionar un destino, soñar con él. Conocer un lugar que se va a transformar en un nuevo hogar aunque mi casa siga estando en Buenos Aires es una forma de ganar experiencias, que me cambian y me llenan de ganas de volver para poder aplicarlas. Viajar no es una escapatoria.

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