Del Pechofriismo y sus consecuencias

El pibe es bueno, te puede meter diez pases perfectos seguidos, atacar para donde le pidas, sacar, bloquear, armar, todo, pero cuando llegás al 20–20 mejor que no la toque… es un Pecho Frío.

Si buscás en Google: Pecho Frío, te aparece Messi, el Rolfi Montenegro, Newell´s, Riquelme, Boca, River y la lista sigue. Nadie se salva. En vóley la cosa se pone peor, porque no te podés esconder.

Pecho Frío: Persona que ve limitadas sus habilidades en momentos de stress. Esta es la definición que más me cierra. Seguro que termino la nota y se me ocurre una mejor, pero buen… Entonce si vas a decirle Pecho Frío, o Pecho, a alguien, tené en cuenta esto. A veces tildamos de pechofriista a gente de escasas, o nulas, habilidades, ahí cometemos un error, porque sus habilitadas ya son limitadas antes del 20–20 por ejemplo. El Pecho Frío la rompe en los entrenamientos, en los partidos fáciles, pero cuando se pone picante se borra.

Hay tres tipos de Pecho Frío. El que no se da cuenta y cree que está haciendo un bien al equipo tomando responsabilidades que no puede cumplir. El que sabe que es Pecho Frío y juega con esa cruz en la espalda. Y el que se borra, se lesiona “Uh, me tiró”, el que se va contra los carteles a buscar una defensa imposible y se queda ahí, como si hubiese estado en un capítulo de Game of Thrones.

Se puede ser Pecho Frío y ser campeón?, si obvio, tal vez tu equipo te ayuda, o tal vez tus habilidades, por más bajas que se pongan, siguen siendo superiores a la mierda de jugadores que tenés enfrente.

Como dijimos, el Pecho Frío sale a la luz cuando las papas queman, ahí erra su primer ataque, saca afuera, toca la red, doble golpe y así va hundiéndose y hundiendo a su equipo. Lo ves entrar en calor y decís, éste la rompe, pero lo ves en el 23–23 y da lástima.

No existe una pócima secreta para quitarse el pechofriismo. No creas que porque no cerraste un 2–0 tenés un freezer en la región del cuerpo humano comprendida entre la base del cuello y los hombros hasta el abdomen, situado en la parte delantera, opuesto a la espalda. Ni porque te dieron la pelota del 23–24 y perdiste el set. Esto se va formando y te vas a ir dando cuenta que tenés éste mal si las derrotas son continuas, si el rendimiento baja exageradamente cuando más lo necesitás.

Ya te dije que no hay cura, pero lo que se me ocurre es recurrir a la vieja frase: “jugar cada punto como si fuera el último” así vas a ser igual de malo en el 7–5 que en el 30–29 y nadie te va a decir nada, porque vas a estar aplaudiendo… desde el banco… por Pecho.

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