Sobre la automatización (con Federico Moerzinger)

En el siguiente post, discutimos con Federico Moerzinger los pros y contras de la automatización.
A Federico, “Fez” para los amigos, lo conocí cuando coincidimos en una multinacional en Montevideo hace un tiempo, trabajando en el escalafón más bajo, como se espera de cualquier joven que haya elegido una carrera por vocación y no por interés salarial. Licenciado en Ciencias Políticas y estudiante de RR.II., trabajó para la Corte Internacional de Justicia en La Haya. Aunque nos ignoramos por muchos meses, simpatizamos rápidamente cuando comenzamos a intercambiar artículos de antropología, ontología, ciencias políticas y demás temas que nos resultaban interesantes a ambos. También pudimos intercambiar opiniones de literatura, y en poco tiempo hicimos una relación intelectual como pocas que he tenido.
Hace un par de días, compartí un meme quejándome de la automatización en un sistema capitalista; a lo que Federico respondió con un comentario bastante elaborado sobre por qué el veía el avance tecnológico en lo laboral como algo muy positivo (no significa ésto que yo opine lo contrario). Pensaba copiar el comentario aquí y responderle directamente, pero el otro día, en un “rant” de borrar publicaciones (me arrepiento muy fácilmente de publicaciones con memes y frecuentemente me pregunto que tan estúpido soy al compartir x o y), borré, accidentalmente, esa publicación.
Sin embargo, como ya me había puesto fisura para discutir sobre automatización, le mandé un mensaje a Fez para que replicase lo que había comentado. En lugar de eso, me respondió con un mini ensayo de cuatro partes en inglés, que tuve que traducir por la última hora y media (thank you so fucking much, Fez).

Fez:

Parte I:
Incluso antes de la Revolución Industrial, el desarrollo tecnológico a menudo creaba profundos cambios sociales en áreas específicas. El ingenio romano trajo al Imperio agua limpia a ciudades lejos de fuentes de agua dulce a través de acueductos, la instalación de cañerías y otras novedades que tuvieron un impacto positivo en la salud general. Las Edad Media trajo más cambios en lo militar, y así sucesivamente. La imprenta de Gutenberg permitió desafiar la hegemonía de la Iglesia católica al permitir que las biblias se imprimieran a un ritmo mucho más rápido que con las técnicas anteriores, al mismo tiempo que les permitía imprimirlas en lengua vernácula, en vez de imprimirse en latín. De repente, las masas que sabían leer en su lengua vernácula, podían acceder, reflexionar y en última instancia cuestionar el Libro Sagrado.
El progreso tecnológico, por lo tanto, es el resultado la humanidad superando sus limitaciones. El resultado del progreso tecnológico son los cambios sociales, que van desde adaptaciones sutiles a las perturbaciones en el nivel social. Sin limitaciones, no hay progreso tecnológico. Y sin progreso tecnológico, el resultado es una sociedad bastante estancada. Esto no significa que una sociedad no pueda avanzar sin el progreso tecnológico, sino que pretende demostrar lo importante que puede ser.

Parte II: Progreso Tecnológico y Capitalismo
La Revolución Industrial vino, y con ella un avance exponencial en tecnologías. La sociedad, de diversas naciones y culturas, simplemente no podía mantenerse al día, y dentro de Gran Bretaña nacieron los luditas. Éstos eran un grupo de trabajadores preocupados, ya que las nuevas máquinas harían de su trabajo duro algo anticuado, innecesario, por lo tanto, los hacía inempleables, incapaces de alimentarse a sí mismos o a sus familias. Sus preocupaciones no carecían de fundamento. En ese momento, el concepto de un estado de Bienestar estaba más allá de la imaginación de cualquier persona, y Marx estaba a años de nacer y llegar con su crítica perspicaz sobre los excesos y contradicciones del sistema capitalista. La sociedad, en ese momento, simplemente no había evolucionado de ciertas tradiciones heredadas de un sistema feudal, y no estaba preparada o incluso resultaba inimaginable la idea de trabajos desapareciendo. El concepto de desaparición del trabajo era totalmente ajeno.
Incluso después de que Marx hubiera comenzado a publicar su obra sobre sus críticas al capitalismo, culminando en su Manifiesto Comunista, Estados alrededor del mundo literalmente se pusieron manos a la obra en abordar el cambiante entorno de trabajo en sus ciudades industrializadas. A medida que la refrigeración se hacía más común en los Estados Unidos, la necesidad del lechero, que entregaba leche, se hacía cada vez más obsoleta, ya que un consumidor solo tendría que ir al Supermercado para comprar la leche que necesitaba. Otros trabajos desaparecieron como resultado de técnicas mejoradas para mantener los alimentos seguros para el consumo durante más tiempo.
Pero, para cada trabajo que desapareció debido a una innovación tecnológica, surgiría un nuevo tipo de trabajo.

(still Fez)

Parte III: La era de la información, el globalismo y la tecnología hoy.
Vivimos en un mundo cada vez más interconectado.
Una crisis financiera que comenzó en Tailandia a finales de los 90 casi llevó a la economía global a un punto crítico. Las réplicas de las crisis financieras asiáticas debilitó varias economías, culminando con el cuasi-colapso económico de la Argentina a principios de los años 2000, que afectó a otros países de la región. El punto principal aquí es que la fuerza de trabajo de los países industrializados avanzados se encontró repentinamente en competencia con la mano de obra de los países en desarrollo o subdesarrollados. La mano de obra más barata y las regulaciones de trabajo más flexibles hicieron que estos países fueran un lugar deseable para ***externalizar*** (la palabra original acá era outsourcing, pero no sabía si ya calificarla como un americanismo y dejarla como estaba o traducirlo) gran parte de su mano de obra que no requería calificación. Muchas industrias tradicionales, en particular el sector de manufactura, comenzaron a trasladar sus fábricas fuera de su país de origen para aprovechar la mano de obra más barata en una carrera para aumentar las ganancias. Esto dio lugar además al poder y la influencia de las Corporaciones Transnacionales, ya que su presencia en un país en desarrollo puede muy bien ser el factor motivador del crecimiento del PIB del país y el menor desempleo.
Ahora todo eso ha cambiado. La tecnología ha vuelto a superar las limitaciones. Los robots se han vuelto cada vez más sofisticados, eficientes y diestros en la fabricación de productos (esto se puede ver en los coches). En Europa, uno puede encontrar McDonald’s con computadoras que toman tu pedido y método de pago (siempre que estés usando una tarjeta de crédito o débito ¿Tiene efectivo? Entonces tienes que hablar con un ser humano… por ahora). La gente está reaccionando a esto, sintiendo que incluso ciertos trabajos del servicio de atención al cliente están siendo amenazados por la capacidad cada vez mayor de las computadoras y de los algoritmos del software de anticipar nuestras necesidades y de servirlas. Sabemos lo que sucedió con los trabajadores en su día durante la revolución industrial. ¿Qué va a pasar cuando la humanidad de a luz una inteligencia artificial y la ponga a trabajar tomando llamadas de los clientes de Amazon?

Parte IV: ¡Sally hacia el futuro! La conclusión.
Las sociedades modernas han desarrollado una mayor conciencia de las necesidades sociales y han creado varias formas de acomodar a las personas que habían perdido sus puestos de trabajo. Si bien la eficacia de estos programas está continuamente bajo revisión, ya sea para ser eficaz en la colocación de los desempleados de nuevo en la fuerza de trabajo, o incluso de ser capaz de apoyar adecuadamente mientras están entre los puestos de trabajo, en serio es mejor que nada.
Por otro lado, la automatización libera a los seres humanos de hacer una tarea mentalmente simple y permite que ese individuo desarrolle sus talentos en otros lugares.
En lugar de limpiar los platos en un restaurante, el lavavajillas podría en su lugar tomar su tiempo para reflexionar sobre su mundo y tal vez escribir un libro. ¡Basta con mirar a George Orwell! No empezó a escribir Granja Animal o 1984 hasta que había dejado París, donde había pasado su tiempo lavando platos. En serio, lee Sin blanca en París y Londres. Gran libro. Me lo recomendó personalmente Sarah Jennings, hermana de Peter Jennings, un periodista bien conocido en los Estados Unidos (fallecido, por cierto).

Yo, el Lord y Señor Feudal de este blog:

Aunque estoy muy de acuerdo con gran parte (un 70% tal vez) de lo dicho por Federico, aún hay un par de cosas que añadir. El problema con la automatización en este punto de la historia, es que estamos llegando al momento en que la economía de mercado llega a sus límites, y voy a explicar por qué y cómo un poco más abajo. Entiendo que en el pasado se superaron los momentos de transición provocados por la automatización, pero éste podría ser radicalmente diferente a los que ya vivió la humanidad.

En el pasado, la automatización tecnológica estaba especializada relativamente, o sea que afectaba a un sector laboral en particular. Por ende, los asalariados podían trasladarse a otra industria emergente del momento. Hoy en día, la tecnología de la información, la rama más activa en la automatización, se aplica en todos los campos y su impacto se dará en todos los sectores.

Para ir a ejemplos concretos en los que la sociedad se adaptó a la automatización, podemos tomar varios ejemplos del siglo XX. La mecanización de la agricultura provocó el desempleo de millones de personas que tuvieron que emigrar a ciudades que contasen con grandes campos industriales, en busca de trabajo fabril. Luego, la misma automatización e incluso la globalización hicieron que las fuentes de trabajo se desplazasen al sector de servicios. Los trabajadores en paro y desplazados siempre encontraron nuevas oportunidades; y por lo general estas oportunidades laborales solían exigir más capacitación, lo que inevitablemente llevaba a una valorización superior del trabajo, y por ende estaban mejor pagados. Hay una “época dorada” de esta simbiosis entre los avances en la tecnología y el bienestar de la clase trabajadora, y sería en las dos décadas siguientes a la Segunda Guerra. La maquinaria que se usaba en las fábricas mejoraba, la productividad de los asalariados subía, y ésto les permitía exigir mejores salarios. Como los salarios subieron, estas personas demandaban más productos y servicios que ellos mismos producían, y éste proceso retroalimentó a la economía por décadas.

Sin embargo, ésto fue una época de bonanza que llegó a su fin. En los setenta, la relación entre el aumento de la productividad y el aumento salarial comenzó a paliar. En 2013 (en Estados Unidos al menos, es que chequeo sus reportes económicos porque son los más detallados) la productividad aumentó en un 107%, los costes de educación, seguridad social y vivienda se dispararon, y el trabajador promedio recibía alrededor de un 13% menos (con la inflación ajustada, por supuesto) que en 1973.

Entre 2001 y 2010 ocurre el primer indicio que la automatización es algo peligroso. A ese período se le conoce como la “Década Pérdida”: no se lograron generar empleos. Desde la posguerra, no había ocurrido jamás una década en la que el crecimiento laboral fuese menor al 20%. Incluso en los 70, que hubo una recesión económica importante provocada por la crisis energética, hubo un crecimiento de casi el 30%. La economía estadounidense, para seguir el ritmo de crecimiento de población activa, necesitaba generar casi un millón de empleos por año; en números claros: en la primera década del siglo, dejaron de crearse casi 10 millones de empleos. Otra cosa que ha ido en aumento (D R Á S T I C O) ha sido la desigualdad salarial. El aumento que antes ganaban los trabajadores por su productividad, hoy se lo quedan los propietarios e inversores de las empresas. La proporción del PIB que recibe el capital en relación a la que perciben los trabajadores ha aumentado ridículamente.

Esta Era que nos ha tocado vivir, va a estar marcada por las relaciones entre las máquinas y los trabajadores. “Las máquinas son herramientas que aumentan la productividad de los trabajadores”, sin embargo, hoy las máquinas son los trabajadores, y la línea que separaba el capital del trabajo se está borrando. El Skynet al que nos enfrentamos no viene en forma de androides armados, pero es igual de peligroso.

Ésto es el resultado de la aceleración informática, y aunque muchos están familiarizados con la Ley de Moore, no todos entienden plenamente las consecuencias de una progresión geométrica. En 1965, el chip más complejo tenía 64 transistores. El primer Pentium IV, salido en Noviembre del 2000, tenía 55 millones. En el ’97 IBM desarrolla el superordenador Deep Blue, la primera máquina capaz de vencer a un humano (Gary Kaspárov, campeón mundial de ajedrez), dando un paso gigantesco para la inteligencia artificial. Antes, cuando se hablaba del desplazo de la fuerza laboral debido a la automatización, se refería a que afectaría a lo rutinario, como trabajar en una fábrica en un escalafón bajo; nada demasiado especializado. Hoy, la fragilidad laboral frente a la automatización está en la “predictibilidad” (puse comillas porque no estoy muy seguro que esta palabra exista, pero creo que se entiende a lo que me refiero y suena p r o p i o, así que toma notas RAE, quién te conoce). Por ejemplo, la radiología podría ser reemplazada por las máquinas, teniendo en cuenta que son médicos que se especializan en la lectura de imágenes clínicas. Un algoritmo podría eventualmente ser capaz de reconocer enfermedades para poder diagnosticarlas mirando las mismas imágenes. A lo que quiero llegar es que especializarnos, adquirir más capacidades o aprender otros idiomas no nos protege de la automatización.

Y más allá que el desempleo y el subempleo causen un impacto devastador en los individuos y la sociedad: a lo que voy es que no habrían ganadores, la economía se vería destrozada. El círculo entre productividad, aumentos salariales y aumento del consumo se romperá. Hoy ya se puede ver esa desigualdad en el consumo, dónde un 5% de la población provoca el 40% del consumo. Si el mecanismo se sigue erosionando, la economía de mercado no podrá sostenerse por falta de consumidores. A ésto es a lo que me refería cuando decía que “estamos llegando al momento en que la economía de mercado llega a sus límites”, un poco más arriba.

La aceleración tecnológica trastocará nuestra la accesibilidad laboral de tal modo, que se hará necesaria una reestructuración fundamental, un salario universal como derecho humano, para evitar una crisis catastrófica.

En fin, para terminar con mi respuesta (que originariamente iba a ser un “Gracias Fez (y), en un 70% opino lo mismo” pero me fui hundiendo en ese 30% que no me cerraba), voy a dejar un video de Kennedy hablando sobre el desempleo y la automatización. Lo pueden ver entero, pero a partir del octavo minuto habla sobre el tema:

https://www.youtube.com/watch?v=RsplVYbB7b8
Ninos vimo’ ñery

S. Torres.

(Para consultar los datos de los que hablaba, recomiendo leer The Economic Report of the President, 2013, https://www.gpo.gov/fdsys/pkg/ERP-2013/pdf/ERP-2013.pdf figura B-47. Se puede observar que el salario semanal más alto en el 73 era 341 dólares, mientras que en Diciembre de 2012 fue de 295. Lo que comento respecto a la productividad está plasmado en el FRED, Ajustes Estacionales, https://fred.stlouisfed.org/series/OPHNFB)
(Recomendado: http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2010/01/01/AR2010010101196.html)
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