Alcampo y el #DíadelasLibrerías

Hoy es el Día de las librerías, pero yo os voy a hablar del Alcampo. Cuando era pequeña no iba mucho a librerías, era más de bibliotecas, porque en mi colegio teníamos una en cada clase y nos dejaban llevarnos prestados libros a casa. Además, en mi familia me regalaban libros por un tubo y luego encima los intercambiaba con mis amigas, así que siempre estaba surtida.

Pero una vez cada dos semanas, más o menos, mis padres nos llevaban a mi hermana y a mí al Alcampo de Gijón a hacer una megacompra de víveres y yo sabía que nos íbamos a tirar ahí dentro la vida. Mas hete aquí que este Alcampo tenía un pasillo entero dedicado a la literatura infantil, no sé si seguirá siendo así, pero la cuestión es que según llegábamos a ese pasillo, yo les decía a mis padres adiós muy buenas, aquí me quedo majos, ya me venís a recoger cuando terminéis de abasteceros. Y ellos se alejaban con su carrito y con mi hermana Sara, que con el tiempo también acabó quedándose conmigo en el famoso pasillo, ojeando libros y leyendo los más apetecibles. Así hasta que mis padres volvían cargados de bolsas y yo, poniendo ojitos de cachorro, les enseñaba el libro que había empezado a leer aquella tarde y ellos casi siempre me lo regalaban, por eso de alentar las aficiones sanas y porque no sospechaban cómo se me iba a ir la cosa de las manos.

Total, que ahora que soy adulta, cada vez que voy a un centro comercial y veo el pasillo de libros ocupado por los best-sellers facilones de turno, a veces arrugo la nariz, pero luego me acuerdo del Alcampo y pienso: Calla, boba, que empiezas comprando libros en el hipermercado y acabas siendo la abonada number one de las librerías. Y nada más, ahí lo dejo.