La Manada y Stephen King

Hace poco emitieron en la tele la adaptación de un relato de Stephen King titulado “Camionero grande”, que pertenece a su libro “Todo oscuro, sin estrellas” (muy recomendable). Narra la historia de una escritora de novelas policiacas que, mientras conduce de regreso a casa después de una conferencia, sufre un pinchazo en su coche en un paraje desierto, sin cobertura. Tras una larga espera, aparece un camionero enorme que, en lugar de ayudarla, la viola brutalmente y la deja por muerta, pero milagrosamente ella sobrevive, logra llegar a su casa y allí planea una venganza letal que ríete tú del conde de Montecristo.

Os cuento esto porque recuerdo que cuando leí el relato, contado en primera persona por la protagonista, a veces con una voz desquiciada dadas las circunstancias, otras más racional, me pareció perfectamente creíble, y a otros cientos de miles de lectores, también. No digo que todas las mujeres sean capaces de emprender semejante ‘vendetta’ tras sufrir algo tan traumático como una violación, pero sí creo que una mujer puede reaccionar así, como puede hacerlo de tantas otras maneras.

Cada ser humano es único y su comportamiento está sujeto a miles de variables. Por eso, no deja de resultar penoso que el abogado de la Manada sea tan inepto como para creer que un par de fotos de Instagram sacadas de contexto pueden desmontar la credibilidad de la chica a la que presuntamente violaron en los SanFermines. El tribunal ha admitido la prueba sí, pero eso no implica que vaya a valorarla. Y sinceramente, si ese es el mejor argumento que tiene La Manada para defenderse, poco les queda para verse celebrando su propio SanMartín, pero en el papel de cerdos.