«Preciosa oscuridad»: La infancia es el nido de nuestros monstruos

Me precio de llegar tarde a muchas lecturas que luego atesoro con devoción en mi estantería. Aunque empecé a leer a Stephen King de adolescente, no descubrí su maravillosa “It” hasta los veintitantos. Soy de esas lectoras que no leyeron a Elena Ferrante hasta que ya se había publicado la cuarta novela de su saga napolitana, pero eso sí, después la recomendé con tanto fervor que toda mi familia y mis amigos acabaron enganchados a sus libros. Os cuento esto porque hace ya tres años que se publicó en nuestro país “Preciosa oscuridad” de Kerascoët (Spaceman Books), pero no fue hasta hace unos meses que cayó en mis manos y ahora mi nueva misión en la vida es que todos leáis esta novela gráfica tan perturbadora.

Kerascoët es el nombre artístico de una pareja de dibujantes franceses, Marie Pommepuy y Sébastien Cosset -autores también de “Belleza” (Ed. Astiberri)-, que para desarrollar la idea original de la que parte este libro contaron con la colaboración del guionista Fabien Vehlmann. Un vistazo superficial a “Preciosa oscuridad”, con sus ilustraciones coloridas, sus personajes de cuento de hadas…podría hacerla pasar fácilmente por un libro infantil. Nada más lejos de la realidad. De hecho, mejor mantened a los niños alejados de él si no queréis traumatizarlos de por vida. Porque este libro con colores y dibujos de aspecto inocente es como una hermosa manzana envenenada. Es bello, desasosegante y cruel como lo eran las fábulas infantiles antes de que los hermanos Grimm les pasaran el filtro de lo políticamente correcto.

La historia arranca en un lugar indeterminado donde el personaje central, Aurora, una princesita de aspecto aniñado, está siendo cortejada por el caballero Héctor mientras un duende les sirve la merienda. De pronto esta escena idílica se ve interrumpida cuando el recinto en el que se encuentran empieza a desmoronarse. Desconcertados, los tres huyen y en su carrera hacia el exterior se les suman muchos más personajes fantásticos, que se abren camino hacia un bosque lluvioso. Es entonces cuando vemos el lugar del que salen estas diminutas criaturas: nada más y nada menos que el cadáver de una niña.

Tras este brutal comienzo, vemos cómo los pequeños seres fantásticos deciden organizarse para sobrevivir en el bosque, a merced de las alimañas y los peligros de una naturaleza hostil. Capitaneados por la pequeña Aurora, un personaje cargado de bondad e inocencia, forman una comunidad aparentemente idílica que pronto empezará a corromperse. Con ecos de “El señor de las moscas”, los autores de esta historia afilan su bisturí al retratar a los personajes que poco a poco van convirtiendo el cuento en pesadilla.

La curiosidad natural de la infancia, el egoísmo, la amoralidad, el impulso creativo, los caprichos, la malicia, el juego, la crueldad, la dispersión, los celos… en cada personaje que se corrompe o, más bien, en cada criatura que da rienda suelta a su naturaleza elemental, reconocemos enseguida los rasgos propios de los niños pequeños llevados al extremo. Y, en medio de todos ellos, la pureza que representa Aurora irá sucumbiendo pese a sus esfuerzos por preservar la armonía de una comunidad que, lejos de la rectitud y la ética que otorga la civilización, al final siempre acaba siguiendo al más fuerte.

No desvelaré más detalles de esta historia, que no escatima en episodios macabros sin perder en ningún momento el eje de la trama ni la atención del lector. Adictiva, desasosegante y con un final redondo, ahonda en un mensaje inquietante que antes o después todos aprendemos: la bondad pura no basta para hacer frente a la maldad y, en condiciones primarias, la sociedad se guía antes por la fuerza que por la moral. También os advierto que ya me he leído el libro unas seis veces y a lo mejor me estoy poniendo intensita. Así que id a la librería y juzgad por vosotros mismos. Maravilloso.