¿Cuándo nos duele la violencia contra las mujeres?

Columna de Oriana López Uribe (@orianalu) en @Factico_mx

Desde dónde hablo

Trabajar en un fondo de aborto pareciera ser satisfactorio, las mujeres necesitan abortar y tú las apoyas, suena sencillo cuando así lo explico. El problema es que las mujeres que necesitan un aborto no son planas y unidimensionales, no viven en el vacío y con sólo una necesidad. Son mujeres completas, complejas y viven un contexto adverso, como el mío, como el tuyo, o peor. Y las desigualdades que las/nos atraviesan no son únicamente alrededor de la reproducción, la salud o la sexualidad. Entonces nuestro apoyo es tangencial y la frustración y la impotencia se incrementan ante sus realidades.

Desde el DF apoyamos para que vengan mujeres de todo el país a hacer uso de la Ley de Interrupción Legal del Embarazo. Eso significa que desde el DF, escuchando las historias de las mujeres, hemos podido ir armando un rompecabezas de desigualdades, injusticias y violencias, muchas violencias, que forman a este país. A pesar de que los embarazos causados por una violación pueden ser abortados legalmente en todo México (o al menos eso dicen los códigos penales), nosotras apoyamos porque ellas necesitan el aborto ya, no en cinco años, o en quince, o cuando al del ministerio público se le antoje dar la autorización.


Violencia sexual

Las violaciones son más comunes de lo que queremos creer, a veces no llegan a golpes, empiezan cuando las mujeres son muy pequeñas y no entienden qué está ocurriendo. A veces el embarazo es la señal de que alguien ha estado abusando de ella y puede ser que entonces se detenga el abuso.

Las violaciones no sólo son comunes, también son aceptadas, encubiertas, calladas y parte de la historia de las familias, esa historia que no se cuenta en las fiestas, pero que todos conocen bien. Las violaciones a veces son disfrazadas de amor, donde no importa si tú no quieres, si te está doliendo o si estás inconsciente. Si es tu pareja, te han dicho, entonces no es violación.

Las mujeres vivimos este contexto donde ni en tu hogar puedes estar completamente protegida, donde tu familia no es de confiar, donde caminar hacia tu escuela, la tienda, tu casa, no es seguro. De alguna forma, la posibilidad de ser violada está latente.

¿Se han fijado cuántas veces han leído alguna nota sobre cuerpos de mujeres encontrados en terrenos baldíos, casas abandonadas y ríos en donde no haya habido señales de violencia física y sexual? Yo no puedo recordar una sola.


¿Por qué no nos duele?

Existe un término llamado resiliencia, en palabras muy simples es la capacidad emocional que adquirimos para sobrevivir y sobrellevar nuestro contexto. Ante las adversidades no romperte, volverte loca o matar a alguien (incluyéndote a ti).

¿Cuántas notas vemos en los periódicos, medios digitales y redes sociales sobre muertas, desaparecidas y mujeres agredidas físicamente? Yo ya perdí la cuenta, pero noto que hago algo cuando las veo: las ignoro, las hago a un lado, busco otra cosa qué leer. Mi pretexto es que tengo un trabajo donde pongo mi granito de arena para mejorar las condiciones de vida de las mujeres y merezco un descanso.

La nota de Proceso sobre las tres chicas de Boca del Río y el puerto de Veracruz (una desaparecida, otra sobreviviente de violación, y la tercera, Columba Campillo, muerta) empezó a aparecer en mi timeline desde fuentes distintas a las comunes. Eran personas de Xalapa, pero no activistas. ¿La razón? Columba Campillo es sobrina de una de esas personas. Esto no quiere decir que estas personas no sean sensibles, no se conmuevan o no participen en movilizaciones ciudadanas para mejorar este país. Pero me hizo pensar que lo que más nos llega es eso, el dolor de quienes se quedan aquí.

Si cada vez que viéramos una nota así pensáramos en el dolor de su familia, podríamos acompañar ese dolor con nuestro propio dolor. Nos tiene que doler. No podemos dejar que este país se nos inunde de violencia y que eso no nos duela. Eso ha estado pasando: para poder sobrevivir en este contexto hemos aprendido a silenciar el dolor, a anestesiar nuestra empatía, nuestro sentido de comunidad y nuestra compasión.

La violencia nos está llegando al cuello. Las violaciones están en todos lados. No estás a salvo tú, ni tus seres queridos. Tu educación no te protege, tu ciudad no te protege, tu dinero no te protege. Si no nos unimos e indignamos ante todas las violencias, este país va a convertirse en un paraíso apocalíptico donde la vida de verdad no valga nada.

Exigimos: que las víctimas y sus familias tengan acceso a la justicia, que hablemos sobre las violaciones en nuestras vidas, nuestra familia y nuestro entorno. Que cuando veamos una nota más sobre desaparecidas, violadas o asesinadas, nos detengamos a leerla para indignarnos y llorar. Los alimentos de la violencia contra las mujeres son el silencio y la impunidad. Dejemos de proteger a los que nos violentan y violan.


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