Innovación, el que da primero, da dos veces, o tres

Soy un gran aficionado a la historia y particularmente a la historia militar y esta afición hace que, en muchas ocasiones, busque similitudes entre el mundo empresarial y la conflictiva historia del ser humano.

La innovación, desde un punto de vista histórico es un elemento fundamental en el auge y caída de imperios y que ha propiciado momentos en la historia donde dicha innovación ha creado diferencias que han marcado un antes y un después tanto tecnológicamente como doctrinalmente y que han supuesto una victoria incontestable, sobre todo porque pilla desprevenido al enemigo.

Este es el caso de la batalla de Bicoca y que dio lugar al dicho “esto es una bicoca”, que significa una ganancia fácil. Esta batalla tuvo lugar en 1522 en Bicoca, cerca de Milán, y enfrentó a Franceses y Venecianos contra el imperio Español de Carlos V. Las tropas francesas eran superiores y contaban con 15.000 mercenarios piqueros suizos, una fuerza de infantería en formación de falanges (como las de Alejandro Magno) que era temida en toda Europa por sus potentes cargas; mientras tanto, los españoles, atrincherados en una pequeña colina, contaban con 4.000 arcabuceros, algo de artillería y algunos alemanes. Los piqueros suizos comenzaron a cargar subiendo la pendiente mientras que los españoles empezaron una descarga continua de fuego y artillería. En poco rato murieron 3000 piqueros y 22 capitanes mientras que las bajas española fueron de un solo soldado fallecido debido a la coz de una mula. Esta batalla propició el comienzo del fin de las batallas de picas y la caballería pesada, dejando paso a las emergentes armas de fuego que cambiarían los campos de batalla para siempre.

La innovación en las armas de fuego y en la táctica española, con precedentes probados por el Gran Capitán, dio pie a la temida infantería española, encabezada por los tercios, que dominó Europa durante los siguientes 150 años. Pero como la historia se repite, se “durmieron en los laureles” y dejaron de innovar, lo que provocó, junto a otros motivos, su posterior caída.

Como dice Enrique Dans: “el valor de la innovación no está en evitar que te copien, sino en conseguir que todos te quieran copiar” y es que la copia implica que estas detrás y en el caso de la historia militar, la copia sin innovación lleva al desastre. Otro caso llamativo es el comienzo de la II guerra mundial, donde las naciones vencedoras de la I guerra mundial, que se quedaron estancadas en las tácticas de 1918 que les dio la victoria, fueron drásticamente derrotados en 1939 por el ejercito alemán que innovó en tácticas y armamento poniendo en práctica la Blitzkrieg (guerra relámpago).

Realmente la competición es lo que hace progresar y la innovación no es un elemento aislado temporalmente, debe ser una actitud. Suele ocurrir en la historia, y en la empresa, que el vencedor se siente absolutamente confiado de sus capacidades y esa propia confianza es la que le pierde en nuevas situaciones que no ve venir, e incluso aunque lo vea venir no lo acepta porque la soberbia le puede y cree que su forma es la mejor. En el caso de la Blitzrieg, un general polaco, después de la invasión de Polonia por los Alemanes, preparó un informe detallado de las tácticas alemanas, su uso, efectividad y posibles precauciones para el ejército francés. Sin embargo, el personal francés hizo caso omiso de este informe, que fue capturado por los alemanes, sin abrir. Sin duda la soberbia es un mal empresarial y militar.

Como he comentado, la innovación es una actitud y no consiste en inventar cosas complejas, es una manera de enfocar el desarrollo de nuevos productos, soluciones o mejoras que te permitan seguir “estando en la brecha”.

Un caso de innovación de lo más sencillo fue lo que contribuyó, junto a otros motivos económico-políticos, a la caída del imperio romano. Se trata del estribo, una sencilla pieza que permite a un jinete agarrarse mejor al caballo. El estribo fue un adelanto tecnológico de los barbaros sobre los romanos hasta el punto que facilitó la derrota en la batalla de Adrianópolis (año 378 d.C.) del modelo clásico de la legión romana, lo que causó una crisis militar sin precedentes. El estribo permitía al jinete luchar con más agilidad y comodidad y maximizaba el impacto de la carga de caballería sobre la infantería. Esta derrota inició la era de la caballería pesada en Europa, que dominaría los campos de batalla medievales durante casi más de mil años.

El proceso de innovación va cambiando con los tiempos, pero no la innovación en sí misma. El proceso ha evolucionado desde “el yo me lo guiso, yo me lo como” a la innovación abierta, donde se utilizan recursos internos y externos en el proceso desde una actitud abierta que implica que se comprende que el valor de una idea no está en ella misma, sino en cómo se gestiona, por lo que es capaz de compartir esa idea incluso con la competencia para que la misma crezca y la empresa pueda gestionar más valor que el que hubiera creado ella sola.

Esto último, en la historia militar, ha ocurrido en contadas ocasiones, donde, de buenas a primeras, el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Por ejemplo, en la extraña alianza entre URSS, EEUU e Ingleses para derrotar a la Alemania nazi, aunque esto duró, lo que duró.

En resumen, como cuentan los amigos de Histocast en su podcast: “El factor de la victoria” la innovación es lo que hace que sigas vivo militar o empresarialmente y sin esta actitud, tarde o temprano, acabaras cayendo o serás un muerto en vida.

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