Comer, dormir, Derby

Los guerreros mayas, al igual que muchas culturas a lo largo de la historia, utilizaban decoraciones y pinturas en sus rostros y armaduras, no sólo para identificar su rango militar, sino también, y quizás la más efectiva de las razones, para amedrentar al enemigo en el campo de batalla. Siguiendo esta idea, los vestuarios del Polideportivo de Flores, tres veces a la semana, funcionan de fábrica de guerreras con patines, las integrantes de la liga 2x4 Roller Derby, uno de los primeros equipos de Roller Derby de Argentina. Por la puerta de esos vestuarios entran mujeres entre 17 y 29 años vestidas de civil, con sus armaduras en los bolsos y los rollers colgando de sus hombros con sus fundas grafiteadas; porque este sería el punto clave para distinguir por la calle a una practicante del clásico patín artístico de una Derby Girl: a estas chicas les gusta que todo, absolutamente todo esté escrito o tenga una sticker.

Los primeros registros del término Roller Derby datan de la década del ’20, en Estados Unidos, cuando el diario Chicago Tribune llamó de esta manera a una serie de eventos en los cuales durante varios días se realizaban carreras de patines. Ya en la década del ’30, estos concursos de resistencia se fueron modificando haciendo hincapié en el contacto físico y el trabajo en equipo y, por lo tanto, en los aspectos más llamativos de este deporte. Sin embargo, en los ’70, y opacado por los deportes clásicos, el modelo de negocio que conllevaba el Roller Derby calló y se volvió un entretenimiento invisible durante años, que sólo se practicaba en algunas pocas ciudades de EE.UU. En 2004, las ligas femeninas formaron lo que hoy se conoce como Women´s Flat Track Derby Association (WFTDA), organización que coordina y establece las normas que rigen la competencia entre los miembros de las ligas. De esta manera, crean “equipos de viaje” que compiten unos contra otros en los partidos regionales, aunque algunas ligas que no son miembros del WFTDA han organizado de forma independiente a sus equipos de viaje y sus inter-ligas.

Luciana Zan, de 26 años, pertenece a la Liga 2x4 Roller Derby, es estudiante de Diseño Gráfico en la UBA y a principios de diciembre viaja junto al seleccionado argentino al mundial que se lleva a cabo en Texas, Estados Unidos. “A principio de año se armó la selección femenina, así que es la primera vez que Argentina va a estar representada”, comenta Luciana antes del entrenamiento, mientras se venda el tobillo con cuidado, “no llega a ser esguince, una caída no más. No me voy a lesionar un mes antes de irme”, concluye sonriendo. Como todas las practicantes de este deporte Luciana tiene su Derby Name: Lula Zan, bastante mas amigable que el de otras compañeras como Turbonegra, Animal, Cruela, Maki Lombera y Hulka, una pelirroja de metro 75, que a primera vista fue la más atinada a elegir su seudónimo. Lula juega de Jammer, el puesto más decisivo, es decir, la que anota puntos. Cada equipo tiene en pista a cinco integrantes: una Jammer, que se identifica con una estrella en su casco, tres bloqueadoras, que no deben permitir que la Jammer del otro equipo las sobrepasen, y una pivot, organizando la estrategia; se corre en una pista de círculo plana y se cuenta un punto cada vez que la Jammer pasa a una bloqueadora o pivot del equipo contrario, después de la primera vuelta.

Hay sólo una cancha de Futbol 5 del Polideportivo de Flores que tiene la pista circular dibujada en su superficie. Mientras las demás se llenan de hombres que corren, insultan y gritan explotando de testosterona, la número 4 de estas jaulas ubicadas bajo la Avenida 25 de Mayo, se empieza a llenar de perfume de mujer. Pelos teñidos, puntas azules, verdes eléctricos, costados rapados, flequillos, caras de sueño, camisas leñadoras, pañuelos de colores y muchos tatuajes acompañan esos perfumes que se amontonan entre risas y el sonido de los patines cuando están quietos. Una de ellas llama más la atención por no tener ninguna de esas características, quizás, por no buscar llamar la atención. Es morocha, sonrisa simpática, pelo largo y abundante, cuerpo de bloqueadora y un tatuaje pequeño que se asoma por su escote. Está vestida con un jogging y una remera negra mientras toma un jugo de naranja en cartón, mirando sin enfocar, la pista de entrenamiento. En su mochila, a su costado, se puede leer un pin que reza como un mantra: “Comer, Dormir, Derby”. Es ama de casa, tiene 28 años, madre de dos hijos y, contraria a su sonrisa de labios gruesos, su derby name es: Juanita Bella Muerte. “Hace un año me enseñaron a patinar en esta liga, se puede aprender a cualquier edad”, comenta Bella Muerte, “empecé como freshmir, rendí mi tradeout, pasé a ser roockie y ahí salí a jugar”, cuenta demostrando que, en este deporte, a las competidoras no es a lo único que se le pone pseudónimo.

La armadura de una derby girl se basa en muñequeras, rodilleras, coderas, cascos y protector bucal. Si bien es un deporte de contacto fuerte, hay normas que definen la legalidad de los bloqueos e intentan cuidar a las competidoras. Por ejemplo: los bloqueos no pueden realizarse con los codos, no se puede agarrar por la espalda y tampoco sobrepasar por fuera de la pista. Las jugadoras sancionadas pueden ser apartadas del juego hasta el final de la Jam (período de dos minutos por el cual se divide la media hora de juego, con descansos de 30 segundos entre medio). “En caso de lesión, todas nos ponemos de rodillas para que se detenga el juego y puedan revisar a la lesionada”, comenta Lula Zan, “tiene que ser una lesión fuerte, con la adrenalina del juego no te das cuenta si te golpean o te raspás. Ser Jammer es muy divertido, cuando logras sobrepasar las bloqueadoras, es una sensación increíble, como si estuvieras volando”, concluye Zan a punto de entrar a la pista, ya pasaron 5 minutos de las 19 hs y la cancha “la tenemos que entregar puntual”.

Ya las chicas están preparadas, empiezan a entrar en calor. Ahora son sus pseudónimos, no son más diseñadoras, fotógrafas, amas de casa o psicólogas. Hay una rara presencia en este deporte del teatro, la actuación, y no para dramatizar los golpes buscando ventajas, porque en ese tema estas mujeres podrían enseñarle a muchos futbolistas a mantenerse en pie, sino para ser alguien más sin dejar de ser ellas, ser personajes que nacen de una parte de sus propias personalidades. Personajes completos que rondan entre la violencia de los golpes, la sensualidad de su actitud y vestimenta, y la imagen de niña jugando que da una mujer en patines con un sticker en el casco en el que se ve un zorrillo y debajo dice “Wasn’t me”.

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