“Cumbia la Reina”, entrevista al director

Si había una función para ver “Cumbia La Reina”, documental con el que debuta en la pantalla grande Pablo Coronel, era en el anfiteatro del Parque Centenario, en el marco de las proyecciones al aire libres organizadas por el festival Bafici 2015. Él, parado y tomando mates con amigos sonreía a cada uno que llegaba y como anfitrión en su casa esperaba la proyección. Viene de trabajar para la Tv Pública como realizador en “Nanotecnólogo por un día” y “Dulce y Salado”, éste es su primer paso como director y ya tiene planeados los próximos.

Pablo se metió en una compleja: documentar seis décadas de cumbia argentina, y lo logra sin dejar huecos ni manosear la idea, de manera ligera, profunda y entretenida. La película hace un recorrido en primera instancia cronológico pero que se mueve inevitablemente al ámbito social, a lo popular, donde “hasta el rengo sigue el ritmo cuando la escucha”. “Cumbia La Reina” rastrea referencias y estilos y sigue la marca que la cumbia dejó en los distintos sectores sociales entre nombres y anécdotas. Cuando termina la proyección invita a los que se les acercan a Ladran Sancho a escuchar a Luz Nueva, amigos y excompañeros de banda, que tocan todos los jueves y aparecen en su película.

  • Venís de la Tv y la Web, ¿Cómo te sentiste pasando al cine?

Más que el paso al cine, fue el paso a hacer lo que yo quiero hacer. En los proyectos que hice para televisión y web, siempre respondía en cierta parte a una producción, este fue un trabajo que hice desde el placer mismo de querer que exista un documental sobre cumbia.

  • ¿Acá está más presente el artista que el realizador?

Claro. Dulce y Salado lo hice con mi hermana. Lo armamos nosotros, entre nosotros. En cambio, “Nanotecnólogo…” ya era una idea que venía desde arriba, era trabajo realmente, necesitaban un realizador y trabajé. Pero encarar un proyecto así es más fuerte, es enfrentarse a los propios miedos y a las propias decisiones y construir desde uno.

  • Y ahí mismo te enfrentaste a un tema amplio y poco documentado como la historia de la cumbia, porque si bien lo encaraste de manera muy histórica deja siempre entrever los aspectos sociales que la influyeron.

Sí, es bueno que se haya notado. No hay una voz en off, no hay placas en el documental, salvo alguna explicación gráfica, y quería transmitir el fenómeno social desde un género musical sin más información que esas historias y anécdotas. Salvo en la palabra de algunos pocos académicos, como cuando se trata la llegada de la cumbia a Buenos Aires. Y que esté teñido el documental de un carácter social me parece gratificante, es un objetivo logrado.

  • ¿De dónde te nace la inquietud por revisar la historia de la cumbia?

Me pasó de estar tocando el acordeón en “Ay rocamora”, no hacíamos precisamente cumbia, éramos un grupo de amigos con ganas de hacer música y probamos ritmos latinoamericanos en general. Teníamos un par de cumbias y veíamos que cuando las tocábamos la gente no paraba y si el tema en el ensayo duraba 3 minutos, en el escenario la duraba 12. Hacíamos bases, repetíamos y se bailaba todo el show. Después el grupo derivó en “Luz Buena”, siempre con Andrés Drimer a la cabeza.

Hay algo muy adictivo en la cumbia, quizás suceda en otros géneros pero lo lindo acá es que se vuelve muy abarcativa. Por ejemplo: la chacarera en Santiago del Estero llega a mucha gente pero en Jujuy, Santa Fé, no llama de la misma manera; en cambio la cumbia une.

  • Hablando de folklore, hay un mensaje marcado en el documental que sin decirlo expresamente hace un paralelismo entre el folklore clásico y lo que representó la cumbia llegado el año 2000 y la cumbia villera. La música del trabajador, de las clases bajas…

Si, y podemos agrandar ese paralelismo. El hombre que trabajaba y era explotado en el campo hace 80, 100 años atrás, con los pibes de esta era que viven en villas o lugares peores, con su respectiva exclusión social. Y lo podemos extender a los principios mismos de la cumbia, los esclavos africanos trabajando también en el campo y los indígenas desplazados. Siempre es el mismo sentir y creo que ahí reside gran parte de su valor étnico y popular: sus raíces antropológicas concretas.

  • En los últimos años la cumbia entró a los bares y pubs de la Capital ¿Cayeron los prejuicios?

Yo creo que sí, cuando tocábamos con Andrés Drimer no encontrábamos otras bandas de cumbia más de las que ya había y tenían un público más extenso, como Amar Azul y Damas Gratis, que ya tenían 10 o 15 años de trayectoria. Y después se empezó a armar un fenómeno de a poco, las nuevas generaciones tienen muchos menos prejuicios y así van mejorando. La cumbia empezó a tener un valor por sí misma, no sólo el valor agregado de la fiesta y el pasarla bien.

  • ¿Vas a seguir por el camino de los documentales o te gustaría encarar a la ficción? — Pablo realizó un cortometraje llamado “La boca del Tigre”-

Ahora lo que sigue es el documental Cumbia Americana, extender las fronteras, que de hecho ese fue el proyecto primero. Cumbia La Reina abarca seis décadas de cumbia argentina y Cumbia Americana busca abarcar ese género en toda la región. Es el proyecto más grande de todos los que encaré. Ya estuve en Chile, Bolivia, Brasil, consiguiendo material. Hay una idea de la narración, de lo que quiero mostrar, y es que la cumbia está más allá del apellido. Si puedo conseguir esos artistas importantes de la cumbia, está bien, voy a tener prensa y la gente va a ir a ver lo que ya sabe que va a ir a ver. Pero si, de repente, tengo a una mujer que vende karaoke en la Plaza de Iquitos(Perú), que canta cumbia para vender su karaoke y a su lado baila otra que vive en la calle, y se las ve sonriendo, cantando, esa imagen me parece tan o más potente que un recital de los Mirlos.

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