Rafael: Una segunda vida en banano

Rafael es un productor pequeño de banano cerca de Sullana, en el norte de Perú, y uno de los fundadores de una asociación. Con 64 años de edad, es uno de los productores más viejos de la asociación, a pesar de su aspecto joven y fuerte, y ha vivido en su tierra toda su vida, experimentando transformación inmensa durante ese tiempo.

Rafael era un niño cuando la nueva junta militar peruana implementó una reforma masiva agraria a partir de 1968, tomando tierra de los dueños y dándola a millones de pequeños productores en todo el país, incluyendo la familia de Rafael. La ley decía que los pequeños productores tenían que formar cooperativas, y un banco del estado fue establecido para dar crédito a ellos.

“Lo que era bueno de ese modelo”, dice Rafael, “es que no fuimos explotados como antes. Trabajamos para nosotros mismos. El problema fue que no sabíamos la mejor ruta adelante.”

Durante las próximas dos décadas, productores como Rafael y sus vecinos se mantenían una vida relativamente estable. Rafael se casó, tuvo cuatro hijos, y trabajaba como productor de subsistencia.

Pero esta situación se cambió en los años 90, cuando un nuevo gobierno declaró que el banco agrario se quebró. De repente muchísimos productores no tenían acceso a crédito.

Un poco después, la esposa de Rafael se murió cuando dio la luz a su quinto hijo.

“Mi situación fue muy complicado en este momento”, dice Rafael. “Fui viudo, solo con mis cinco hijos. Y nosotros, los productores pequeños, nos sentíamos abandonados por el estado.”

Durante unos años, Rafael y sus vecinos alquilaron su tierra a una gran compañía de fruta.

“Pero no queríamos alquilar nuestra tierra a otros”, dice. “Queríamos trabajarla nosotros mismos.”

Rafael y sus compañeros

Una ONG local ofreció crédito a Rafael y sus vecinos para empezar a producir y comercializar productos tradicionales como maíz y camote.

“Vendíamos nuestra cosecha y ganábamos bastante para pagar la deuda, pero no más”, dice Rafael. “No era rentable. Fue un tiempo pesado para nosotros.”

[Caption: Rafael (el segundo desde el derecho) y los otros fundadores de su asociación de productores pequeños de banana exploran el sitio donde pronto van a construir un nuevo almacén y una nueva oficina con los ingresos de sus ventas de comercio justo.]

Luego, hace diez años más o menos, un sacerdote español, Padre Domingo, llegó. Padre Domingo había trabajado con otros pequeños productores en la región, y había visto el efecto positivo de la cultivación de banana. Les sugirió a Rafael y sus vecinos que intenten a cultivar banana, y les dio crédito para empezar.

“Con ese crédito, sembramos nuestros primero árboles de banano”, dice Rafael. “Pero todavía era duro al comienzo. Empezamos a vender nuestro producto en el mercado nacional, pero los precios eran muy bajos y volubles.”

Cuando Rafael y sus vecinos se unieron con Fairtrasa, en 2012, empezaron a realizar su potencial, dice él.

El equipo de Fairtrasa los ayudó inmediatamente a construir una empacadora para su banana, para que la asociación podría eventualmente exportar su propio producto. Fairtrasa también los ayudó a empezar los procesos de certificación Fairtrade y Orgánico, y les dio capacitación técnica en la cultivación orgánica y la optimización de sus cosechas.

Rafael y sus compañeros en el sitio donde van a construir una oficina y un almacén

“Antes de comprar de nosotros, ya nos estaba apoyando con la empacadora. Y el cambio fue grande. Nuestros ingresos han sidos mucho mejores, y nos pagan con regularidad.”

“Rafael explica que una de las ventaja de la producción de banana es que hay una nueva cosecha cada 15 días todo el año, así que los productores deben ser pagados dos veces por mes. Pero Fairtrasa fue la primera empresa que les pagó a Rafael y sus vecinos con regularidad.”

Y los precios no tenían precedente, dice.

“Estoy ganando diez veces lo que ganaba antes, por mes, y las cosas deben mejorarse más aún.”

Rafael se casó de nuevo, y ya tiene nietos. Dice que está muy contento y optimista sobre la manera en que la vida y el comercio se están cambiando para todos.

“Mi situación personal se ha cambiado. Arreglé mi casa. Las cosas están muy buenas. Ha cambiado mucho la situación. Y no solo para mí, pero todos mis compañeros.”

La asociación ya tiene mucho a hacer, dice Rafael, pero ve un buen futuro.

“Gracias a dios, está pasando. Las cosas se están mejorando. Empezamos con 7 productores, y ahora somo más de 80. Tenemos la alegría y la satisfacción de saber que nuestra fruta va a mercados internacionales. Pero quiero seguir luchando para que las cosas mejoran más.”