“Si lo vives una vez, no te lo pierdes más” : Review de Woodstaco 2016 por Fanear

“Hey, no puedes entrar eso”. “Amigo, bájate de ahí”. “Jajajaja, parece estúpido bailando así”. Estas son típicas frases que uno escucha cuando va a un concierto o tocata cualquiera. En Woodstaco puedes olvidarte de eso.

Unas cinco mil personas estuvieron en uno de los festivales más lindos de Chile, hecho con verdadero amor y que comenzó como un simple carrete, que luego de ocho versiones cuenta con un público fiel que sigue yendo cada año. Porque como dicen muchos, vas una vez y no dejas de ir.

Con carpas por todos lados, ir a uno de los cuatro escenarios era un verdadero viaje por senderos y pasillos de árboles que daban una sensación de tranquilidad y armonía. A las orillas del río El Manzano estaba el escenario Blesstaco, decorado con psicodélicas telas tensadas entre las malezas y un árbol en medio (sí, un árbol en medio del escenario). Como dijo un integrante de Akinetón Retard, “me encanta esta hueá”. No se pudo elegir mejor banda para abrir las presentaciones del escenario psicodélico que Adelaida, con un potente show y el carisma de su vocalista Jurel Sónico, gran parte del último disco “Madre Culebra” se escuchó con una calidad tremenda, tónica que ya nos adelantaba lo lindo que iba a sonar cada escenario de Woodstaco.

Adelaida (Foto: Fanear)

Todos tenemos nuestro favorito después de asistir a un festival y no somos la excepción: En el escenario Rock, Engranaje voló la cabeza de todos con su show. La potencia del bajo conducido por “Bambino” Arancibia, la cruda batería de Samuel y la guitarra afilada de Nicolás Meza nos demuestra por qué la banda se está armando a pasos agigantados un nombre en la movida del rock nacional con presentaciones en todo Chile y críticas espectaculares de su último trabajo “Luciérnagas del Sol”. El show fue aprovechado para grabar un DVD que seguramente demostrará de qué están hechos.

Engranaje (Foto: Fanear)

De vuelta a Blesstaco, Cola de Zorro seguía con las presentaciones donde el buen sonido era el protagonista, sobre todo cuando se trataba de fusión y progresivo. La banda oriunda de Valparaíso dejó en trance a los presentes con su rock experimental instrumental, exponiendo la variedad de sonidos de su último trabajo “Khaikha” (2015). Continuando en el escenario rock, para nosotros fue una gran revelación Wild Parade. Con un sonido crudo y vintage hacía recordar a ratos los mejores años de Metallica, paseándose por sonidos del metal, stoner y rock clásico. Una presentación sencilla pero poderosa. El cambio radical vino de inmediato con Dhármico, pero como fue la tónica del festival, el respeto se impuso ante todo. Una presentación que te podía llevar a otra dimensión si cerrabas los ojos, y si los mantenías abiertos, también; un show de luces (liquid light show) digno de los años 70’s utilizando solamente un foco y líquido para un efecto psicodélico al fondo del baterista.

La Blues Willis (Foto: Sonidos Ocultos)

Nuestro sábado lo comenzaron los amigos de La Blues Willis que con sólo una guitarra de palo, un pandero en el pie y una armónica, levantaron al público que trataba de aguantar la caña de la noche anterior. El público se refugiaba en la sombra hasta que simultáneamente comenzó la música y se prendieron los regadores, así saltaron todos al frente a disfrutar del show y refrescarse con agua. El blues inundó el escenario rock con una presentación intensiva en canciones de su primer disco “Blues Quilpueíno Ariqueño”. “¡Esto es La Blues!”, “¡La Blues Willis carajo!” eran gritos que se repetían entre los “willibers”, seguidores acérrimos del dúo. Pasó la tarde, nos dimos vuelta por casi todo el lugar, una alimentación sana con leche (sí, cómo no) y llegó el turno de Aguaturbia que iba por su segunda patita del día luego de haberse presentado hace sólo un par de horas en el festival En Órbita. Acompañados por “Bambino” de Engranaje en el bajo y con Angelo Pierattini como invitado especial, realizaron un show memorable, con uno de los marcos de público más grande del festival y con Denise visiblemente emocionada recordando con nostalgia los años setenta.

Aguaturbia (Foto: Sonidos Ocultos)

Los Peores de Chile pusieron el punk rock experimentado, con el siempre querido mosh y bengalas que peligrosa, pero eficazmente entusiasmaban mucho más al público para corear canciones como “Boogie Woogie” y “La Chicholina”. Mientras tanto, Mono de Troya hacia bailar el escenario Enjambre con su funk y R&B que por momentos hacía recordar a Jamiroquai. Canciones sensuales y con alusiones a la querida marihuana mantuvieron de pie a las casi 200 personas que veían a la banda esparcidas por el gigantesco campo.

Los Peores de Chile (Foto: Sonidos Ocultos)

Simultáneamente en Blesstaco, Vago Sagrado presentaba una propuesta interesante, paseándose entre el rock sicodélico, el stoner y con voces variadas de los integrantes (cantos, diálogos y partes en inglés). El show coincidió con una hermosa performance artística y con un padre que jugaba con su hijo prácticamente encima del escenario. Bien por ellos, pero lamentablemente estas intervenciones distrajeron al público y perjudicaron el show de los vagos. A continuación el rock progresivo instrumental y medio jazzero de Nébula servía de preámbulo para uno de los platos fuertes. Pero los porteños no se contentaban con ser una “entrada”; con largas y sublimes ejecuciones se ganaron al público que se llevó una grata sorpresa. Tras la consolidación de Nébula vendría lo más esperado del Blesstaco: Akinetón Retard, con chalecos reflectantes y un sonido que supo aguantar la fusión de jazz, rock y psicodelia. Un show que se alargó 15 minutos más a pedido del público y que representó la experiencia que llevan en la espalda desde mitad de los 90’s, con la gran cantidad de presentaciones que han hecho a lo largo de su historia.

Akinetón Retard (Sonidos Ocultos)

En esta ocasión, la frase “lo mejor para el final” viene de cajón: Los que se llevaron todos nuestros respetos fueron Zorbas Crisol, que cerraron el escenario Blesstaco. Un show sin pifia alguna, con el mejor sonido que pudo tener. Los enmascarados tocaron prácticamente de memoria, presentando parte de su último álbum llamado “Criollo” y que dejó con ganas de más a muchos de los que presenciamos las excelentes ejecuciones del saxofón y los golpes a las cuerdas del bajo que te hacían retumbar la sien. Para finalizar, la fiesta se calentó con sus últimos dos minutos donde se generó un mosh en un espacio de no más de 2x2 y los cabezazos al aire no se hicieron esperar. Sin duda el mejor broche que pudo tener un escenario tan sólido a nivel de bandas y sonido como fue el Blesstaco.

El domingo ya todos comenzaban a darse cuenta de que se venía el triste adiós. Gente desarmando sus carpas y trasladando sus bolsos hacia los estacionamientos nos recordaban que había que volver a la realidad. Y así lo entiende la organización también, que no programó platos fuertes ese día. La música de las últimas bandas sirvió de banda sonora para la despedida, las últimas chelas, el último choclo caliente y el último chapuzón en el refrescante río El Manzano. De nuestros últimos paseos por los escenarios destacamos la presentación de Verónica Soffia y Los Singulares en el escenario Enjambre. La propuesta que se podría definir como pop jazz latino se cargaba del carisma de Verónica, lleno de energía positiva. Canciones que perfectamente podrían estar pegando en la radio o en bandas sonoras televisivas, con un sonido fácil de digerir y que podría gustar a cualquier tipo de público.

(Foto: Sonidos Ocultos)

En definitiva, todos los escenarios sonaron bien, con una calidad impresionante para un festival que es completamente autogestionado. La ambientación de los senderos y “La Plaza” te hacía creer que caminabas en una aldea en la edad media. El respeto prácticamente se respiraba, donde nadie te decía nada, nadie te reprochaba o te miraba raro. Era todo totalmente espontáneo y solidario. Los stands de comidas, las actividades para pintar mandalas, serigrafía, el skatepark, y lo amable de la gente generaba esa sensación de familiaridad, y no te daban ganas de volver a la triste realidad y rutina de todos los días.

Algunos dirán “puros elogios, pasa algo raro”, pero es casi imposible encontrar algo malo ante un festival que está hecho con dedicación, preocupación y sobre todo, con amor. Woodstaco logra su cometido de crear una atmósfera de paz y amor, y esperamos que así siga en la próxima versión, que ya estamos preparando las chalas para tirarnos al río y buscando el bloqueador para las quemaduras. Si lo vives una vez, no te lo pierdes más.

Agradecemos a nuestros hermanos de SonidosOcultos.com por facilitarnos sus fotos. Te invitamos a ver la galería completa con casi 500 fotos aquí.

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