5 lecciones que he aprendido en 10 meses de CrossFit


Tras una vida libre de deporte mi estado físico era lamentable: correr 300 metros estaba fuera de mi alcance y doblar las sábanas hacía que se me cansaran los brazos. Aunque no le daba mayor importancia sentía que necesitaba hacer algo.

Esta es la historia de lo que he sentido en estos meses. Aquí no leeréis nada sobre entrenamientos o ejercicios, porque lo realmente importante es lo que he aprendido sobre mí mismo.


Si alguien espera leer la historia de cómo tras 10 meses de entrenamiento di un giro completo a mi vida para convertirme en un (musculado) campeón internacional puede dejar de leer ya.

Sí, han pasado unos 10 meses desde el primer día que pisé el Soho Studio Training y sí, he entrenado lo más duro que he podido: pero esta no es la historia de una transformación milagrosa, ni la de un campeón. Es la historia de una persona normal que se enfrenta a sus limitaciones día a día.

El mundo está lleno de historias heroicas: no sé si sirven para que nos animemos o para que nos frustremos con falsas expectativas. La mayoría de las personas no se convierten en emprendedores de éxito tras una carrera mediocre, ni se transforman en deportistas de élite tras años de sofá. La mayoría tienen (tenemos) que sudar mucho para conseguir resultados modestos.

Así que hoy voy a ser vuestro héroe anónimo. Esta no es la historia de ningún milagro, no. Pero creo que he aprendido lecciones valiosas.

5 lecciones (ahorraos el “juego de palabras” con el cinco, por favor) que he aprendido en 10 meses de CrossFit: vamos, una cada dos meses.

Nota: Si no sabes lo que es CrossFit, aquí va una magnífica explicación. En realidad, no hace falta para entender el post, pero ayuda.

El primer escollo no tardará en aparecer

Mi primera clase pasó sin pena ni gloria. Mi estado era tan lamentable que en realidad no pude hacer demasiado. Pero en mi segunda clase me rompí, de forma un tanto ridícula (en el calentamiento, jugando con una pelota) el meñique del pie izquierdo. Suena a poca cosa, pero es incómodo, duele y, sobre todo, hace que te sientas ridículo.

Coño, es tu segunda clase y ya te has lesionado. Calentando. Vas al trabajo y lo cuentas: sientes las miradas, sientes la condescendencia. No deberías estar haciendo eso. Deberías estar jugando a la consola o leyendo: este no es tu mundo. La tentación de dejarlo puede aparecer. Deja que pase a través de ti, asúmelo y simplemente ríe.

Ríe y vuelve cuando puedas andar.

Lección 1: ríete de ti mismo y todo será más fácil.

Las comparaciones pueden doler

Parece que compararse es tabú. Pero es inevitable. Lo que pasa, es que somos bastante malos evaluando nuestro rendimiento. Es como con el atractivo físico: “sí, soy del montón”.

Maravilloso ese recurso genérico que te deja en algún lugar indeterminado cerca de la media en una distribución normal.

Gráficamente sería algo así:

Imagen: Wikipedia. Los añadidos corren de mi cuenta

Lo que pasa es que tendemos a considerarnos o buenos o, como mínimo, en la media. Y sí, la mayoría de la gente está en la media, pero unos están (o estamos) más desviados que otros. A veces, por el lado de abajo.

Curiosamente he detectado en muchas conversaciones que poca gente se considera por debajo de la media. Como si estar en la media fuera el mínimo, el punto de partida. Algo así:

Igualmente, la imagen es de Wikipedia. Los añadidos son míos.

Y rara vez he conocido a nadie que se crea que está muy por debajo de la media:

Igualmente, la imagen es de Wikipedia. Los añadidos son míos.

Estar por debajo de la media es algo que hay que aprender a superar. Si nunca has hecho deporte y empiezas de cero, es muy, muy probable que vayas a estar (muy) por debajo de la media.

Es posible que seas el peor.

¿Os elegían los últimos cuando se formaban los equipos de fútbol en el recreo? Si estás asintiendo mientras sonríes no hay problema, ya estás acostumbrado.

Si no, no le des mayor importancia: sé tu propia medida de mejora.

Cuando salgo de una clase, reventado, con una técnica que sigue siendo regulera y con unos resultados que todavía son mediocres, miro unos meses atrás yme digo: “ey, hace 5 meses no podías hacer esto. Ya mejorarás”. El peligro de volverse laxo con uno mismo está ahí, pero es bastante más pequeño que el del desánimo. Infinitamente más pequeño que el de rendirse.

Si tengo que elegir, prefiero seguir avanzando despacio a permanecer quieto. Lo que más puede paralizar es la frustración de ser el peor y de no ver avance alguno.

Pero recordemos a Hemingway:

There is nothing noble in being superior to your fellow man; true nobility is being superior to your former self.
Lección 2: no te centres en la comparación con los demás. Sólo tienes que vencerte a ti mismo. Cada día.

Y sí, la frase es la que sale al final de Kingsman.

Muchos días te marcharás frustrado

Nos hacemos blandos. Buscamos gratificación instantánea, hacer lo que se nos da bien y pasar a otra cosa. Hacer algo que se nos da mal, que nos cuesta, donde estamos entre los peores y donde el avance es lento es la única forma de hacerse más fuerte. Más fuerte físicamente, sí, pero con mayor voluntad también.

Porque la voluntad es lo que nos hace resistir. Porque el premio no suele estar a la vuelta de la esquina.

Porque hay que saber soportar el dolor.

Creo que esta es la lección más difícil de todas. Sobre todo por los vaivenes emocionales.

Al principio la evolución se parece a esto (obviando el tema del dedo roto, claro):

Pero… Si algo tiene el CrossFit es que es muy variado. La curva de aprendizaje es pronunciada. Puede que un día salgas pletórico de un entrenamiento, sintiéndote el amo del mundo, casi un campeón… Y al día siguiente seas completamente incapaz de hacer la mitad de los ejercicios.

Y es entonces cuando te das cuenta de que la curva de aprendizaje se parece en realidad a esto:

Sí, estaba en la fase 1, emocionado con una mejora que no era para tanto. Era un paraíso: cada día, más fuerte. Cada día, mejor (al menos en mi cabeza).

Pero luego llegó la fase 2…

El valle de la locura y la depresión se llama así por algo. Entrenas, pero tienes la sensación de que cada día lo haces peor. Y no dejas de soñar con una fase 3 que nunca llega…

Lección 3: aprieta los dientes y continúa. Supera la frustración.

A nadie le gusta oír que tiene límites

Pero los tenemos. Otra cosa es que podamos superarlos, pero tienes que saber que existen. Si lo ignoras, te lesionarás. Y te frustarás más. Pero los límites no son algo fijo, son algo que puedes ir doblegando.

Cuando te intentan convencer de que cojas menos peso o de que mejores la técnica es por algo. A todos nos cuesta aceptar el feedback “negativo” (o no tan positivo) y ser conscientes de que no estamos preparados para hacer algo.

No hay que dejar que esto nos pare, pero tenemos que ser conscientes de la realidad.

En la Farinato Race fui más consciente que nunca de mis límites. Pero en varias ocasiones hice cosas de las que no me creía capaz. Sí, llegué el último.

¿Y qué?

Lección 4: sé realista y conoce tus limitaciones. Después, rómpelas.

Sueña y disfruta

A veces veo un vídeo de Matt Fraser y me digo: puedo ser como él.

Luego vuelvo al punto 4, recuerdo lo que sufro en “El Valle de la Locura y la Depresión” y pienso que no tiene ningún sentido. Es entonces cuando vuelvo a pensar que lo importante es mejorar cada día y superar los escollos. Y así cada día.

Lección 5: mantén vivas tus locuras. Sueña y disfruta

Agradecimientos

En este “viaje” (dicho así en plan grandilocuente) tengo que agradecer especialmente a Cris y Sara su paciencia en los entrenamientos. Las clases son variadas y hay distintos niveles, pero contar conmigo tiene que complicar los entrenamientos.

También he conocido a personas impresionantes, compañeros de “clase” de los que merece la pena tener al lado. Mención especial para Jorge, más que nada porque tiene blog y es fácil enlazarle, pero también para Javi, Josema, Monti, Norbe, Costa… Incluso al “pequeño” Álvaro o la irreverente Loreto, que han sido una inspiración (bueno, y un “benchmark” que a veces me hundía la moral, c*br*nes)

5 días a la semana en los últimos meses (empecé yendo uno) puede que no me hayan convertido en un caso de éxito ni en un atleta de élite. Pero me han enseñado mucho sobre mí mismo.

Mención especial también para Alba por llevarme la primera vez.

Alfredo también se merece una línea, gracias a él empecé a ir a nadar y “retomé” (vamos, que empecé) el contacto con el deporte.

Y sin olvidar el blog que estuve leyendo constantemente antes de empezar, Fitness Revolucionario. Toda una inspiración.

He aprendido a aceptarme como soy, pero sin renunciar a mejorar. A no sufrir por ser el peor. A ignorar (algunos de) los consejos de la gente.

Pero sobre todo a tolerar la frustración y a no rendirme a la primera.

A soñar a lo grande pero a actuar en pequeño.

Porque esa es la lección más importante: ser capaz de mantener vivos los sueños más absurdos de grandeza mientras peleas en el barro cada día.