Mi primer libro: “A nadie le interesan tus anuncios”

Un manifiesto contra la publicidad de interrupción

Este post es parte de una serie sobre cómo escribí mi primer libro “A nadie le interesan tus anuncios”. En el primer post (este) cuento cómo fue el proceso de escribirlo, en el segundo hablo del propio libro y en el tercero, del proceso de edición y autopublicación.

Aquí cuento qué se me pasó por la cabeza mientras escribía, cómo superé mis miedos y cómo conseguí terminar (reconozco que tuve muchas dudas de si sería capaz). Como no quiero ser pesado, los enlaces al libro están al final, no he colocado call to action a descarga cada dos líneas ;)

Cada año me pongo unos cuantos objetivos en navidades. A veces hago un proceso serio de reflexión, un brainstorming y a veces hasta un plan estratégico con alguna matriz. Da igual, sistemáticamente incumplo mis objetivos. Este año me propuse tres cosas “sencillas” y una de ellas era escribir un libro. Le dediqué como 15 minutos a pensar en qué quería hacer este año que se saliera de lo normal y escribir un libro fue una de ellas.

Como suele pasar, había superado ya el ecuador del año y no había escrito ni una página. Un día, hablando con Borja Moya de PrivateId, me propuso un reto: “vamos a escribir un libro. En un mes”. Flipé un poco, pero viendo las fechas me dije: “ahora o nunca”. El 17 de julio quedó marcado en mi calendario. Tenía 4 semanas. Trabajando a tiempo completo eso significaba 4 fines de semana y algunas horas perdidas en días de diario.

¿Demasiado duro? ¿Posible? ¿Imposible?


El proceso de escribir

No soy escritor. Aunque llevo años (unos 10 ahora mismo) escribiendo de forma relativamente regular en blogs y publicaciones especializadas y siempre me gustó “eso de escribir”, nunca me había atrevido con algo de más de 4.000 palabras. Creo que mis récords están en el post de Pokémon Go y la Transformación Digital de Nintendo y la guía de WeChat.

Supuse que escribir un libro breve, de unas 15 o 20.000 palabras no sería mucho más difícil. Pero hay una gran diferencia: 4000 palabras es algo que puedes escribir de una sentada. Te puedes levantar con una idea, analizarla, plantear una estructura, rellenarla, cambiarla. Todo en un mismo día. Intenso, pero un día.

“Esto me lo quito en tres o cuatro tardes”, pensé. Por supuesto, me equivoqué: no tiene nada que ver.

Escribir las 15.000 palabras del Permission Marketing de Seth Godin o las menos de 10.000 de ¿Quién se ha llevado mi queso? (quizá el libro de negocios más leído de la historia) no tiene nada que ver con encadenar varios artículos.

Exige un hilo. Un discurso.

Y muchas narices.

No tiene nada que ver con el número de palabras o páginas.

Tiene que ver con la convicción. Con tus creencias.

Con tus valores.

Porque tienes que estar muy convencido de lo que dices, creer en ello. Investigar y analizar durante horas antes de empezar a escribir.

La estructura lo es todo, pero creo que la definí demasiado pronto

Empecé mi reto planificando la estructura.

Supongo, claro, que dependerá mucho de lo que quieras contar, pero en un libro que pretende analizar la realidad, la parte de documentación y análisis es tan importante como cualquier otra.

Lo complicado es hacer que la realidad encaje en una estructura narrativa. Aquí creo que podría haber mejorado el libro, pero preferí ser más objetivo y menos narrativo.

Por si a alguien le interesa, aquí está el mapa mental (hecho con Xmind) de las primeras versiones. Son notas muy en bruto, que me sirvieron para organizar la escritura y mis ideas.

Notas iniciales del libro. Me hace mucha gracia mirarlas ahora, sobre todo con ese título provisional.

Si algo me lastró en el proceso de escritura fue el mezclar mucho las partes de análisis con las de escritura. Estaba constantemente leyendo, analizando, escribiendo, analizando de nuevo, reescribiendo. Y buscando cómo encajar lo que escribía en una estructura ya existente.

Si volviera atrás creo que simplemente pensaría en el tema y le dedicaría tiempo a analizarlo, creando la estructura sobre la marcha. Para la próxima ;)

Los miedos y los bloqueos

Algunas preguntas que tuve ignorar mientras escribía: ¿No hay ya suficientes libros en el mundo?¿Qué pinto yo haciendo estas cosas? ¿No debería quedarme tranquilo y dejar de hacer tonterías?

El primer fin de semana, cuando tomé la decisión, todo parecía maravilloso y fácil. El segundo, cuando hice la estructura en el mapa mental y pensé en qué quería contar, también.

Pero cuando empecé a teclear… La cosa cambió. Pasar 4 horas delante del ordenador para escribir media página da mucha lástima. Sentirte un fraude absoluto mientras escribes, es duro.

Creo que llegué al límite cuando me pasé el fin de semana de las fiestas del orgullo encerrado en la habitación, escribiendo, mientras oía a la gente de fiesta a través de la ventana. ¿Qué narices estoy haciendo con mi vida?

Es fácil tener ganas de tirar la toalla. Más de lo que uno cree.

Pero lo cierto es que si te quedas delante del ordenador, al final algo sale. Puede que al día siguiente lo tengas que borrar, pero es mejor escribir una mierda que tumbarse en la cama a maldecir que “no se te ocurre nada”.

Siempre habrá un momento “ajá” que haga que el esfuerzo merezca la pena.

En mi caso, cuando el tercer fin de semana estaba a punto de tirar la toalla, justo antes de irme a dormir escribí la introducción del libro. Una introducción que al final ni siquiera utilicé, pero que me hizo sentir capaz de escribir el libro.

Ponerse una fecha con compromiso público ayuda a comprometerse

Llegó el 17 de julio y, como era de esperar, el libro no estaba listo. Había roto muchos bloqueos, estaba encaminado, pero simplemente, el plazo no era realista. Elegí uno nuevo, me di otras 3 semanas y esta vez me comprometí en público.

Esta vez tenía más presión. Volver a repetir, delante de unas cuantas decenas o centenas de personas, que “había vuelto a fallar” no era algo asumible.

¿Importa el software? Para mí, sí. Y mucho.

Hay gente que puede escribir en Word o en cualquier lado. Aunque yo también, reconozco que con el tiempo me he hecho cada vez más exquisito.

Ulysses, una app que uso desde hace casi un año a través de SetApp (aquí una explicación de qué es y aquí mi enlace, que me regalan un mes si lo usáis) es el único sitio que me permite concentrarme realmente en lo que escribo.

No exagero si digo que me ahorró varias horas en la edición y maquetación del libro electrónico (el de papel ya fue otra historia), aunque eso es algo que contaré en la tercera parte de esta serie.

¿Merece la pena?

Pues depende. Creo que si lo analizas como algo puramente económico, no. Hace un par de semanas que publiqué, y salvo que de repente se convierta en un bestseller, las ventas no van a justificar jamás el tiempo que le dediqué.

Pero si tienes algo que contar y sientes que deberías hacerlo… Hazlo, es “fácil”. Bueno, no, es difícil. Muy difícil. Pero puedes. Seguro.

Ahora ya sí, si te interesa, puedes comprar “A Nadie le Interesan tus Anuncios: un manifiesto contra la publicidad de interrupción”. Si te ha gustado, puedes comprar el libro digital en LeanPub o en Amazon (en papel o para Kindle).