Día 9 — ¿Alguien quiere leer mis poemas?

Hoy salí con una persona que conocía en la vida real, pero no lo suficiente como para afirmar que la conocía de conocer. Podía describir su cabello a la perfección, sus ojos, su modo de andar y su manera de vestir; podía incluso aventurarme a inventar su forma de ser. Es bonita por fuera pero no tenía idea que tuviera tanta belleza por dentro.

Y la conocí de conocer gracias a tuiter punto com y a la casualidad de darle follow o no a nadie. Y fue precioso y liberador, caminar con ella por toda la Santa María La Ribera hasta que nuestros piecitos tuiteros nos lo permitieron.

Vi su cabello de cerca y que debajo de los ojos que yo creía conocer, tenía pecas. Tuve la oportunidad de escuchar sus voicenotes de 15 minutos en vivo y realmente a todo color. Estaba nublado, pero había color. Nos contamos nuestras historias horribles de amor.

No quería que rimara, lo juro.

Pero está cotorro que rime.

Está cotorra la super conexión que voy a hacer con Johana y con el título de este post.

¿Alguien quiere leer tus poemas? Nadie quiere leer tus poemas, acaban de contestar Ashauri y Jiseland en Radio UNAM. Sólo los conozco por twitter, pero dadas las circunstancias, de seguro los conozco mejor que si los viera en la vida real.

Nunca he ido a un evento de Nadie quiere leer tus poemas, así que hablo sin ver, pero así como lo plantean es una propuesta interesante literaria, artística y performática. Insisto, sin ver, se trata de una reunión de gente desconocida que igual y se favea cosas, para leer poemas que, según el autor, nadie querría escuchar; ponen música acá chidota profundona mientras lees tus poemitas sin rima de tu celular. Me representa. Y debo aceptar que hace algún tiempo me daba mucha pena que me representara; desde sus poemas que compartían en twitter, hasta sus audios bonitos y extraños de Soundcloud. Pero me representa porque estoy morra; porque me la paso enamorándome de tus tuits, sintiendo bonito con tus favs; poniéndome celosa con tus publicaciones de instagram; sigo borrándote de facebook. Todavía me levanto a las 3 de la mañana para stalkear a la morra con la que sales; mando notas de voz de 13 minutos a mis amigas llorando. Empecé a quitar las palomitas azules por estabilidad mental, cuando en realidad es por miedo. Miedo a ser ignorada en un mundo que gira tan rápido, con la suficiente velocidad para ni siquiera fijarse en mí. Esa es mi generación, la triste que lo tuitea, la que llora en el metro y en sus publicaciones de facebook.

¿Terminaste de leer esto? Bueno, al final alguien quiso leer mi poema.

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