En ellas está…

Todo lo que en mis hermanos de sangre no pude encontrar, aunque busqué; y no los culpo, es que quizás no coincidimos, quizás la edad tiñó de inseguridades muchas preguntas que no me animé a decir en voz alta.

Todo lo que mis padres no me pudieron enseñar, aunque pregunté; y no los culpo, quizás su tiempo siempre fue más reducido, quizás tenían otros problemas y tres hijos más, quizás sus espaldas ya alcanzaron su tamaño máximo para estar yo metiendo otras cuestiones.

Todo lo que en mis novios y parejas (creo yo) intenté proyectar, y no conseguí; y no los culpo, quizás sea el hecho que por ellas ya pasaron varios y que (factor común) las que siempre persisten son las mismas (y no digo que sea imposible permanecer con ambos, estoy en eso) pero quizás ellos no.

Todo lo que mis otras amistades no me pudieron dar; y no las culpo, quizás simplemente ellas dejan la vara muy alta, quizás simplemente con ellas pude ser. Ser auténtica, sin miedos, sin especulaciones, sin oscuridades, transparente, inocente.

Todo lo que en mí, en la adolescencia, no encontré; y no me culpo, es que fui muy introvertida, precavida, insegura, frágil, inconsciente (está bien, acepto que sigo siendo, en menor medida, algunas de esas cosas).

Y no las (nos) culpo por estar en un pedestal, por dejarles tan difícil la entrada a las demás personas; quizás simplemente es difícil “seguirnos” el ritmo.

Gracias a ellas se que puedo estar sin cualquiera de éstas.
Pero las elijo, nunca voy a decir “las necesito” de nuevo, siempre, siempre va a ser un “las elijo” todos los días, a cada hora decido compartir mi vida (que, ¡carajo, es mi única vida!)con ellas.

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