Lo había visto de reojo, cara de muñeco (eso no implica que sea atractivo, es una descripción lo más cercana a la objetividad), ojos azules, la nariz como otra línea recta de su cara cuadrada. OK, cara de Ken. Güero y muy, muy fuerte, con una T-shirt pegadísima negra. Movimientos cuadrados y flexibles. El calentamiento fue largo, abdomen, grand écart, saltos, brazos y piernas dobladas y desdobladas. Hora de ponerse en pareja según el nivel. “Trois?”, “oui”. No sabía decir la “r” francesa, ¿ruso? Primera actividad: uno en los hombros del otro y caminar sin sostenerse de las manos. Sus hombros, mi suelo. Yo muy divertida allá arriba, él muy concentrado allá abajo. Contrepoids, mi pie en su cuello, abdominales en sintonía, yo arriba, él abajo, fesses, fesses, leve tes fesses. Pararme de manos, rodillas en sus hombros, los pies me los agarra otro, y yo desde abajo le tomo los pies a ese otro que queda en el aire y somos tres en un bloque asimétrico de cabezas y piernas. Aplausos del grupo. No me puedo regresar con la parada de manos porque él me agarra de las rodillas, me desliza por su pecho y me deja frente a él en un movimiento simple: soy un trapo sin peso. ¿Él? Sonríe hasta el final, hasta que mis pies tocan el último punto de gravedad para calificar el rendimiento. “C’était pas mal”.

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