Cuidado: malas traducciones pueden dañar severamente su negocio

La noche del viernes 9 de junio de 2017, Claudia llegó a la conclusión de que esa semana había sido una de las peores de toda su carrera laboral.

Analicemos el contexto. Como manager del área de nuevos negocios de una multinacional del sector industrial, Claudia está permanentemente en contacto con colegas y superiores de la sede ubicada en Boston.

Una de sus funciones es elaborar reportes sobre los resultados de la apertura de nuevos canales comerciales en Argentina, que deben ser traducidos y enviados a sus compañeros de Estados Unidos para su correspondiente revisión. A partir de lo expresado en dichos informes, la casa central toma nuevas decisiones.

¿Qué sucedió? Normalmente, ella utilizaba los servicios de una agencia de traducción especializada. Se trataba de una tarea que no le traía mayores problemas.

Pero el lunes 5 de junio, presa del apuro y de la necesidad de desembarazarse rápidamente de una tarea que consideraba como mecánica, Claudia tomó la decisión de saltear a la agencia. Su energía estaba puesta en preparar una presentación sobre otros temas.

Acudió a los “servicios” de una compañera de trabajo que, según se sabía, dominaba muy bien el inglés y prometió hacer la traducción “en un par de horas”. Sin saberlo, Claudia estaba metiéndose en un grave aprieto.

El resultado parecía muy bueno. Se chequeó con Google Translate e incluso con Grammarly, y se despachó.

Pero en el final del texto, una frase erróneamente traducida, daba al cierre del documento un sentido totalmente opuesto al designado en primer término. Afortunadamente, alguien notó la falla hacia la tarde del miércoles, justo antes de que se autorizaran una serie de acciones comerciales que hubiesen sido catastróficas para la compañía.

No vamos a entrar en detalles, pero Claudia se pasó todo el jueves y viernes teniendo que dar incontables explicaciones a sus colegas de Argentina y Estados Unidos, pidiendo disculpas y tratando de arreglar una situación que podría haberle costado cientos de miles de dólares a la empresa (además de su puesto).

Fue una pesadilla que pudo haberse evitado.

No se trata de un juego

Aunque a algunos les cueste creerlo, un texto mal traducido puede tener consecuencias desafortunadas e incluso dañar la imagen de una empresa.

Es más grave todavía si se trata de una startup, que no tiene trayectoria o espalda para recuperarse de un malentendido provocado por una traducción deficiente.

Hay rubros o escenarios de trabajo donde directamente no hay lugar para la confusión. Un error en un documento legal (como un contrato, por ejemplo) puede acarrear pérdidas financieras enormes.

¿Y en el caso de la medicina? Bueno, el terreno no se hace más fácil de transitar. Imprecisiones en traducciones médicas pueden derivar en resultados de altísima gravedad (inclusive en la muerte de un paciente en estado delicado).

Es conocido: errores de ortografía o uso de signos incorrectos han afectado negativamente prospectos de medicamentos o manual de uso de dispositivos o equipos médicos.

¿Cómo evitarlo?

La respuesta es sencilla: recurra a una empresa de traducción. Siempre es tentador acudir a alguien que está más a mano y que puede ayudarnos porque “se maneja” bastante bien con algunas herramientas o habilidades, pero (en todos los rubros existentes) los especialistas existen por una razón.

Nuestra actividad no consiste solamente en el acto de pasar del español al inglés, por ejemplo. Un trabajo correcto de traducción implica tener en cuenta elementos o aspectos culturales del idioma de destino.

– Se adapta el texto a los modismos de otro país o región
 — Se cambian referencias de moneda y cifras, grados Celsius por Fahrenheit, talles de prendas, etcétera.

Sigamos. Un traductor avezado está atento a cada detalle, como los denominados “falsos amigos”. ¿De qué se trata? Son palabras que en distintos idiomas se escriben de manera similar, pero tienen significados totalmente diferentes.


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