Demasiado deprisa

Tarde de martes gris y ventosa, en la línea de los últimos días en Salamanca. Caminaba hacia la Facultad de Comunicación, pero una voz casi inaudible, estando muy cerca de la Facultad de Derecho, captó mi atención. “¿Está en verde?” Un anciano de pequeña estatura, con gafas de ver y boina, caminaba con paso corto y lento hacia el paso de cebra con una bolsa blanca que colgaba de una de sus manos. “Veo a la gente pasar y supongo que está en verde, pero como no veo bien te pregunto”. Es un paso de cebra muy corto y en ocasiones, por la no circulación de vehículos aun estando en rojo para el paso de peatones, se cruza -servidor incluido-. Le dije al hombre que yo le avisaba cuando pudiera pasar. Se puso en verde y se lo comenté, agradeciéndome el gesto. Continuó su camino y se sentó en el banco de la marquesina para esperar el autobús. Por un momento volví al pasado, recordando cuando los mayores me decían que me dejara de aventuras y esperara a que se pusiera el señor de color rojo en verde, aunque no entendía porque ese señor inerte tenía más importancia que yo. Pasan los años y uno sigue con aquel instinto de pasar cuando no debe, haciendo locuras, buscando adrenalina, pero este momento, de apenas unos segundos, te recuerda que esas personas que te recomendaban no pasar necesitan ahora tú ayuda, haciéndote ver que merece la pena tomarse la vida con más calma.

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