Ley de prepagas y Salud Mental
En este preciso momento dos de cada 10 lectores padecen un trastorno depresivo, dos más un trastorno de ansiedad y al menos uno tiene un trastorno psicótico, bipolar o de personalidad. Los trastornos mentales influyen a menudo en otras enfermedades tales como el cáncer, las cardiovasculares o la infección por VIH/sida, y se ven influídos a su vez por ellas, por lo que se retroalimentan en un círculo vicioso que es necesario romper y que constituyen además un incremento notable de los costos de los servicios de atención de salud.
Se estima que tomados en su conjunto, los trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias representan un 13% de la carga mundial de morbilidad, calculándose que las pérdidas económicas acumuladas entre 2011 y 2030, ascenderán a US$ 16 billones
En Ecuador, el problema ha venido creciendo, así según el INEC en 2014 se registraron 7.856 hospitalizaciones por temas de trastornos mentales, siendo conservadores supondríamos al menos un número similar en 2015. En este último año adicionalmente se realizaron 115,5 mil atenciones especializadas en centros de recuperación de adicciones y de rehabilitación, mismos que fueron construidos para el efecto. Una gran inversión por parte del gobierno ecuatoriano, especialmente en ciudades como Guayaquil y Quito, donde se concentró el 38,4% y 12,6% de atenciones; respectivamente.
A pesar de los importantes esfuerzos realizados por el Estado, gran parte de los pacientes con trastornos de salud mental, sobre todo lo que tienen acceso a medicina prepagada o seguros de salud, se queda sin cobertura debido a que la mayoría de estos servicios no atiende los transtornos definidos como psiquiátricos, esto sin contar con que el gasto de bolsillo en psicofármacos está entre los más altos en relación a otros tipos de medicamentos.
El proyecto de Ley Orgánica que regulará a las compañías que financien servicios de atención médica prepagada y seguros de asistencia médica, en debate actualmente en la Asamblea, podría ser una brillante oportunidad para mejorar el acceso a servicio de salud por parte estos grupos de pacientes tradicionalmente olvidados.
El primer paso es generar cambios en la definición de cobertura de enfermedades preexistentes posibles de financiar por parte de estas instancias, garantizando la oferta de asistencia a patologías como depresión, ansiedad, esquizofrenia, trastornos de la personalidad o adicciones sin que ellas sean consideradas pre-existencias o se desconozca su origen biológico u orgánico.
El tratamiento adecuado y temprano de un paciente con problemas de salud mental, incrementa de manera significativa la insersion social y laboral, mejora las relaciones familiares y disminuye las discapacidades secundarias a este tipo de enfermedades.
Los legisladores deberán asumir su responsabilidad con sus votantes, al recordar que mientras menos restricciones de acceso al tratamiento existan, tendremos una población con mayor capacidad de insertarse en el sector productivo y sobre una mucho mejor calidad de vida.
Se cuenta que en el siglo XVIII el psiquiatra francés Philippe Pinel, rompió las cadenas de aquellos pacientes cuyo tratamiento se creía era el encierro, hoy en pleno siglo XXI, nos corresponde romper las barreras que tienen los pacientes psquiátricos a un tratamiento integral.