Documento promocional de LéaLA 2015. Imagen de la página web.

LéaLA, Garcetti y la relevancia del español

La feria del libro en español LéaLA, la más grande de cuantas se celebran en este idioma en Estados Unidos, inauguró su cuarta edición en Los Ángeles con una ausencia notable, la del alcalde de esta urbe californiana, Eric Garcetti, quien declinó la invitación al protocolario acto de apertura por razones que la organización del evento dijo desconocer.

No hay duda de que Garcetti es un hombre ocupado y que su agenda le impide estar en todas partes, como seguramente le gustaría, pero no deja de resultar llamativo que LéaLA no sea una máxima prioridad para el mandatario que esa misma mañana sí tuvo tiempo para dar un discurso en el centro privado de educación superior Whittier College donde, curiosamente en este día tan literario, fue nombrado poeta honorífico.

En el momento en el que Garcetti levantaba sonriente su diploma, unos 700 niños de escuelas públicas angelinas hacían fila frente a las escalinatas del Centro de Convenciones de Los Ángeles donde les esperaba una jornada de actividades culturales en español, un idioma que se habla en el 43% de los hogares de L.A., según datos del censo de 2013.

En representación del alcalde acudió su jefa de gabinete, Ana Guerrero, que tuvo un papel puramente testimonial en la ceremonia de apertura, ni siquiera tomó el micrófono para excusar a Garcetti como cortesmente se suele hacer en estos casos, aunque quizá eso se escapara de su control.


La baja del alcalde fue una decepción para los responsables de la feria -algo que pude constatar- pero eso no debería sorprender a nadie. Su predecesor, el latino Antonio Villaraigosa, fue un habitual en las ediciones anteriores. En esta ocasión, la principal figura política en el evento fue la exsecretaria de Trabajo de EE.UU. Hilda Solís, actualmente supervisora del primer distrito del condado de Los Ángeles, hija de padre mexicano y madre nicaragüense.

Acto de inauguración de LéaLA 2015. Discurso de Hilda Solís. Crédito: Fernando Mexía

La feria no debería reducirse, sin embargo, a una cuestión hispana, a un lugar que solo tenga sentido para villaraigosas, solises y otros apellidos de herencia española. Es un error. Es tener las miras cortas. Lo dicen las estadísticas, más de 37 millones de personas hablan español en EE.UU., es de lejos el segundo idioma en este país después del inglés. Es un valor para EE.UU., no una vergüenza. Es una ventaja, no es un problema, y ni siquiera se puede decir que sea algo extranjero ya que español se escuchaba por estas tierras mucho antes de que Benjamin Franklin firmara la Declaración de Independencia de las colonias británicas en Norteamérica.

Resulta significativo -que no extraño- que los patrocinadores de la feria sean fundamentalmente empresas e instituciones latinas. Las compañías anglosajonas, las mismas que se desviven por atraer al hispano para que consuma sus productos, no terminan de ver sentido a la cita que en 2013 congregó a más de 85.000 personas y este año aspira a superar los 100.000 asistentes. Esos números convierten a LéaLA en un gigante cultural, aunque aún esté en su infancia. Si se le suma que casi 8 de cada 10 visitantes (2013) compran al menos un libro, resulta que la feria es un importante punto de venta. Esto constata dos cosas: existe interés por la literatura en español y hay poca oferta de libros en este idioma en el mercado.


Que con tan solo 4 ediciones LéaLA sea la feria de literatura en español más grande de un país como EE.UU. demuestra también qué poco se había hecho hasta ahora en ese sentido.

El esfuerzo que hace la organización por sacar a flote este festejo idiomático y cultural es notable, los recursos escasean como demuestra el hecho de que se tuvo que cancelar LéaLA en 2014. Había voluntad, pero no fondos.

Escolares de Los Ángeles visitan LéaLA 2015. Crédito: Armando Arorizo

Confiemos en que LéaLA encuentre los apoyos que necesita para regresar cada año, pero también que halle el camino hacia su madurez para que deje de ser un foro de nostálgicos del español y padres preocupados por el bilingüismo de sus hijos, para reclamar su lugar en el panorama literario. Corre el peligro de mexicanizarse en exceso y encasillarse como un fenómeno local, aunque me consta que esa no es la intención de los impulsores. Se echa en falta que los grandes autores en español de nuestro tiempo, los ganadores de Nobel y Cervantes, se dejen caer por sus pasillos y firmen autógrafos y presenten nuevas obras. El español en EE.UU. necesita héroes que ayuden a elevar el discurso del ámbito casero al culto. Se echa en falta que las reales academias de la lengua y otras instituciones que velan por el buen uso del idioma hagan suyo este foro para exponer análisis e investigaciones sobre el estado del español en EE.UU., país donde se está produciendo la evolución más interesante de esta lengua por su continuo intercambio con el dominante inglés. Da la sensación, al menos desde fuera, que la élite hispanohablante no termina de enamorarse de LéaLA, que no se lo cree, pero no es momento de dudas, toca arrimar el hombro. Para ausencias, con la de Garcetti ya hubo suficiente.

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