Jon Hopkins — Singularity

Cuando los hypes se justifican

Cuando un productor tiene una marca personal potente suele poder tirar por varios caminos, igual que cualquier otro compositor, aunque con mucha más presión por los posibles resultados. Hay gente como Daniel Avery, que sin ser un primer espada de los ‘clásicos’, ya tenía un prestigio importante, y este año ha decidido dar un inesperado y acertado giro de timón. Y luego hay gente como Jon Hopkins, que no siendo nuevo, puesto que su carrera empezó ya en un lejano 2001 con Opalescent (Just Music, 2001), de forma muy discreta, empezó a mejorar progresivamente en sus largos hasta llegar a Immunity (Domino, 2013), donde al fin logró su punto disruptivo.

Cuando las expectativas se van de las manos

Un álbum del que ya hacen nada más y nada menos que cinco años y que le elevó a lo más alto, llevando su popularidad también a un público más transversal. Y de ahí las altísimas expectativas de Singularity (Domino, 2018), su esperado nuevo trabajo para el que el inglés ha incluido algún cambio, aunque nada trascendente, para seguir en la senda del triunfo que le granjeó su último LP. Mientras que aquél era un álbum más lineal, más de evoluciones progresivas y melodías eufóricas, aunque sin prescindir de periodos más ambientales, Singularity se acerca más a un equilibrio.

Por una parte está ese tamiz eléctrico de base sobre el que Hopkins va cocinando sus temas, el sonido marca de la casa, pero por otro hay parones en el camino para que saque su vena más de compositor clasicista — quizá necesario por el acelerón que pegó su carrera en 2013 — , que por otra entorpecen precisamente esa evolución lineal que tenía Immunity. Pero son pequeños cambios que hacen de este un disco más rico y completo, puesto que aunque son pequeños detalles, Hopkins introduce nuevas texturas y rompe el discurso narrativo del muro de sonido de su álbum publicado hace un lustro.

Más diverso, menos lineal y con más detalles sonoros

Así pues, entre ‘Singularity’, que representaría ese sonido tech house con fuerte influencia progresiva marca de la casa, y ‘Feel First Life’, más cercana a la neoclásica, hay toda una gama de interesantes grises como la mágica y evasiva ‘C O S M’, con una ambientación liviana que se va deshaciendo en favor de cada vez más texturas sonoras. Sin duda, una acertadísima combinación entre ambos lados del beat, explorados con anterioridad pero no tan al descubierto ni de forma tan equilibrada como ahora. Y sí, la joya de la corona del disco es obviamente ‘Everything Connected’, un corte de diez minutos de viaje cósmico, de idas y venidas, de emoción constante, que justifica y de qué forma el hype con lo nuevo del inglés. De los temas del año.

La única contraparte que puede encontrar este regreso es que quizá los temas que son más livianos, como ‘Recovery’, que además es el cierre, pueden romper la atmósfera. Hubiera quedado mejor una despedida con ‘Luminous Beings’, tech house al ralentí engalanado con detalles sonoros preciosistas al más puro estilo Four Tet. Pero en resumidas cuentas, que un cierre tan tranquilo para cómo empieza Singularity, no empañe un álbum tan completo y disfrutable como el nuevo de Jon Hopkins. Eso sí, quizá hablaríamos entonces de un trabajo sobresaliente. Pero a la altura de las expectativas, que es lo que importa. Y con versiones más cortas de los temas para los cobardes.

Y ahora otra vez a los diez minutos de bucle de ‘Everything Connected’.

8.1/10