
Estrategias de diferenciación basadas en estilos de aprendizaje
En el comienzo de su artículo Jennifer Lauría se hace una serie de preguntas iniciales que guiarán sus reflexiones sobre la utilización del enfoque de diferenciación:
Por ejemplo:
- ¿Cómo revertir la creciente frustración de una niña respecto de su actividad escolar cuando antes demostraba entusiasmo y curiosidad?
- ¿Cómo convertir una experiencia de estudio superficial e inconsistente en una oportunidad para promover el aprendizaje profundo, el pensamiento crítico y la reflexión significativa?
La respuesta que encuentra la autora consiste en ofrecerle a Olivia, la niña del principio, estrategias de estudio diferenciadas que atiendan sus intereses y necesidades, sus fortalezas y preferencias, pero también permita pulir aquellas áreas que necesitan mejorar.
Frente a los tests estandarizados que reclaman en su mayoría conocimiento declarativo, los resultados que obtienen los alumnos son muy diversos aunque su nivel de conocimiento de los temas sea similar: por un lado se encuentran aquellos que logran procesar la información de la manera que requieren las preguntas del examen y logran el éxito en una determinada asignatura. Por otro, se encuentran aquellos estudiantes que entienden perfectamente los conceptos pero podrían demostrar su conocimiento adecuadamente si el examen incluyera formas alternativas de evaluación que quedan excluidas de dichas instancias estandarizadas. Estos últimos ven afectada su autoestima y sienten vulnerabilidad y frustración.
En ambos casos, el de los que aprueban los tests y el de los que no por ausencia de herramientas que aseguren la diversidad, se trata de niños que requieren un tratamiento diferenciado de sus necesidades y preferencias que de soporte a su naturaleza única y especial.
En este contexto se entiende el fracaso escolar como la imposibilidad de aprender adecuadamente porque los métodos utilizados no tienen en cuenta o no coinciden con el estilo de aprendizaje individual y único de cada alumno. Para evitar este fracaso es preciso que cada sujeto que aprende ponga en práctica estrategias de estudio diferenciadas mediante tareas y actividades individualizadas que atiendan su estilo de aprendizaje. Identificar cada uno de éstos y enseñar a los alumnos a capitalizar sus fortalezas les brinda la oportunidad de enseñarse a sí mismos y ganar de ese modo mayor autonomía y autoconfianza para revertir la baja en la autoestima.
De acuerdo con Dunn & Dunn un estilo de aprendizaje puede ser definido como la manera en que un sujeto comienza a concentrarse, procesa, internaliza y retiene nueva información.
En su modelo de estilos de aprendizaje los autores distinguen 5 áreas básicas de estímulos que influyen en cómo aprenden y qué preferencias tienen las personas. Dentro de los elementos ambientales encontramos la temperatura del aula, luz, sonido y distribución y tipo de asientos de que dispone. Entre los elementos emocionales se incluye el nivel de motivación de los alumnos, su grado de responsabilidad, persistencia y necesidad de una estructura. Los elementos sociológicos se relacionan con la autoridad y variedad en la forma de agrupamiento de los estudiantes, y con sus preferencias respecto a estudiar solo, en pares o en grupo. En cuanto a los elementos fisiológicos éstos incluyen elementos preceptuales como el tacto, visión, audición y gestualidad, pero también la hora del día en que transcurre la clase, la alimentación y posibilidad de movimiento en el interior del aula. Finalmente, los elementos psicológicos consideran si se trata de un sujeto impulsivo o reflexivo y si su forma de aproximarse a un problema es desde una visión analítica o más global.
Las experiencias y estudios realizados por Dunn & Dunn a lo largo de más de 40 años reportan una mejora significativa de los resultados cuando los participantes reciben instrucción acorde con su estilo de aprendizaje. A pesar de ello, pocos alumnos tienen acceso a metodologías que contemplen su estilo de aprendizaje.
Un paso fundamental para los docentes que quieran explorar métodos que ayuden a los alumnos a descubrir sus estilos de aprendizaje, con sus fortalezas y preferencias, es indagar y reflexionar en sus propios estilos de enseñanza y aprendizaje. Desde una perspectiva centrada en el profesor, se esperaba que sea el alumno el que se adapte a la clase y a la metodología aplicada. Sin embargo, en el actual contexto en el que el alumno es el foco de la clase, los docentes cuentan con más herramientas para adaptar la enseñanza a las necesidades de sus estudiantes.
Una estrategia que no debe desestimarse es la opción de indicarle a la cada joven o niño una tarea domiciliaria individualizada que, conectada con sus preferencias y fortalezas, le permita mejorar sus logros y aplicar sus capacidades. Otra alterativa concreta consiste en llevar adelante una clase exploratoria en donde cada uno reflexione sobre cómo comprende y se concentra mejor, y que permita al docente diagnosticar cada estilo de aprendizaje para implementar estrategias acordes basadas en diferenciación.
Otra de las claves según Lauría es crear un clima de clase sensible a los estilo de aprendizaje. En su propia experiencia como docente, ella se dedicó a adaptar las condiciones físicas del aula para atender cada estilo de aprendizaje en particular. Respecto de los elementos ambientales creó zonas con mayor y menor iluminación, incluyó auriculares que permitan silenciar los ruidos circundantes, habilitó áreas con música instrumental, otras con temperatura cálida o más fría, etc. Para estimular la experiencia táctil de los alumnos diseñó con ellos un juego de vocabulario con tarjetas que se deslizarían por el interior de un contenedor para mostrar la respuesta, y para aquellos que se apoyan en sus capacidades kinestésicas diseñó un juego de mesa en tamaño real con una cortina plástica de baño sobre la cual los alumnos eran las piezas en movimiento.
El trabajo con tarea diferenciada permite atender los estilos de aprendizaje no sólo en clase sino también fuera de ella cuando cada estudiante realiza actividades en su casa. Un resultado adicional es que una vez implementado el proceso cada alumno es luego capaz de distinguir por su cuenta cuál es el estilo de aprendizaje adecuado para sí mismo.
Aunque no realice toda la variedad de adaptaciones encaradas por Lauría, un docente puede generar transformaciones y brindar apoyo a sus alumnos con tan sólo explicarles el concepto de estilos de aprendizaje utilizando algún tipo de evaluación diagnóstica o asignando trabajo diferenciado a cada uno.
Lo ideal por supuesto es que el docente adapte la mayor cantidad de elementos posible en el aula y considere en su planificación los aspectos visual, táctil, kinestésico, etc. que mejor favorezca por ejemplo las fortalezas perceptuales de sus alumnos.
Un punto fundamental en este proceso es que cada estudiante pueda diferenciar por su propia cuenta, una habilidad que lo ayudará a lo largo de su escolaridad. Si un alumno conoce cómo aprende, entonces logrará aprender mejor y se dará cuenta de que no hay nada malo en aprender de maneras diferentes lo cual a su vez permite ejercitar la tolerancia y aceptar la diversidad como algo natural y positivo.
En aquellos contextos en que las estrategias utilizadas no tenían en cuenta los estilos de aprendizaje, se verificó que los alumnos que conocían el enfoque y ya habían trabajado con él lograron la diferenciación ellos mismos de manera independiente. La utilización de sus fortalezas les permitió adaptar el contenido y enseñarse a sí mismos cuando las estrategias implementadas por el docente no servían a sus necesidades de aprendizaje.
Según Lauría esto indica que cuando les son dadas las herramientas correctas, adaptadas a sus necesidades, todos los estudiantes se convierten en activos participantes de su propia educación, renuevan su autoconfianza y abandonan la receptividad y pasividad, y reducen los niveles de frustración.
Finalmente, quedan planteadas algunas preguntas para el debate:
¿Identificar a cada alumno con un EA no es una forma de etiquetamiento que puede tener efectos negativos a mediano plazo?
¿Cuáles son las semejanzas y contrastes entre esta propuesta de diferenciación y el enfoque de Aulas Heterogéneas?
¿Cuál es el rol de las nuevas tecnologías en el proceso de diferenciación? ¿Podemos pensarlas como facilitadoras del mismo, como agentes que permiten la adaptación de contenidos, ambientes y tareas de manera más fluida y eficiente?