El primer paso

9:40PM Agosto 16 2016

Salí de mi casa por la entrada principal con el único fin de ahuyentar a un gato negro que ofuscaba mi paciencia. Al menos no era el maldito rayado gris que siempre viene a hacer sus miserias en el jardín a escondidas, o que su dueño malcriado de 12 años le ayuda cada vez que no hay nadie en casa... Algún día mataré a ese felino o juro que haré una mega fiesta cuando sepa que su destino sea peor que la muerte…

Volviendo al primero gato. Salí de mi casa; afuera de mi pasaje, el animal se espantó con mi presencia y corrió hasta perderse en la penumbra. Me giré para retornar a mi aposento cuando mi corazón, mi mente, mi conciencia fueron conmovidos por una escena que casi siempre suelo ver en las películas familiares americanas promedio o en algún comercial televisivo de bienes raíces: Un padre enseñando a caminar a su bebé.

Iluminados por la gracia de un poste eléctrico mal inclinado, un hombre sin camisa, llevaba consigo una aparente gordura almacenada en su abdomen y vestido con una calzoneta del algún equipo de fútbol; sostenía con su mano derecha a su bebé de unos 12 meses. Estaba agachado hasta la altura de su descendencia, de su orgullo, de su vida. Ella. Con sus ojos vibrantes, expresivos. Balbuceando lo que después serían sus primeras palabras. Dio un paso pequeño. Miraba a su padre. El buen hombre aguardaba con serenidad. Una pequeña brisa nocturna se dejo sentir. Paso pequeño. Balbuceo. Vuelve a mirar a aquel mayor que parece guiarla hasta la gloria. Ninguno notó la presencia de aquel entrometido que por cuestiones del destino salió de su casa para espantar a un gato. Mi rostro creó una sonrisa en mis labios. Parecía que mis glándulas lagrimales estaban listas para hacer lo suyo pero opté por dejar aquel inmortal instante. Era su momento. Personal e íntimo. Familiar.

Fue genial volver a recordar esos segundos. Quién sabe, a lo mejor pude contemplar los primeros pasos de una vida que tiene mucho por andar. Ya dentro de mi casa, la curiosidad me empujaba a querer salir y volver a percibir esa bella ocasión. Pero aquel impulso se desvaneció. Decidí entonces que lo mejor para mí era buscar mi laptop y escribir de este apabullante momento antes que la memoria fuese invadida por recuerdos superficiales e insípidos.