“Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡yo no sé!…”
- Los heraldos negros, César Vallejo

Se me destrozó el corazón. Al leer esa conversación que no debería estar leyendo, mi corazón se ha roto en mil pedazos.

Que dejarme fue la mejor decisión de su vida, que yo era un estorbo, que no lo dejaba crecer como persona, que estaba conmigo porque su familia no iba a entender por qué tomaba esa decisión. Cada palabra era una daga que hacía sangrar mi ya maltrecho corazón.

Yo no lo he olvidado, es más, qué ilusa, pensaba que podríamos regresar en algún momento, que era cosa de tiempo porque él aún me llama por ese apodo cariñoso que me puso cuando me amaba. Ahora al leer sus palabras me doy cuenta de lo tonta que he sido. Él no me habla porque aún me quiera, él me habla por otro motivo ¿lástima?, ¿sentir que me tiene en la palma de su mano? ¿Poder buscarme cuando no tenga nada mejor que hacer? No lo sé, pero ahora he abierto los ojos.

Lloro, pero es la última vez que lo hago por su causa. No puedo juzgarlo, no puedo enfrentarlo, pero sí puedo quitarlo de mi vida. Si pudiera decirle unas últimas palabras serían:

Lo fuiste todo para mí, te amé con todas mis fuerzas, pero claramente eso no fue suficiente para ti. Yo no pude dar más y sí, lo siento un poco. Sin embargo, pese a todos los defectos que tuve, no merezco lo que hiciste conmigo. Aunque quizá merecía este último golpe para darme cuenta que no eres para mí. Que el futuro que a veces pintaba contigo, ya no existe. He recogido los pedazos de mi corazón para alejarlos lo más posible de ti. No te engañaré diciendo que te deseo lo mejor, porque no te deseo nada. Que la vida (o el karma) se encargue de hacer contigo lo que quiera y cuando te rompan el corazón como lo hiciste conmigo, de repente te acuerdes de esta chica que jamás te lastimó y cuyo peor pecado fue no dejar de ser ella misma .
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