REVIEW: Journey PS4

*Reseña mía publicada originalmente en Atomix http://atomix.vg/review-journey-ps4/

ourney, es y será, una de las obras más bellas jamás creadas por la humanidad, sin importar el medio. Y con más de 10,000 años de civilización y lo que falta, esta aseveración puede resultar un poco tajante. Pero lo es, ya que este juego trasciende como producto de entretenimiento para plasmar lo más profundo que habita en nuestro ser, lo que nos define como humanos. Un viaje que parece… no tener fin.

Journey fue el último juego del contrato del sui géneris estudio Thatgamecompany con Sony para hacer títulos exclusivos. Esta compañía tiene un enfoque particular para planear videojuegos, ya que antes de pensar en un sistema de juego o una historia, primero busca transmitir una emoción o sensación en el jugador.

Después de tres años de una crispante producción por un equipo de 18 personas, liderados por Jenova Chen, el resultado fue algo que la industria nunca había visto. Publicado originalmente en 2012, Journeyinmediatamente obtuvo el reconocimiento que merecía del medio y del público, equilibrando la situación del estudio que terminó en la bancarrota y que dio todo por concluir su visión. Incluso, la cautivante banda sonora del juego compuesta por Austin Wintory, fue nominada a un Grammy.

Hoy podemos disfrutar Journey una vez más, ahora, en el PS4 con un notable mejor desempeño corriendo a 60 frames por segundo y con una resolución de 1080p. Cabe destacar que esta es una versión realmente fidedigna a la original, que por cierto, fue desarrollada por Tricky Pixels, ya que Thatgamecompany ha estado trabajando desde hace tres años en su siguiente obra. No se les olvide que Journey ahora es Cross Buy, lo que significa que si lo descargaron en su versión digital para PS3, ahora lo pueden hacer de forma gratuita para el PS4.

Recuerdo el año pasado cuando alguien me dijo con mucha emoción “¡Remy, acabo de terminar Journey! ¿Ya lo jugaste?”, y entendí que en parte, su agitación era por compartir esta experiencia que había tenido. ¿No es eso lo que buscamos en la vida? Tener momentos que encontramos agradables, y si se puede, ¿compartirlos, recordarlos y/o anhelar volver a vivirlos? Después de jugar Journey, ¿cómo no querer que alguien más viva esta experiencia? Aunque ya lo había empezado con anterioridad, nunca lo acabé y consideré que era una excelente oportunidad de concluirlo, de terminar ahora sí la travesía.

Journey es una obra minimalista en su sistema de juego. Casi se encuentra en el umbral de una experiencia interactiva ya que busca alejarse de la tradicional concepción de un videojuego, de igual manera que Thatgamecompany lo hizo con flOw y Flower. Sin embargo, Journey sí tiene un final, un objetivo que cumplir, una historia embebida. Las indicaciones durante el juego son prácticamente inexistentes ya que el progreso se va dando de forma natural.

En Journey controlas a un personaje en una túnica roja que deberá realizar un viaje de autodescubrimiento, no por nada, los creativos del juego se inspiraron en la teoría del monomito de Joseph Campbell de su libro El héroe de las mil caras.

Pero en realidad no es el personaje quien busca encontrar algo, sino tú, quien lo controla, quien se pregunta qué habrá detrás de esa colina, que tiene curiosidad por saber lo que hay en la cima de la montaña y cuál es el significado de este mundo… ¿virtual? Esa duda, ese impulso, es el que nos lleva a seguir jugando Journey. A perdernos y a volvernos a encontrar, sólo para darnos cuenta que seguimos siendo tan insignificantes como un grano de arena en la inmensidad del desierto.

Las mecánicas del juego son de lo más sencillas para que no nos distraigamos de nuestro monólogo interno, ya que los movimientos son tan básicos como desplazarnos y saltar. El placer de jugar Journey no proviene del desenvolvimiento de las mecánicas de juego, sino de un desdoblamiento interno de nuestra “representación virtual” con su alrededor.

Esta abstracción hace que tengamos una dinámica diferente a la de cualquier otro videojuego de la última década. En Journey, la contemplación y el asombro son emociones que tenemos continuamente en nuestro viaje.

Cuando te deslizas por una ladera de arena en Journey, te genera esa misma sensación exquisita de una acción banal como lo es meter en la realidad tus pies en la arena, algo tan sencillo pero que cada vez que lo hacemos es una experiencia única e irrepetible.

Sin darnos cuenta, tanto en la vida como en la mayoría de los juegos, vivimos con una carga constante de cientos de “objetivos” que tenemos que “cumplir” sí o sí, si es que queremos “llegar a un lugar”: consigue 30 monedas rojas, vence a todos los enemigos, habla con todas las personas en la aldea, llega al nivel 50, termina tu carrera, consigue un trabajo, cásate, cómprate una casa, ten hijos, vive hasta que mueras…

En parte, un juego se define por “la libertad que nos brinda un sistema de reglas para desenvolvernos”, sin embargo, muchas veces esta libertad es ilusoria y terminamos inconscientemente siendo maquinas, sin voluntad, siguiendo órdenes. Todo, por cumplir un objetivo y no por el hecho de disfrutar la acción en sí.

Pero Journey es diferente, es sublime. Es como un imán que nos aleja, nos repele a cumplir un objetivo, pero a la vez, nos atrae, nos seduce por llegar al final de nuestro viaje.

Un videojuego no es un intercambio de información entre tú y una consola, no. Es un intercambio de información entre tú y los desarrolladores. Entre dos mentes. En el caso de este juego, una ventana a las emociones y sentimientos que nos quisieron transmitir el increíble equipo de seres humanos de Thatgamecompany.

Son obras como Journey las que precisamente trascienden su objetivo “inmediato”, un producto de entretenimiento, para convertirse en algo más: en arte. Atemporal pero sobre todo universal, porque no hay limitaciones de lenguaje.

En el relato de la torre de Babel, del libro de Génesis del Antiguo Testamento, Dios castigó a la humanidad con que hubiera diferentes lenguas por la osadía de construir una edificación que llegará a los cielos.

Cualquier persona en el mundo, sin importar su lengua, puede disfrutar y sentir Journey. Precisamente aquí recae una de las mecánica más sorprendentes de la obra, que es la de poder interactuar en línea con otro jugador durante tú aventura.

Esta interacción se dará sin ninguna posibilidad de comunicarnos como lo hacemos en otros juegos y será a través de nuestras mismas acciones que se genere esta dinámica. Comunicarnos sin palabras, trascendiendo el lenguaje pero sobre todo trascendiendo la pantalla, ya que del otro lado de una consola, en algún lugar del mundo, hay alguien que comparte esta aventura contigo y la relación con esta persona se siente increíblemente fuerte.

Una persona que independientemente de su religión, clase social, preferencia sexual, edad, educación, se encuentra aunque sea por unos minutos, en la misma situación virtual que tú y con las mismas capacidades de sentir, de vivir. Un humano, como tú.

En ocasiones, la satisfacción de nuestras acciones la obtenemos sólo cuando cumplimos un objetivo y cuando terminamos Journey, nos damos cuenta que nunca hubo uno, todo fue un espejismo en medio del desierto. ¿Un engaño? Nos podemos sentir algo desilusionados, ya que podría decirse que volvimos al inicio con las manos vacías.

Pero si miramos a nuestro interior, si escuchamos lo más profundo de nuestro ser, nos damos cuenta que ya no somos los mismos que cuando empezamos el viaje. En cierto momento experimentamos algo que por más mínimo que fue, nos tocó, nos hizo reflexionar.
Como escribió el poeta portugués, Fernando Pessoa, en su obra El libro del desasosiego: “La vida es lo que hacemos de ella. Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos.”

De cierta forma, nos libramos de nuestras ataduras mortales. Descubrimos que el verdadero significado está en el sendero, en el camino, y que un viaje sin objetivo, realmente… nunca tiene fin.

Si no has jugado esta hermosa obra, este es un excelente momento para hacerlo, sobre todo con este perfecto port para PS4. Si para cuando termines Journey, no te movió en lo más mínimo y no te generó asombro, desolación, alegría o tristeza, sabes, te recomiendo que pruebes un maravilloso juego móvil que se llama Candy Cru…