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Lógica

A veces cuando cierro los ojos todavía puedo dibujarnos a la perfección en los balcones de la calle 12, debatiendo y conspirando y siempre ampliando un poco más los rangos visuales porque cuando uno ama de repente cambia de ojos y empieza a entender que quizás sólo miramos las cosas desde una cosmovisión propia porque todavía nadie nos enseñó lo bien que se ve la noche desde la ventana de su habitación y lo diferentes que se reflejan las sombras chinescas que hago con mis manos en tus paredes de terciopelo mientras vos estás acostado horizontalmente (existen muchas formas de acostarse) pretendiendo que nada te pasa por la cabeza, hablando nimiedades y yo pretendo no estar muriendo por jugar a que soy ciega y tu piel está hecha de idioma braile.

A veces estando sola siento que si estiro mucho los brazos quizás logre alcanzarte, instalarme en vos como esas heridas viejas que sólo uno mismo sabe que todavía le duelen, conmoverte como supe hacer alguna vez antes de que tu alma fuese simplemente hielo y tu espíritu un juego de escondidas donde sigo jugando yo sola (aunque nunca me encuentro). Y estoy de nuevo en ese momento que llega varias veces en nuestras vidas donde hay que dejar que las cosas vuelen y mirarlas alejarse sin hacer nada más que eso, quizás como mucho agitar un pañuelo blanco. Mirar. Contemplar (qué feo el color blanco, qué aburrido; será el favorito de alguien?), y hacer el espacio suficiente para elevarse de nuevo pero esta vez sobrevolando todo eso que no animamos a hacer antes por miedo a que nos corten las alas.

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