La narcopolítica no nos callará

Acto de recordación de Pablo Medina y Antonia Almada en la plaza del Palacio de Justicia de Asunción. Foto: Marta Escurra

Hace exactamente un año, quedó un espacio vacío en nuestras redacciones, cercenaron una voz crítica y nos advirtieron que la libertad de expresión y de prensa continuaba bajo grave amenaza. El asesinato de Pablo Medina y de Antonia Almada fue un atentado a la democracia paraguaya y al periodismo internacional. Querían decirnos que hay temas que no podemos publicar, arbitrariedades que no podemos denunciar e injusticias que debemos silenciar.

El rollotráfico y la narcopolítica suplantaron a los organismos estatales que debían velar por la seguridad. Y en medio de tanta podredumbre e inmundicia, nuestro querido Pablo no solo cumplía con su trabajo de informar, sino que indagaba más. Así es como nos dimos cuenta que tenemos periodistas valientes y políticos cobardes o cómplices de delincuentes y criminales.

La muerte de Pablo y de Antonia mostró un país gobernado o dirigido por el narcotráfico con tentáculos en el poder político; evidenció una desprotección total de las autoridades en distintas zonas del país e intentó tapar la boca de los comunicadores que arriesgan sus vidas por su profesión.

A un año del vil hecho, el dolor continúa, pero aumenta la sed de justicia. A un año de la pérdida, dos familias siguen llorando a sus muertos y todo un país acompaña la tristeza con un toque de esperanza. El ejemplo de Pablo nos sirvió para unir esfuerzos y concretar más alianzas, para tejer puentes y dejar de lado las diferencias, para reencontrarnos y alertarnos, para ponernos al pie del cañón en contra de la barbarie.

Sin periodismo libre e independiente, ¿cómo íbamos a enterarnos de los vínculos de los políticos con los narcotraficantes?, ¿cómo íbamos a ser capaces de conocer la depredación irracional que se ejecutan en nuestros bosques? Sin periodismo comprometido con la búsqueda de la verdad el ciudadano no puede enterarse de lo que algunos quieren que callemos. A Pablo lo mataron por hacer bien su trabajo, le arrancaron la vida porque no soportan el peso de la verdad, porque los criminales creen que pueden hacer lo que quieran por el clima de impunidad que reina en Paraguay.

Pero la memoria de Pablo y de Antonia sigue presente. En cada periodista responsable, en cada comunicador que pierde el miedo y en cada ciudadano indignado por los crímenes y delitos que se cometen a diario, la llama de la esperanza se mantiene y no se apaga.

Pablo era un padre, esposo, hijo, amigo y compañero que no temía las balas de los narcopolíticos, porque combatía con un arma más poderosa que las escopetas o metralletas: la palabra. En una sociedad que merece respeto, donde la vida y la libertad deben estar protegidas y no violentadas, elevamos nuestro grito y ¡exigimos justicia!

Desde hace un año estamos luchando para que los culpables de ambos crímenes no se beneficien de sus contactos políticos, que no queden impunes, a la vez de peticionar a las autoridades la reapertura de los casos de asesinatos a otros colegas mártires de la democracia.

A Pablo no pudieron callar durante varios años y a nosotros tampoco lo harán. Cada vez somos más los que queremos un mejor país, donde los derechos se respeten y las obligaciones se cumplan. Cada vez somos más los que gritamos y pedimos justicia.

En un periodo de incertidumbres políticas, vemos un retroceso en cuanto a libertades individuales y públicas y alertamos a la ciudadanía a estar alerta ante otras amenazas y amedrentamientos a periodistas y comunicadores o luchadores sociales que se animan a denunciar. Que sepan los narcopolíticos que seguiremos denunciando, que se enteren los políticos que no nos callaremos y que seguiremos firmes, haciendo nuestro trabajo, sacando a la luz lo que ellos quieren que permanezca en la oscuridad.

Santiago Ortiz, Sindicato de Periodistas del Paraguay
Juan Carlos Lezcano, Foro de Periodistas Paraguayos
Eduardo Quintana, Coordinadora de Periodistas en Alerta

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.