Examinaos a vosotros mismos no es un juego

Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe, así comienza el versículo 5 del capitulo 13 de 2 de Corintios. Hace mucho tiempo lo leí, de hecho muchísimas veces lo leí, pero nada paso. Hasta que entendí que nada de lo que yo hacia agradaba a Dios, mientras mas hacia mas vacía me sentía, mas cansada y mas desilusionada, entonces, emprendí una búsqueda mas profunda, llegue hasta los vídeos de un hombre llamado Paul Washer algo había leído de el, pero lo escuché, sus palabras eran maravillosas, pero como describe la parábola del sembrador oída con gozo pero luego sin raíz muerta totalmente. ¿Que hacer? me pregunté, y nadie me respondía. Ni siquiera Dios. Leía la Biblia y ella me confrontaba con mi realidad así que era mejor cerrarla, dedicarme a escuchar música o leer libro tras libro para perderme en un mundo que era aparentemente solo por unas horas mejor que el mío. Pero esto no es acerca de mi. Es acerca del Dios que me salvó por el puro afecto de su voluntad, de la obra de Cristo en la cruz, no me va a alcanzar la vida para entender qué paso en aquel madero, pero tengo la eternidad para intentarlo.

¿Qué pasó entonces? Escuché el verdadero evangelio, no el suavizado ni diluido en 4 o 5 pasos, el real, el que tiene poder de Dios para salvación y entonces el Espíritu hizo cuanto tenía que hacer para hacerme una nueva criatura. ¡Nací de nuevo! y no fue por mi decisión, solo le dije: Hijo de David, ten misericordia de mi.

No aparentes mas algo que no eres. No puedes vivir con una póliza de seguros celestial contra el infierno y permiso para seguir pecando, no hay tal cosa como eso. No finjas mas. Es imposible. 1 de Juan así lo enseña.

Tu apariencia de piedad puede engañar a todos pero nunca va a transformarte. Solo Cristo y el Calvario pueden hacerlo.