Erlend Øye: su universo emocional

Conversamos con el músico noruego durante su paso por Mendoza.

El músico noruego y su banda “The Rainbows” visitaron por primera vez Mendoza para presentar el álbum ‘Legao’. Tocaron el 25 de noviembre en el Teatro Independencia y se enfocaron principalmente en canciones del nuevo disco, aunque añadieron algunas perlas que hicieron brillar los ojos de los viejos seguidores de Erlend, como “Remind me” de Röyksopp. “The Rainbows” es un pintoresco y multinacional grupo que crea una sinergia mágica arriba y abajo del escenario.

Al mediodía siguiente del espectáculo, durante un día primaveral de mucho calor y algunos nervios, almorzamos con el grupo y compartimos un rato con el cantautor. Erlend es un chico esbelto, de pelo colorado, poseedor de una gran sensibilidad y dotado de un talento sobresaliente para el baile laxo y distendido. Durante el diálogo, tiene una voz serena y una actitud pensativa. Sus letras fascinan por su poder reflexivo y poético: narran historias completas y claras que se estructuran en base a sentimientos agudos y reveladores.

Erlend en pleno recital en Mendoza

Has mencionado que The Whitest Boy Alive se separó, en parte, porque ya no era del todo divertido para vos y que elegiste cantar canciones italianas de los años ’70 porque los cantantes te parecen “niños jugando”. ¿Cuál es la relación entre la música y el juego?

Erlend Oye: Es muy importante lo que uno aprende apenas comienza a tocar un instrumento. Un músico clásico, por ejemplo, aprendería a no jugar en lo más mínimo. Les permiten jugar luego de 10 años de tocar el instrumento y, a esa altura, lo más probable es que ya hayan destruido cada parte de su cuerpo musical. Desarrollarse como músico implica aprender divirtiéndose y haciendo. A los niños hay que enseñarles música siempre con un elemento de improvisación, no sólo de disciplina.

Erlend y su banda durante su presentación en el Teatro Independencia

Has tenido un desarrollo amplio como artista: has trabajado en la escena electrónica, indie folk y en los últimos años has incursionado en los sonidos del reggae y en la música italiana de las décadas del ’60 y ’70. ¿Crees que hay un núcleo que permanece aunque explores diferentes géneros?

Erlend Oye: Tengo la voz que tengo y hay un límite: hay muchos estilos que no podría intentar porque mi voz simplemente no funciona con ellos. Yo creo que hay un núcleo pero no creo ser la persona indicada para decirte cuál sería.

Has vivido en varios lugares, ¿qué te hace enamorarte de una ciudad?

Erlend Oye: Creo que no hay algo particular, es un sentimiento. Siempre me pregunto: “¿Se puede caminar? ¿se puede estar afuera? ¿me puedo comunicar con la gente?”. Una ciudad tiene que tener secretos, en el momento que pierde sus secretos, es el comienzo del final.

El amor es un tema capital en todos tus álbumes, ¿cómo definirías el amor? ¿Qué es lo más duele del amor?

Erlend Oye: Yo uso la palabra amor con múltiples sentidos: darle energía al mundo, amistad, poner esfuerzo en hacer que las relaciones con amigos o colegas funcionen. Es una muy buena palabra porque no es específica y mi manera de escribir letras tiene que ver con evitar ser específico sobre algunos temas. El amor que más se siente es el no correspondido. Cuando uno está en una relación con una persona se llega a conocer sus imperfecciones pero cuando no se llega a ese lugar, las personas siguen pareciendo maravillosas y fantásticas. Creo que es importante para la gente que está creciendo darse cuenta que no es normal que el amor sea algo feliz, lo importante del amor es que te impulsa. Es como si uno fuera un avión de papel; el amor es la mano que te lanza desde un edificio pero es el viento el que te manda en diferentes direcciones.

El público mendocino lo ovacionó

¿Hay algún lazo entre tus inspiraciones creativas? ¿Hay libros o películas que hayan sido significativas para escribir tus canciones?

Erlend Oye: En la canción “Whistler” de mi último disco hay una referencia muy clara al Gran Gatsby. Ese libro me gustó porque da una óptica de la vida en otro tiempo, a mí me gusta mucho viajar en el tiempo con los libros. No veo muchas películas porque siento que no honran mi imaginación, que no me hacen usar mucho el cerebro. Me gustó mucho “Medianoche en París” y tengo muchas ganas de ver la nueva película de Spike Jonze.

¿Cómo te sentiste tocando en Mendoza?

Erlend Oye: El show fue sorprendentemente bueno. Me sorprendió que asistiera tanta gente, fue perfecto: estuvieron en silencio cuando había que estar en silencio y también se querían divertir. Es todo lo que se puede pedir de una audiencia.

Luego de disculparse por su cansancio, disfrutó de su último rato en Mendoza comiendo peras al Malbec. El temperamento creativo de Erlend abarca un espectro amplio: canta canciones que quiebran el corazón y canciones que quiebran las rodillas, con igual intensidad se vive su disposición natural para la melancolía y para la diversión.

Durante el almuerzo en Mendoza con toda su banda. Foto: Victor Abrahamsson

Su metáfora para definir el amor quedó resonando en mi cabeza y unos días después encontré un pasaje iluminador en El Gran Gatsby: Daisy y Jay Gatsby (los amantes en conflicto) están en una habitación observando el cielo: “-‘Mira allá’, susurró Daisy, y luego de un momento dijo: ‘Yo quisiera conseguir una de esas nubes rosadas, ponerte sobre ella y empujarte”. Presenciar la función del Teatro Independencia se sintió como un recorrido sobre esa nube rosada. A los que no pudieron asistir: para subirse solo hay que saber escuchar el susurro pausado de la invitación que se esconde en cada una de las letras de Erlend.

Artículo por Sofía Martinelli

Fotos de Axel Rezinovksy

Agradecimientos especiales a Roberto Parra, Diego Gorria y Lucas Barón.