No soy mejor que nadie, ni tú tampoco


Yo jugaba al balonmano. Durante años estuve jugando como lateral y extremo derecho (aprovechando mi condición de zurdo) hasta que tuve que dejarlo por tener que venirme a estudiar a Sevilla. Y no era muy bueno, lo reconozco, pero sí era trabajador, y me esforzaba muchísimo, no para ser el mejor del equipo, sino simplemente para poder jugar.

El caso es que una vez, con los planetas alineados, jugué el que, por números y sensaciones, fue el mejor partido de balonmano que jamás he jugado. Y volviendo a casa con mi padre (solía ir a casi todos los partidos a verme jugar) no pude contenerme y le dije: “Bueno, ¿qué tal he jugado?”, y lo único que hizo fue una lista con todos los fallos cometidos en el partido, al igual que el resto de partidos que he jugado.

Desde entonces, esa filosofía he intentado aplicarla siempre en mi vida: siempre puedes hacerlo mejor, siempre hay margen de mejora. Y en ese sentido le debo mucho a mi padre ya que aunque algunas veces sólo quieres oír unas palabras halagadoras, una crítica constructiva a largo plazo es mucho, mucho más beneficiosa, siendo “constructiva” la palabra clave.

¿A dónde quiero ir con esto? Al hecho de que hay críticas y críticas. Y sólo me gustan las primeras, las que ayudan a mejorar, ya sea a mí o a otros. Y cuando veo por Internet críticas sólo por el afán de intentar destruir la credibilidad o el espíritu de una persona, esa gente merece el mayor de mis desprecios.

No soy periodista. Soy un intento de ingeniero de telecomunicaciones, por lo que no tengo demasiada idea del mundo editorial, pero dudo mucho que Héctor Fernández se ría cada vez que alguien de la competencia la cague o ponga algo en un artículo que le parezca gracioso, porque entonces en ese momento Héctor Fernández se convierte en Tomás Roncero. Y no me gustan los Tomás Roncero del mundo, hablen de fútbol, política o tecnología.

Dudo que alguien lea esto. Es mi primer intento en Medium y seguramente no ponga ninguna imagen a este texto improvisado. Pero era algo que tenía que sacarme de dentro, este malestar generado por gente que parece que no se ha equivocado en la vida, o que cree tener mejor ideas que el resto, y piensa que sólo él o ella lleva razón.

Esa gente en el fondo me da lástima. Está claro que no le han enseñado lo primero que deben enseñarle a una persona hoy en día: Nadie es mejor que nadie.