Tragedia Peruana

En cierta medida, no alegra a nadie que alguien que ha personificado a la Nación Peruana (aunque lo haya hecho muy mal) acabe siendo condenado por corrupción. De la misma manera que nadie, evidentemente, puede defender el autoritarismo, la prisión sin pruebas o cualquier limitación al derecho de defensa o a las libertades democráticas (nadie tampoco desconoce que la justicia peruana es injusta).

Sin embargo, el desenlace de esta tragedia no sorprende. La situación actual de Ollanta Humala es consecuencia de una política y de una elección. Él y su mujer decidieron gobernar a consciencia en alianza con una maquinaria de corrupción desde antes de alcanzar el poder. Y las consecuencias son estas que estamos viendo.

Me divierte, eso sí, cómo el papel de víctimas que han asumido les está funcionando y cómo no se han hecho esperar muestras de compasión en las redes.

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