Haberte visto

Te divisé. Ni mejor, ni peor, simplemente me sentí desigual, anómalo, diferente a lo que acostumbraba y acostumbro ser. Que pálido y frío que está el camino hacia tus ojos, tal vez por la escarcha en el viento. Una flecha sin rumbo.

Y por una silueta, sin embargo, todo fue por una silueta. Porque fuiste eso, una figura que pasa bajo la influencia de algún estado anímico. Y en este momento la palabra no sirve, no es válida, por hermosa que sea, no tiene lugar en esta secuencia de segundos, de parpadeos. La palabra, si una quiere y toma la iniciativa, toma lugar después. Hasta entonces, solo es una calma, una visión, una sombra que acecha una imagen insostenible.

De repente comienza, no pide autorización, esa increíble o tal vez ingrata sensación de que algo se estremeció, de que uno ya no es uno mismo porque se trasladó a quien sabe dónde.

Después logré conocerte, y fui entendiendo tu mirada y lo que con ella querías decir.

Ahora te observo, pero no como cualquiera, sino a mi manera. Como disfruto tu mirada los domingos a la mañana, como me gusta apresar esa delicadeza.

Arte es mirarte. Y qué placer, qué placer fue haberte visto.

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