Sobre hongos y caleidoscopios

Era un Martes por la noche y llovía. Estaba a punto de irme a dormir cuando el mensaje de un amigo me quita el sueño. Era para que me sume a ir a la casa de un conocido en arroyo seco a comer hongos. Siempre quise probar por lo que le dije que sí.

Teníamos un par de vinos y arrancamos viaje para allá. Llegamos tarde, a eso de las dos de la mañana. Frente a nosotros un tarro de mermelada repleto de hongos. Comí uno solo, lo fui comiendo de a poco porque el sabor era horrible.

Pasó una hora y nada, no sentía nada. Me habían dicho que tarda en digerirse por lo que me quede tranquilo y esperé. Cometí la tontería amateur de comer uno más. Ya fue.

Vino, música y charla, lo recuerdo increíblemente. Sonaba The Dark Side of The Moon cuando a eso de las cinco de la mañana salí al patio (era una casa realmente enorme y muy bella, con un farol en el medio del patio que iluminaba todo el sector) y empecé a viajar a, literal, un lugar que va a quedar registrado por siempre en mi mente. Llovía, estaba descalzo y sin remera, pero no me importaba, no sentía frío.

Empecé a caminar y no podía creer lo que veía, el pasto se movía en una secuencia constante. Se había trasformado en mandalas o figuras de caleidoscopio. Me reía. Una felicidad plena corría por todo mi cuerpo y mente.

Flipaba. Me tire al piso a la altura del farol que iluminaba. Me acosté como queriendo hacer un hombre de nieve pero en las mandalas y figuras que ahora trepaban por mi cuerpo. No lo podía creer. Recuerdo mirar fijo a la luz, escuchando pink Floyd y sintiendo como me hacía uno con el entorno, que estaba repleto de árboles y verde.

El resto estaba adentro de la casa, cada uno en su mambo. Me había tocado a mí. Seguí caminando por el terreno hasta llegar a su fin donde te encontrabas con una barranca enorme que daba al río. Al final de la barranca había una fila de árboles realmente simétricos que bailaban y tenían una cara feliz como esas de los dibujitos animados. Te juro, nunca me reí tanto en soledad. La estaba pasando bomba.

Lamentablemente después me tocó volver al mundo real, y de una forma no muy agradable. Supongo que a mi cuerpo le había caído la ficha de que estaba haciendo frio y yo estaba descalzo y sin remera vagando bajo la lluvia. Me desmayé hablando con un amigo con quien estábamos dialogando de temas un poco delicados, que por ahí no daban para la situación. Recuerdo sentir un terremoto zarpado por todo mi cuerpo y me levanté con mi amigo sacándome la lengua para fuera y preguntándome si estaba bien. Estaba más asustado que yo.

Me sentía mareado, vomité y me encerré a esperar que se me vaya la sustancia. Fua, fue durísimo. Traté de acostarme en una cama y no me podía dormir, la habitación me cambiaba de colores de azul a amarillo, violeta, rosa, etc. Mambo negro. Claramente no pude dormir nada. Volví a mi casa como a las 12 del mediodía. El viaje de vuelta en auto fue horrible. El estómago y la mente me estallaban.

Pero bueno, siempre voy a sostener que más allá de ese malestar que me tocó sentir sobre el final, nunca experimenté algo parecido como con los hongos, fue algo realmente maravilloso que recomiendo a cualquier interesado en hacerlo. Eso sí, háganlo sintiéndose cómodos, despejen sus cabezas y liberen todas las malas vibras. No se van a arrepentir.

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