La paz

La paz reinaba anciana en el pie de la montaña, algunos ruidos de armaduras chocando y el sonido de la respiración profunda de todo el pelotón tensionaban el momento. El viento doblegaba los amarillentos pastizales que brotaban a un lado del camino, el cual se perdía pequeño entre dos partes de la montaña mas alejadas. 
Nadie era capaz de exclamar una palabra la calma del paisaje hacia sudar la frente de los mas valerosos solados , la frontera era ahora nada mas que un puente permisivo y frágil , defendido por los pocos que quedábamos; las fuerzas comandantes se derrumbaban discutiendo en circulo a los lejos los gritos. Rápidamente ahogados por el miedo al ser descubiertos de los generales temblaban las piernas de algunos soldados, que trataban de de que su mirada mostrara mas valentía que sus rechinantes pies. 
De pronto un el golpe de un colosal tambor hizo temblar cada objeto acrecentado por el eco de la montaña; algunos guerreros saltaron ansiosamente hacia atrás mientras el pavor de imaginar su cuerpo desangrándose sobre la tierra les recorría la espalda. Los comandantes desenvainaron al unisono su espadas todavía en la lejanía y continuaron gritándose ahora sin pudor. Un anciano que traía en su cara una venda que lo atravesaba dejandole un ojo al descubierto temblaba, titiritaba , saliva y el vapor de su aliento se disparaban de su boca mezclándose con las lagrimas que caían de sus mejillas . Era el veterano que vendía muebles de roble en las afueras del pueblo, un simple comerciante pretendiendo ser un guerrero. Otro golpe de tambor sonó mas fuerte aun, pero estaba vez se siguió de otro y otro , parecían los pasos de un gigante que caminaba inmune a nuestra visión 
-Aaaargh! . Gritó un solado del fondo levantando su espada y sin quitar la vista del horizonte comenzó a golpear su escudo. Gritando caminaba por entre los soldados hasta ponerse en frente de ellos . 
-Aaaargh .Grité y golpee mi escudo mirando a mis compañeros y al penoso anciano a mi lado. Grite mas fuerte todavía mostrando mis dientes , todos en ese momento comenzaron a golpear sus escudos, ahora se hacia menos distinguible el sonido de los tambores, que parecían estar a un paso de nosotros, que ahora afirmábamos nuestros pechos, seguros de blandir la espada. 
Tom Tom Tom , sonaba ahora mas apresurado el compás de los Tambores . 
 — Arqueros — gritó el general Tabecles . Inmediatamente estos se presentaron al frente y se apoyaron sobre una de sus rodillas agachándose y estirando sus arcos. Los tambores casi se hacían presentes frente a nosotros y los gritos se callaron expectantes del primer enemigo que apareciera bajo el sol que decencia entre las dos montañas. Una silueta oscura se hizo presente gritando con una baqueta acolchada en alto y un instante después la silueta se multiplico tapando casi todo el espacio que había entre la piedra. Los primeros arcos silbaron y los gritos se hicieron de nuevo presentes mientras desenvainaban las espadas. Avanzaron al trote mientras algunos otros trastabillaban. El General se dio vuelta para mirarnos. Antes de gritar señalando al enemigo con su hoja su cara se desdibujo y sus ojos brillaron mirando nuestras espaldas, que se congelaron como así su cuerpo. De repente se hizo presente en mi pecho una espada larga y ancha que resplandecía bañada en mi sangre; fuimos engañados, engañados una única y astuta vez.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Francisco Di Risio’s story.