El discurso de Gettysburg

Introducción

Ni una sola de las miles de personas apostadas en el cementerio Evergreen de Gettysburg se imaginaba que estaban a punto de presenciar lo que se convertiría en uno de los discursos más famosos de la historia. El calendario marcaba el 19 de noviembre del 1863. Abraham Lincoln solo necesitó 240 palabras y 2 minutos para convertir la base filosófica de la democracia representativa, en un conjunto de palabras digeribles para toda la población, que han sido repetidas, religiosamente, por todas las generaciones que le han precedido.

Sus palabras aún resuenan en el campo de batalla donde perecieron alrededor de 50 mil soldados de los ejércitos del norte y del sur, como testamento de que la democracia, como la conocemos y la defendemos, se ha forjado sobre los restos de héroes conocidos y anónimos.

El discurso de Gettysburg, digno de un análisis profundo, fue el resultado de la visión política de un hombre que supo interpretar el momento histórico que le tocó vivir.


Orígenes de la Guerra Civil norteamericana

El detonante de la Guerra Civil fue la cuestión de la abolición de la esclavitud, que enfrentó a los Estados de la Unión (norte) contra los Estados Confederados de América (sur).

Esto degeneró en un conflicto real a partir de la toma de posesión de Abraham Lincoln como Presidente en marzo de 1861, cuya posición frente a la esclavitud causó que los Estados de Carolina del Sur, Misisipi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana y Texas se constituyeran en los Estados Confederados nombraran a Jefferson Davis como su Presidente, proclamando su separación de los Estados de la Unión. Dos meses después se sumarían a la rebeldía los Estados de Virginia, Arkansas, Carolina del Norte y Tennessee.

Aunque muchos historiadores consideran que no fue un factor decisivo en la guerra, existían claras diferencias económicas y culturales entre ambos bandos. La economía del Sur se sustentaba en la agricultura, para lo cual la esclavitud era vital. El Norte se sustentaba en la industria capitalista, donde la contratación de mano de obra era más factible y económica que el sustento de la esclavitud.


Qué sucedió en Gettysburg

No había razón para que la batalla de Gettysburg fuera distinta y ameritara pasar a ocupar un lugar especial en la historia. A pesar de que en esta ciudad se conjugaban las más importantes vías de tren de la época –principal medio de transporte masivo entre los estados — nada indicaba que el encuentro sería distinto a los que habían sucedido en otras ciudades de iguales dimensiones.

El ejército del sur, motivado por su reciente triunfo en Chancellorsville, Virginia, decidió iniciar una serie de ataques de invasión de los territorios del norte, iniciando en la pequeña ciudad de Pennsylvania de apenas 4.3 km2. La estrategia del General Lee, comandante del ejército del sur, era atacar las ciudades del norte para ejercer presión sobre los políticos de la zona, con el objetivo de que estos, a su vez, presionaran al gobierno de Abraham Lincoln.

Previo a la batalla de Gettysburg, los ejércitos se habían enfrentado en varias decenas de ocasiones. Sin embargo, lo sucedido entre el 1 y el 3 de julio de 1863 definiría el resultado de la contienda. El ejército del Sur no solo sufrió una gran pérdida militar, sino que también sufrió el más importante revés político hasta el momento. Lo sucedido en Gettysburg animó al ejército del Norte, a la vez que las noticias de la derrota del Sur sirvieron para desalentar a varios países de Europa que se aprestaban a reconocer a la Confederación como un país soberano.

Los 3 días de intensa batalla, bajo el caluroso clima del verano norteamericano, resultaron en un punto de inflexión de la Guerra Civil de los Estados Unidos — también conocida como la Guerra de Secesión — que venía librándose desde 1861.


La ideología de Lincoln

Las posturas de Lincoln sobre la cuestión de la esclavitud aparecen en muchas de sus piezas discursivas, previo a convertirse en Presidente. En una alocución el 16 de junio de 1858, Lincoln sembró la semilla de la divergencia entre los Estados pro-esclavitud y los que se oponían a la misma. Durante el acto en el cual aceptó ser nominado a Senador por el Estado de Illinois por el Partido Republicano, Lincoln afirmó que “el Gobierno no podía prevalecer siendo medio esclavo y medio libre”. Sus palabras serían una profecía.

Más adelante, durante su discurso de toma de posesión en 1861, Lincoln planteó las líneas estratégicas de su trato con los Estados esclavistas. Afirmó que “no tenía ninguna intención de invadir los estados sureños ni acabar con la esclavitud donde aún era vigente, pero que usaría la fuerza para mantener las posesiones federales”.

Pero lo más importante es que siempre consideró a la “Constitución como la unión más perfecta”, declarando legalmente nula toda secesión.

Sobre esta idea, en Gettysburg, Lincoln no hizo más que reforzar los postulados que venía planteando desde la toma de posesión, siempre en la línea de que la Declaración de Principios y la Constitución misma, eran un compromiso asumido por todos los Estados, y que era en ellas en que basaba su decisión de apoyar el fin de la esclavitud.


Cómo escribió el discurso

Una veintena de historiadores han analizado las condiciones en las que se preparó el discurso de Gettysburg. En algún momento se consideró que fueron “palabras improvisadas”, pero las investigaciones han demostrado que fueron el resultado de una reflexión profunda y del profesionalismo de quién sabe cómo y cuando hablar en público.

Sin dudas, Lincoln era un discursista consagrado. Prueba de ello es que redactaba más de una copia de sus discursos, para entregar a la prensa de la época, a su secretario privado y a su archivo personal, de manera que sus palabras pudieran perpetuarse en el tiempo, sin estar sujetas a interpretaciones.

Como hemos dicho, la evidencia existente desmonta la teoría de que el discurso de Gettysburg fuera improvisado o que fuera el resultado de alguna especie de suerte. El discurso fue redactado con rigor académico por Lincoln, en los días previos a su partida, durante el trayecto en tren hasta Gettysburg y en la residencia que le albergó la noche previa al evento.

David Willis, un distinguido residente de Gettysburg, fue quien organizó el acto que sirvió de oportunidad a Lincoln para el discurso. Se trataba de la dedicatoria del Cementerio Evergreen, donde estaban enterrados una gran cantidad de los fallecidos en la batalla, correspondientes al ejército del norte.

Una ocasión como esta ameritaba del protocolo previsto en la época, que en este caso correspondía requería una pieza solemne de oratoria, normalmente de larga duración. Una conferencia de varias horas — por lo menos 2 — era la costumbre de la época y muchas habían sido protagonizadas por grandes oradores de la época como Daniel Webster, e incluso el mismo Lincoln.

Resulta paradójico, sin embargo, que el discurso central había sido encargado a Edward Everett, un reconocido diplomático y académico de la ‘Ivy League’, considerado el mejor orador de la época en todo Estados Unidos. Como orador consagrado que era, Everett habría pedido a Willis tiempo suficiente para preparar su conferencia magistral. La lectura de su Conferencia demuestra que la pieza requirió mucho esfuerzo, pues en poco más de 12 mil palabras, construye un relato inspirador sobre la Guerra Civil norteamericana.

Como dice Gary Willis, en la obra “Lincoln at Gettysburg: the Words that remade America”, la voz, la dicción y los gestos dramáticos, pero sutiles, de Everett, lo convertían en la elección inevitable para Willis. Se decía que sus Conferencias, aunque escritas, eran recitadas de memoria, sin necesidad de leer el papel. Contar con Everett en este evento garantizaría que la dedicatoria del cementerio pasara a los libros de la historia de los Estados Unidos, convirtiéndose en un monumento nacional.

En principio, Everett recibió su invitación para hablar en el acto el 23 de septiembre, con la idea de que el acto se realizara el 23 de octubre, es decir, un mes para preparar su conferencia. Sin embargo, el tiempo no era suficiente. Las investigaciones que tenía que realizar para una conferencia al nivel de las expectativas demandaban más tiempo. No estaría listo antes del 19 de noviembre. Es por ello que el acto sucede un 19 de noviembre.

La invitación a Lincoln no llegaría hasta un mes después que la de Everett, como parte de un conjunto de invitaciones remitidas a las autoridades federales. Como se trataba de un acto propio del Estado de Pennsylvania, no se consideraba costumbre asegurar la participación del nivel federal, por lo cual, la invitación a Lincoln no era más que una cortesía.

Sin embargo, el acto tenía un significado político importante para Lincoln, que estaba inmerso en la titánica tarea de volver a unir al país, dividido por la guerra. Preparándose para su reelección, uno de los Estados donde la polarización era más evidente era Pennsylvania, debido a las diferencias entre el Gobernador Curtin y su contendor, Simon Cameron. Lincoln sabía que en ese acto participaría toda la clase política, empresarial y de relevancia social, por lo cual convenía asistir. Además, Gettysburg fue una de las pocas batallas decisivas que ganó el Norte, por lo cual el acto le serviría para promocionar el triunfo como parte de su propaganda pos guerra.

Por ende, se considera que la presencia de Lincoln en el acto no fue casual. El Presidente tomó personalmente todas las medidas necesarias para asistir al evento. Cambió su agenda, evaluó personalmente el itinerario de tren, dispuso medidas complementarias, ante el hecho de que el acto llevaría alrededor de 10 mil personas a Gettysburg, una ciudad con mínimas condiciones para atender una cantidad de personas de esa magnitud. Las medidas resultaron oportunas. Sin el involucramiento directo de Lincoln, no se habrían dado las condiciones para que asistiera a Gettysburg.


La elaboración del discurso

Como en toda gran historia, se crearon varios mitos, que afirman que Lincoln habría escrito su discurso en la parte trasera de un sobre, o que lo habría hecho minutos antes de acostarse a dormir en la casa que lo albergó en Gettysburg, o que lo había preparado en su cabeza, mientras escuchaba hablar a Everett. Pero lo cierto es que Lincoln era tremendo discursista. Sus palabras eran pensadas y analizadas, sus construcciones gramaticales eran impecables y su obsesión por el tiempo era ya conocida.

El sabía que su visita a Gettysburg, para tan importante evento, traería consigo un sinnúmero de intereses, de aquellos que querían hablar con el, por lo que no tendría tiempo para escribir sus palabras en el camino a Gettysburg o una vez allí.

Distintos encuentros en los días previas al acto, sirven de prueba de que Lincoln escribió su discurso con antelación, como lo fue la reunión que sostuvo con William Saunders, del Departamento de Agricultura, quién había concebido los planes del cementerio, a quién cuestionó sobre el lugar y sus condiciones.

La obra magistral de Doris Kearns Goodwin sobre la vida de Abraham Lincoln, titulada Team of Rivals, relata que en una de sus habituales reuniones con su gabinete, el Presidente habría informado que asistiría a Gettysburg el jueves 19 de noviembre de 1863. Informó que le habían encargado unas breves palabras y que “esperaba que su Gabinete le acompañara” a tan importante evento.

Lincoln había confiado a Ward Lamon que “no había dedicado” suficiente tiempo a la elaboración de su discurso y que “temía no ser capaz de absolverse de sus compromisos, y mucho menos satisfacer las expectativas del público”, otra prueba de que había estado trabajando en su discurso, previo a su viaje. Incluso, un día antes de partir, Lincoln confió a un amigo que “había encontrado tiempo para escribir la mitad del discurso”.

Por su lado, Martin P. Johnson, en su obra Writing the Gettysburg Address, presenta datos que confirman que Lincoln dedicó varios días de reflexión y elaboró distintas versiones del discurso. Era importante.

Las distintas referencias a la actividad demuestran la relevancia de este acto y la importancia del discurso que Lincoln daría, a la vez que reflejan el empeño que Lincoln pondría en el discurso.

Alrededor de 9 mil personas presenciaron el acto, dispuestos en media luna frente a la tarima. Se desconoce el lugar exacto donde se colocó a los oradores, pero las pocas fotos de la época sirven para tener una noción del lugar.

El discurso de Everett recibió impresiones encontradas. Algunos medios lo reportaron como un simple recuento histórico, “sin alma y sin corazón”; otros lo consideraron una pieza extraordinaria de oratoria.

Cuando tomó el podio, Lincoln retomó un tema que ya tenía años pregonando: la supremacía de la constitución como herramienta para mantener la unión. Su objetivo político era recordar a sus conciudadanos que la Declaración de Independencia contenía una promesa que decía que “todos los hombres habían sido creados iguales”.

Everett escribió a Lincoln el día después, afirmando que no pudo lograr en dos horas lo que Lincoln logró en dos minutos.


El legado de un discurso

Lo que hizo Lincoln fue “traducir la historia de su país y el significado de la guerra en palabras e ideas accesibles a todos los ciudadanos americanos”. Por eso, sus palabras han sobrevivido a los hombres y mujeres que las han repetido y analizado por décadas.

La cita más celebre del discurso, que plantea “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, según los analistas del lenguaje, es un magnífico ejemplo de las reglas de elaboración de discursos.

Parte del Legado del discurso es que se convirtió en el argumento de la Guerra Civil, que continuó por 2 años antes de la rendición de los ejércitos del sur, sirviendo de motivación a las tropas y a quienes creían en la unidad y el respeto a la constitución.

Es importante resaltar que el Discurso de Gettysburg no se difunde años después de la muerte de Lincoln. Las redes de información existentes en la época, aprovechadas magistralmente por el equipo político de Lincoln, permitieron su difusión a la brevedad. Lo corto del discurso permitió que las personas se lo aprendieran completo y lo recitaran en distintos escenarios. Fueron “los seguidores de Lincoln los que dieron recorrido, difusión y relevancia — lo que hoy llamamos viralidad — a un discurso que podría haber quedado en el olvido”.

Se convirtió en el texto más citado y más memorizado de la historia de Estados Unidos. De hecho, muchos grandes discursos posteriores, como el de Martin Luther King, bebieron de las fuentes de Gettysburg.