Ñunca

Fra Salazar
Jul 21, 2017 · 2 min read

“Estoy en Dublín. Perdón. Suerte. M”

Escuché el mensaje dormido, pero no desperté de verdad hasta leerlo. Las conjeturas empezaron a brotar como chismosos después de un accidente: este mensaje fue enviado premeditadamente a las cinco para encontrarme inconsciente, como un asesino profesional: M lo había enviado después del desayuno, como un buenos días saludos adiós me vale: el canal había sufrido una caída durante su traslado por un servidor asiático, que lo mandó a dar ciento ochenta millones de vueltas a la Tierra hasta que localizó el dispositivo correcto de entrega en la colonia del valle: en realidad yo seguía en mi cama, esto es puro cuento y necesitaba dormir, tal vez soñar.

“Vuelve. Te perdono. Te perdonamos”

Ni siquiera fui a la oficina. Vine al aeropuerto en cuanto pude ponerme un pantalón. ¿Lo mandó a esa hora para evitarme el tráfico oficinista y que me fuera más fácil la búsqueda? Sí, use mis millas, por favor.

M se burlaba cuando decía que estaba acumulando millas. Y tenía razón en que era tan absurdo como decir que estaba acumulando litros; aunque si hablamos de litros de grasa entonces ya van dos cosas ciertas y absurdas. Tres con este viaje. Mis nervios no son por aterrizar, sino siempre por despegar, ya ven lo que le pasó al chalenller. Sí, sí traje las pastillas para dormir.

En cuanto despierte saldré en busca de una explicación. Teníamos una montaña de proyectos pendientes, y de los que habíamos completado juntos muchos ya estaban dando frutos. Ni siquiera tuve los pantalones para quitar la foto de nosotros colgada en la oficina. Me vas a escuchar, ¿me oíste? Eres una parte fundamental en esta empresa, eres quien aguanta mis gritos, mis indecisiones, mis hipérboles que tú mismo has reconocido que son justas en su justa dimensión; la vez que nos robaron y te sentaste nueve horas en el eme pe para ver los videos y finalmente diste con que el ladrón había sido el señor erre y ya no volvió a cuidar los coches después de eso. Después de cuatro años eres mi mejor becario, con todo y que eres milenian.

Si me vas a renunciar lo vas a hacer en mi cara.

)

Fra Salazar

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Cuentos cotidianos de mentes miniatura

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