DE NUESTRAS POSIBLES VECINAS UNIVERSALES

Si el espacio-tiempo se originó en la eclosión que dio pie a la universalidad, previo a eso, ¿qué dimensiones espaciales había? Y si un agujero negro albergaba todo el potencial universal, a dicho agujero, ¿qué lo contenía? ¿Qué le permitía tener movimiento?, ya que, para que algo se desplace, tiene que yacer, forzosamente (¿o no?), dentro de una dimensión.
Al tanto estoy de que sería muy conveniente el avezado escaparate de poder contestar con algo así como “la nada”, y creer haber dado una respuesta aceptable al evitar pensar, pero “nada” podría estar más apartado de la realidad, ya que ésta, al menos, precisa de espacio, ¡mucho espacio!, y nuestra “nada”, al agitarse, genera la fricción necesaria con las partículas elementales (campo de Higgs) para que estas logren adquirir masa, ¡y que todo lo que veis (materia bariónica), exista! Es decir, la “nada” auspicia toda la fisicalidad de este universo, así que vacía vacía, no está. Dando lo dicho por sentado, y continuando con las interrogantes iniciales, ¿sería muy atrevido pensar que existen otras dimensiones ajenas a nuestra universalidad? No, no lo creo: sólo en este universo, gracias, principalmente, a la teoría de supercuerdas, algunos físicos hoy postulan 10 dimensiones espaciales y una de tiempo, de igual manera, algunos científicos modernos empiezan a creer que más allá de las fronteras del cosmos, el tiempo se mueve en dirección contraria.
¡Ojo! No pretendo aludir a ningún tipo de “origen” (consciencia no sé qué, alguna inteligencia suprema, realidades últimas, o cualquier otro tipo de entelequia), tampoco hago estos planteamientos con la intención de ambicionar rebasar mediante ideas vagas los límites de nuestra realidad universal, más bien pretendo invitaros a intentar dejar de evidenciar la magnitud de nuestra incomprensión con palabras, en este sentido, huecas en su totalidad: “infinito”, la “nada”, el “vacío”, y… ¡yo qué sé!; y a romper, por supuesto, con esquemas “mágicos” que nos impiden elucidar, al soslayar irresponsablemente nuestras honestas posibilidades mentales, la estructura y la evolución de “eso” que nos contiene, comprensión sana que nos convidaría a la sinceridad científica y a la frescura del librepensamiento. ¡Qué sí!, aunque os sorprenda, van muy bien de la mano.
