MI FALSO YO

Que afortunado quien se haya dado cuenta de su falso yo, de su falso propósito, y de los sufrimientos creados por ese falso amigo potencial. Dichoso, digo yo, quien lo haya podido hacer a un lado, o por lo menos lo haya podido observar y reírse de él. Reírse de los dos sería lo más sublime; primero de ti por haber vivido engañado tanto tiempo, y segundo, de ese falso yo y sus engatusamientos. Y aunque en este momento la relación que tengo con mi falso yo tenga poco de irrisorio y mucho de indignante, creo que al haberme finalmente atrevido a dar ese paso imperioso hacia la verdadera libertad, ese paso a aceptarme sin las máscaras y ademanes que impuso mi falso yo en mi , y ese paso hacia observarme como una tercera persona para discernir entre lo que es ego y mi verdadera relación con el universo, puedo entonces alentar un poquito el desasosiego incesante de mis amaneceres y sacarlo a respirar un poco, aunque sea un poco de aire fresco y puro.

No fue hace mucho tiempo en que deje de ser consciencia pura para convertirme en una copia chatarra y de mala calidad de la compasión prístina de mi ser. Fue hace un poco más de 29 años, pero seguramente recordare con exactitud los últimos 21. Esa copia chatarra es mi falso yo. Todos cargamos con una copia, y a veces muy pesada, unos ya la llevan tan incrustada en sus huesos que ya no hay señales del producto original. Esto quiere decir que la copia se apodero del original, pero en algunos casos más afortunados, se puede aún rescatar ese color transparente.

El día de hoy no sé si exultar de alegría, llorar de tristeza, o mantenerme sereno y encontrar la ecuanimidad al darme cuenta que he perdido casi toda mi vida haciendo más fuerte a mi falso yo (ego), y él, como una sanguijuela ha disfrutado plenamente chupando mi sangre y debilitándome poco a poco. No me di cuenta sino hasta el día de hoy que el que se hacía fuerte no era yo. En realidad, era todo menos yo.

Creo firmemente que al nacer somos consciencia pura, y algún día volveremos a serlo. Así mismo, hace algunos días alguien me dijo que si el ser humano regresa a su esencia natural es básicamente compasión, y eso me dejo pensando. Pero en realidad, no me interesa en lo más mínimo compartir mis creencias o un par conceptos que de conocimiento ya tenemos bastante. Me gustaría más bien crear consciencia del nefando hecho que está haciendo sufrir innecesariamente a todos nosotros, el falso yo.

Anteriormente y con frecuencia he mencionado la importancia de dar ese paso para salir de tu zona de confort, tanto física como mental, de hacer lo que amas, y de seguir tus sueños, sin embargo, el día de hoy me doy cuenta, que podrás dar mil pasos de valiente, pero si no te detienes por un instante y TE OBSERVAS Y LO OBSERVAS, y lo reconoces en ti, entonces que desgracia, puede ser que hayas tenido una vida grandiosamente lejos de ti, lejos de una paz interior, y seguramente alimentaste a tu ego de una manera grandilocuente. Pero no te preocupes tanto, ya regresaras a tu estado natural.

Al observar mi vida, y mi relación con mi falso yo, me doy cuenta que me he acercado a él de la misma manera en que se acerca un delincuente a su pandilla. Primero por ignorancia, y segundo porque es el lugar en donde encuentras cierta comprensión y empatía hacia tu persona, sobretodo protección. Es que en realidad es muy atractivo acercarte a tu ego. Poco a poco va emperifollando esa consciencia pura hasta que por momentos te hace sentir suficientemente digno y merecedor de un sin número de méritos. En mi caso, el ego no perdía oportunidad para acercarse a mi cada vez que mi verdadero yo quería relucir. Claro, es que mi verdadero yo parecía una cosa de risa, un yo del que todos se mofarían, un yo poco digno de formar parte de una sociedad que evidentemente en ese momento demandaba atributos y comportamientos muy acordes a ese falso yo.

Gracias a mi ego deje de preocuparme por mi persona, más bien le endose todo mi ser y le dije toma, encárgate de mí. Creo que hizo un buen trabajo en realidad, se aseguraba que siempre estuviera bien vestido, que diera la mejor imagen a donde fuera, y hasta se ocupaba del bronceado de mi piel. Mi ego se encargó que estudiara en buenas universidades, y por supuesto que gastara casi todo mi dinero mostrando mi mejor ego con amigos que tenían egos muy divertidos, me reconfortaba y me llenaba de ilusiones utópicas.

Gracias a mi ego logre que la gente me percibiera como una persona muy carismática e inteligente, se encargó por supuesto que estuviera al tanto de la mejor música y de temas de interés, que leyera los libros más populares, que siguiera el esquema del éxito mundial de todos los falsos yo, y a veces, aun en contra de mi voluntad, se encargaba de desdeñar todo lo que no estuviera a la altura de él. Mi muy dilecto amigo, se encargó también de esconder todas las cosas que quería expresar mi verdadero yo por que probablemente hubiera dejado de ser una persona valiosa e interesante. Hablar de espiritualidad, o de proyectos humanistas a los 20 años, que ego en este mundo hubiera permitido tal barbaridad.

El ego es como una droga, y al igual que la mayoría de ellas, puede ser muy tarde si no te das cuenta a tiempo. Que feo seria vivir condenado a un falso yo, es un peso agonizante e innecesario del cual por fin me doy cuenta en mi larga o corta vida. Sin embargo, al principio es un gran camarada, parece ser que te ayuda pero en realidad te va haciendo dependiente a ciertos hábitos y maneras de pensar, es ahí donde empieza el problema. Porque el ego va evolucionando mientras tú te vas estancando. Cuando eres joven, es más o menos fácil de sobrellevar y muy difícil de darse cuenta de su existencia. Pero conforme van pasando los años y tu verdadero yo se va quedando sin fuerzas, es ahí donde empiezan las crisis personales, y por supuesto, para evitar estas crisis, es mejor seguir de la mano del ego que por tanto tiempo te ha estado haciendo sentir protegido.

Pero el ego te repite una y mil veces que te quiere, y se preocupa tanto por ti que empieza también a planear tu futuro. Al ego no le gusta disfrutar el presente, cree que es una pérdida de tiempo, hay tantas cosas que podrían pasar y tanta incertidumbre que prefiere que escojas el camino menos empedrado. De la misma manera, mientras el ego va buscando en tu vida nuevas soluciones y formas de ser (o más bien aparentar) ya inculco en ti hábitos y comportamientos que difícilmente puedes cambiar y estos se empiezan a convertir en un peso muy grande que limita tu verdadero potencial, te des cuenta o no. Mientras tu ego va buscando nuevas drogas, las antiguas ya son una adicción para ti, para ese entonces tu verdadero yo es básicamente solo un recuerdo incapaz de ayudarte, solo queda la resignación. No obstante, es una resignación que parece ser más fácil de llevar que intentar reencontrarte con tu verdadero yo. Lo que la gente no sabe, es que solo el principio es extremadamente difícil, es como cuando un adicto de heroína deja la droga por primera vez, vienen dolores, pánico, mal estar, angustia, desesperación, y pensamientos suicidas, pero después, viene la verdadera libertad, la calma, y la dicha.

Me doy cuenta ahora que el ego es la peor droga, te haces adicto a ella sin que te des cuenta, sin que sepas siquiera que la estas consumiendo, y va carcomiendo tu vida. Aparte es una droga de la que por más que intentes nunca podrás estar libre de ella. Podrás reconocerla y disminuir su influencia sobre tu verdadero yo, pero siempre va a estar ahí, siempre, acechando y esperando que te descuides o que te vuelvas a sentir desprotegido para volver a hacerse cargo de ti.

Una vez que reconozcas tú falso yo en ti, basta con observarlo y aceptarlo como un compañero vitalicio. Él no se va a ir, así que tienes que acostumbrarte a su presencia, tienes que aprender a aprender de él, porque aunque no lo creas, el ego también te puede ayudar a elucubrar muchas cosas sobre tu verdadero yo, te ayuda a darte cuenta que es más fácil mostrarte al mundo sin ese montón de florituras que el ego añadió anteriormente a tu persona y personalidad, y te puede ayudar a dejar de vivir engañado. En este sentido, es también parte de la panacea para abolir el sufrimiento (muchas veces ignorado) de tu vida.

Paradójicamente, aceptar el peso tan grande que has llevado toda tu vida, no te hará el camino más fácil. Al contrario, va a inclinar más la subida a la montaña, porque te darás cuenta que tan lejos estas del verdadero y único propósito de tu vida en este mundo, y por supuesto, que tan lejos estas de el. Reconocer tu esencia puede ser realmente espeluznante, imagínate caminar solo por esas calles obscuras y peligrosas por las que antes te acompañaba tu pandilla (ego) y ahora lo tienes que hacer solo. Es un trabajo tácito y lento.

Qué bonito seria aceptar y apreciar todo lo que el ego consideraba un veneno para tu vida, cosas como el tiempo, la muerte, la vejez, la vulnerabilidad, la compasión, el fracaso, y tu relación con el universo.

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