“Contigo todo estuvo mal desde el principio, hasta la cama era un desastre


Fue siempre una lucha constante entre tú y yo.

Las peleas encabezando el día y las caricias de reconciliación por las noches.

Yo solía hacer pucheros cada que te veía atravesar esa puerta, y tú siempre me los arrebatabas con una simple sonrisa. Después de 10 minutos de tus escasos detalles era inevitable que me abalanzara sobre ti.

Tu carita me hacía querer besarte toda la vida como si mis besos fueran eternos.

Mis noches en vela no se debían a preocupaciones mayores, no conciliaba el sueño porque tu respiración me agitaba, pero cuando me abrazabas y escuchaba tu respiración junto a mis latidos, descansaba tanto.

Me sentía tan protegida aún cuando las cobijas eran una maraña ocasionada por tus movimientos constantes.

Era agotadora la intensidad que traía nuestra relación, dramática y tranquila, el cambio constante de emociones me dejaba sin pilas al principio de la siguiente semana, pero la gente notaba que mi cansancio estaba lleno de felicidad y no de llanto como lo está ahora.

Pude haberme quedado entre tus brazos para siempre, pero yo no podía dormir sin sabanas. Todo fue un desastre desde el principio, hasta la cama.