Te gusta el sexo ¿no? — le pregunté. De nuevo en voz muy alta y clara. Se encogió de hombros, la frase pareció aplastarlo un poco, hacerlo sentir tan inquieto que tuve la clara impresión que se levantaría y me dejaría allí comiendo sola, a merced de las miradas de los sorprendidos testigos involuntarios de la conversación. Pero veamos, ¿Los hombres no tienen el derecho de reír y bromear con el sexo muy libremente? ¿Rompo alguna ley tácita de silencio hablando en voz alta lo que no debería? Me gustó ese pensamiento. Lo analicé desde todos los puntos de vista y continué pensando en eso incluso cuando la conversación terminó en una discusión malsonante y muy tensa de la que no nos recuperamos muy bien. De hecho, a veces tengo la impresión que esa primera grieta en nuestra relación — recién nacida y muy joven — fue el abismo que se abrió entre ambos después. Porque del sexo no se habla. Y yo quería hablarlo. Yo quería las luces encendidas. Yo deseaba reír y gritar. Concluí entonces que él no estaba preparado para eso o eso me supuse cuando dos o tres meses más tarde, la relación terminó. Para alivio de ambos.
La puta, la santa y la loca: La mujer y el sexo
Aglaia Berlutti
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Visto desde el concepto de intimidad por supuesto que podría sentirse pena si la conversación que sostienes adquiere publico en un lugar donde hay otras personas. Sin embargo tu llevas la razón al mencionar que no rompes ninguna ley si decides vociferar cualquier detalle o definición del sexo. Va en función de cada persona, ¿no te parece? El problema viene cuando tu pareja no esta preparada para conversar en “voz alta” sobre el tema. En una situación como la que describes me daría pena, y al mismo tiempo moriría de la risa. El punto interesante aquí está en como lo enfocas, es atipico la verdad, pero eso deberia ser lo normal.

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