
¿Puedes imaginar cuando las ideas sólo podían comunicarse de boca en boca? ¿Sin forma de plasmarlas y darles permanencia, la comunicación personal como vehículo único para transferir ideas?
La tecnología y el acceso a ésta, avanza a velocidades diferentes. Cuando la tecnología llega a un nivel de distribución masiva es que en ella y a través de ella se encuentra la posibilidad de crear, plasmar y transmitir ideas y conocimiento.
Antes de la imprenta ya existían los libros o los medios impresos, sin embargo, no eran accesibles para todos.
Estamos en una época con tantas posibilidades para expresar ideas, compartir momentos, emociones, experiencias. Saber elegir el medio y el formato adecuado es ahora la tarea más importante para los generadores de contenidos hoy en día.

Con la llegada del Internet, la humanidad tiene acceso al más complejo y versátil medio de comunicación. Las redes sociales en combinación con dispositivos con los smartphones, soportan formatos como las imágenes y videos 360. El primer nivel de acceso que pueden tener muchos a lo que llamamos experiencias 360.
De inicio podemos decir que el concepto 360 es una idea de algo envolvente. El nivel de inmersión depende de los estímulos que pueda recibir el usuario. Cada recurso puede aportar diferentes elementos que enriquecen la vivencia, lo básico lo encontramos en la imagen, pero también el sonido ambisónico, sensaciones hápticas, aromas, tacto y demás elementos que la imaginación pueda aportar para lograr una experiencia que logre conectar al usuario a una realidad alternativa.
Quisiera detenerme en explicar un poco más lo que implica una experiencia 360. Conoces el film “¿Quieres ser John Malkovich?”, si no lo has visto, es una película obligada en el repertorio cultural cinematográfico. Una historia llevada a la pantalla grande por Spike Jonze; explora la idea de cómo a través de una pequeña puerta, un oficinista podría estar en el cerebro del conocido actor John Malkovich. Aunque no es específicamente el planteamiento de esta película, podemos utilizarla como referencia para explorar una idea bastante irreverente que cuestiona una clásico refrán, “nadie experimenta en cabeza ajena”. La capacidad de estar en el lugar de otro nunca había sido tan cercana como hoy, con las experiencias 360. El paradigma del espectador cambia por completo. En los medios audiovisuales tradicionales, como el cine y la televisión, tenemos una historia narrada en una secuencia de imágenes que se apoyan de ópticas y composiciones que le permiten al director, enfocar con claridad la atención del espectador en determinados detalles. Los espectadores quedarán entonces atrapados en una visión recortada del mundo a gusto y placer del director. En este sentido, no hay mucha interactividad, el espectador es pasivo.
En una experiencia 360, no se trata del cuadro que le presentas ni dónde diriges la mirada del espectador, se trata del lugar que le damos en la escena. Desde dónde él podrá apreciar la acción y en cierto sentido desde dónde podrá interactuar con ella.
El espectador deja de ser un elemento pasivo en la narración, y entra directo a tener una interacción y un grado de decisión de lo que quiere ver en la escena. En ese momento se convierte en un usuario. Una experiencia 360 por estática que sea, te permite buscar tus propios puntos de interés, es una invitación latente a la exploración. Te puede sugerir puntos de atención, pero está en el ti la decisión de qué y a dónde mirar.

La tecnología ha avanzado a tal punto, que las experiencias 360 te permiten formar parte de la historia, en algunos casos, ser un personaje activo en la acción, tomar decisiones (Realidad Virtual).
Para crear o diseñar una experiencia 360 debemos entender primero el fin que tiene el contenido. Las capacidades y condiciones que tenemos para registrarlo o crearlo, así como las necesidades estratégicas que requiere como producto.
No siempre la solución más robusta es la mejor. Saber encontrar el punto adecuado puede hacer más accesible la experiencia tanto en costos de producción, como la experiencia misma del usuario final.
Las soluciones pueden ser tan sencillas como distribuir por redes sociales una imagen panorámica, hasta un set con su instalación de equipos de Realidad virtual como el VIVE, si quieres saber más al respecto da clic aquí https://www.vive.com/
La primera, de acceso masivo vía redes sociales, con bajo o a veces nulo nivel de inmersión; la segunda, con un acceso limitado de usuarios pero con un alto nivel inmersivo, una experiencia completa e impactante. En el ínter existen soluciones que pueden ser contenidos accesibles vía web o bien, el desarrollo de aplicaciones móviles o software a medida.

Como se muestra en el cuadro tenemos los diferentes niveles de producción, así como lo necesario para presentar dichos contenidos. Entre más robusta es la solución, menor alcance en cantidad de usuarios tendrá.
Después de trabajar por más de 3 años con esta tecnología, en Funktionell hemos aprendido que una experiencia 360 tienen tanto potencial como la capacidad que tengas para imaginar y producir. El reto es enorme, el alcance dependerá de la idea y el presupuesto. Es un campo donde la industria de producción audiovisual está encontrando desafíos muy interesantes. Un formato que en este momento se encuentra en constante desarrollo y evolución.
Josué Coronado, Director de interfaces UI-UX en Funktionell.
