La igualdad no es un juego

El juego y los juguetes cumplen un papel decisivo en la transmisión de los estereotipos de género, desde la niñez se asocian determinados elementos o actividades a un género u otro, pero quienes fomentan y transmiten ese legado de barreras sexuales son los adultos.

Esas barreras son un límite que se visibiliza en el momento en que un juego o juguete es rechazado por el simple hecho de despertar prejuicios, algo aparentemente inocente, como regalarle una muñeca con un vestido rosa a una niña o unos soldaditos en papel celeste a un niño, consolida roles que ellos asumirán cuando crezcan.

La violencia, la discriminación, el abuso, el acoso, la inequidad y la desigualdad son realidades normalizadas por su cotidianeidad, son parte del proceso de socialización en el que estamos inmersos desde la infancia; la familia, las instituciones educativas y los medios alimentan la brecha que produce esas diferencias.

En este sentido los adultos somos los principales responsables en la reproducción de ciertos esquemas que fomentan modelos en base a estereotipos y con ello los consecuentes problemas de inequidad.

Normalizar el uso y la práctica de determinados juegos moldea rasgos que van a caracterizar a los hombres y mujeres adultos. El ámbito familiar genera mensajes que consolidan esos estereotipos, asignar a las niñas tareas domésticas, imponerles la idea de feminidad, la delicadeza y los buenos modales como cualidades, mientras que a los varones se les destaca su rudeza y su fuerza, se les condena si lloran o si prefieren jugar a cocinar en lugar de optar por la pelota.

Basta con observar un poco los modelos que se imponen desde la niñez, las princesas son lindas, prolijas y no trepan árboles, son pasivas y su “cuento” cobra sentido cuando aparece el príncipe azul, los superhéroes son fuertes, valientes y no planchan la ropa ni cuidan a los hijos, sino que tienen tareas mucho más importantes como salvar al mundo y luchar por la justicia.

De esta manera algo aparentemente inofensivo es un factor determinante para la construcción de roles que fragmentan la sociedad. Es por ello que resulta imprescindible trabajar desde la niñez para poder gestar una sociedad más tolerante, igualitaria y libre, en la cual el parámetro que nos identifique a todos y todas sea el respeto.

Nataly Medina.

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