Le mot de Cambronne

Yo tenía una amiga argentina que mandaba a la gente “a la miércoles” y se quedaba tan fresca. Y es que el uso de “le mot de Cambronne” ha tenido siempre un encanto para las señoras que aspiran a cierta distinción en el momento de mostrarse airadas. A condición de pronunciarlo haciendo ver que no se pronuncia pero cuidando que se note la voluntad expresiva en ese sentido. Tal habilidad suele provenir de cuna y difícilmente se adquiere en una redacción de informativos, por lo que tiene mucho mérito su incorporación tardía en un posterior métier. Y más ahora que las redacciones parecen farmacias y hace años que han dejado de ser aquellos lugares en los que se aprendía, además de a maldecir groseramente, que las cosas nunca son lo que parecen y que el oficio de periodista consiste en hacerlo evidente al público. Bien mirado, quizás el deslizamiento de la palabra en un mensaje entre amigos haya sido, en este sentido, un modo inesperado y tardío de cumplir con esta misión.