Yo hubiera votado a Carme Chacón

Nunca voté ninguna lista en la que figuraba Carme Chacón aunque apreciaba su determinación política y personal. Verdadero Julien Sorel de nuestro tiempo, la política socialista fue uno de los rostros femeninos más consistentes de los gobiernos de Zapatero, convertida en verdadero signo de cambios auspiciables cuando ostentaba la cartera de Defensa. Ahora que ha muerto su memoria es obsequiada por palabras de reconocimiento que uno no sabe si están motivadas por la admiración o por el estupor ante su temprana muerte a los 46 años. Años antes la salude un par de veces en el transcurso de algunos encuentros, cuando sus compañeros aún la llamaban la Chaconeta y me pareció un personaje consistente llamado a destinos más altos que pasó con demasiada rapidez de gran esperanza blanca a obstáculo a apartar cuando el partido socialista decidió emprender el camino que le ha llevado a donde ahora se encuentra, ser miembro de hecho de una gran coalición derechista que no osa confesarse a sí misma como tal.

Si Carme Chacón se hubiera presentado a unas elecciones para ser presidenta del gobierno yo la hubiera votado, cambiando la orientación de mi opción habitual. No lo digo ahora influído por la compasión que inspira la muerte de una madre joven que deja a un niño pequeño sino porque una mujer socialista instalada como primera ministra del Reino de España hubiera permitido augurar algo más que cierto maquillaje del rostro del poder. Hubiera podido ser el antídoto del mal que ahora nos aqueja: ser gobernados como lo somos por los hijos de los franquistas que han surgido del franquismo sociológico que la dictadura originó, que con él se identifican y a cuyo paradigma responden.

Carme Chacón fue marginada entre los recovecos del poder del turbocapitalismo madrileño postfranquista y al mismo tiempo despreciada por cierta frivolidad catalana que la consideraba peligrosa porque podía contribuir a romper la burbuja ideal en la que gusta de complacerse la alianza perversa entre ligereza inane, rapacidad económica persistente y resentimiento popular sobradamente justificado. Su determinación no fue suficiente para impedir que la enterrasen viva quienes ahora dicen llorar su desaparición, es decir los que tiraron a Pedro Sánchez por el balcón y quieren hacer ver que Patxi López sabe de algo más que de pasteleos. Si hubiera persistido más muchos la hubiéramos votado para que nos librara de ese poder oscuro que su partido se empeña ahora en sostener. El PSOE no resucitará hasta que entre en liza un nuevo Sorel aún desconocido, pero la tarea que deberá afrontar en ese hipotético futuro será mucho más ingente que la que hizo sucumbir a Carmen Chacón.

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