Camareras de desayunos en la plaza del reloj: remeras a lo Ben Hur.

Para el origen etimológico de trabajo encontramos ni más ni menos que la palabra tortura, de la antigua Roma cuyo nombre era tripalĭum” (tres palos) y del verbo tripaliāre que significa torturar. En aquel momento “la mayoría de la población trabajaba en el campo realizando esfuerzo físico y los hacía sentir como si hubieran sido apaleados”. Si bien hace la friolera de 15 siglos desde el surgimiento del concepto, cabría esperar cambios. Hay evidencias para dudar de que los cambios han supuesto progreso del concepto de la mano del turismo y la hostelería como industria.

Por titulación y edad bien podría ser clienta de un hotel(u) chu-lo de estos de 4 estrellas que abundan entre cadenas tipo Barceló, Melià o Catalonia por nombrar las de la casa. Por una parte hay un elemento de decisión en no consumir en estos establecimientos, como forma de no seguir enriqueciendo a las fortunas generadoras de miseria, a base de atrapar a las que necesitan laburar por un mísero sueldo, a sus cadenas de explotación. Como mi madre parece que tenía razón cuando me decía “no te dediques a los social que eso no da ni pa pipas” o “ni pa papas” según la ascepción Canaria, pocas veces me hubiera podido permitir pernoctar en uno de esos tugurios.

Los designios de la crisis me llevaron a probar esas cadenas en modo camarera, entre nosotras remera.He podido probar el sofisticado turismo de la experiencia como remera de sala en diferentes hoteles: como camarera he disfrutado de la experiencia del deterioro continuo de las condiciones laborales contrato tras contrato. Al mismo tiempo he podido participar en la expansión del turismo, de la industria turística como herramienta de acumulación de dineritos para algunos a través del trabajo o esclavitud de otras. A golpe de aceptar trabajo precario tuve el privilegio de ir convirtiéndome en una intrusa cada vez más profesional en la hostelería. He podido observar como el sistema económico produce esclavos a golpe de crisis, sin decir ni mú. Sin un ápice de crítica se ha ido generando mayor desigualdad social a través de irregularidades sistemáticas en la contratación sistemáticas en el sector de la Hostelería y el Turismo. Mantenidas por el MIEDO entre los trabajadores a perder lo que tienen, a través de un continuo y sepulcral SILENCIO.

Con un pie medio dentro y medio fuera del Sector observé las elecciones municipales de Barcelona, hace ya un par de años largos, con cierta ilusión de cambio: ilusaaaa!! Ese día doblando turno a golpe de MIEDO a represalias en el Hotel Olivia Plaza en plaza Catalunya. Currando con MIEDO bajo la amenaza de no superar periodo de prueba como camarera: “si no te quedas a otro turno más habrán consecuencias”. De manera no escogida ese día no voté pero con los resultados pensé que con el equipo de “la Colau” recuperaría la “fe en la democracia”. Cambiar, cambiar, lo que ha cambiado es mi visión del sector desde otro hotel en otra plaza. Mi última experiencia laboral ha sido en el Hotel Catalonia Plaza, sí ese del reloj de plaza Espanya, ese reloj que a veces va con retraso. La virtud principal de ese reloj es que pasas de ser camarera a remera en un periodo de prueba adaptando tu vida, jornada y condiciones acordadas al ritmo que el reloj del hotel marque.

En sólo 4 día tras aceptar un contrato de 25 horas semanales durante 4 meses por aumento de la producción y con posibilidad de quedarme en la empresa, en departamento de desayunos, ideal para compaginar con estudios; en sólo 4 días, córcholis! el MIEDO volvía a hacer de la suyas” . El MIEDO a no superar el periodo de prueba, me hacía ir aceptando , incluso a golpe de grito, lo que otras compañeras estaban ya asumiendo: regalo diario de tiempo de vida a la empresa, variación de los horarios pactados a disposición de la empresa, contratación con categoría inferior a las funciones realizadas, sobrecarga laboral (he llegado a tener un ratio de 200 desayunos por camarera de sala: unos 400 para dos camareras y una en prácticas que paga por trabajar y que por lo tanto va a su ritmo) y ver que contratación temporal por aumento de la producción es sistemática: existe algo pareceido a una bolsa de camareras con contratos temporales en fraude de ley.

Y,¿ por qué la gente lo aceptamos? Por miedo. MIEDO a no superar el periodo de prueba, a no formar parte si quiera de una bolsa oculta de trabajo temporal en fraude de ley . La aceptación del deterioro de las condiciones pactadas forma parte del ritual de tránsito de ser camarera a remera. Dicho privilegio consiste en estar contratada durante un año como máximo, periodo de unos meses en el paro, SILENCIO sobre las condiciones laborales y vuelta a las galeras, léase sala y cocina. MIEDO y SILENCIO haciendo de las suyas: temporalidad estructural camuflada bajo la contratación por “incremento de la producción”.

Si Ben Hur representa un joven príncipe de Jerusalén que por traición de su hermano tendrá que remar como esclavo en galeras, en el caso de las remeras la traición es del sistema democrático subyugado al sistema económico. Como remera, en mi cabeza no hacían más que resonar los tambores de la película, cuando bajaba patinando por la rampa llena de grasa de sala a cocina (deporte subvencionado por la falta de calzado antideslizante facilitado por la empresa), cargando 15 platos con ayuda de mis pechos, momento épico. Épico cuando hacía oídos sordos a alguna compañera que me insinuaba que trabajara gratis, dando por mis partes la misma respuesta que el remero de Ben Hur daba a la pregunta del almirante “¿Sirves desde hace tiempo?” : el silencio. SILENCIO que me protegía de la respuesta deseada que era, y si nos juntamos y pedimos entre todas una inspección de trabajo?

El MIEDO que todas sentimos está en la base de la desmovilización del colectivo caracterizado por la precariedad; no es casual sinó inoculado a través de la indefensión aprendida, día a día en nuestros puestos de trabajo. La desvalorización se da incluso a gritos en el desempeño de las tareas que no pueden ser realizadas correctamente en las condiciones espacio-temporales dadas. Junto al “intrusismo” laboral inducido por la crisis, las trabajadoras se sienten incompetentes como para sacar el trabajo con una calidad aceptable. Este fenómeno, aquí adaptado a la hostelería, y que Martin Seligman (1967) describía y llamaba Indefensión Aprendida, a nivel social facilita la falta de movilización y crítica a unas condiciones laborales de esclavitud, situación habitual en el sector.

Trabajar un tiempito corto en meses y largo en jornadas en un hotel con estrellas parece que está llegando a ser un LUJO para las camareras, que estrelladas por la llamada crisis pasan a ser remeras de galeras.

Colectiva y pasivamente estamos asistiendo al contrastes entre las cifras de récord de empresarios, lobbys y demás beneficiados del sector del turismo y la hostelería: 55,3 millones de pernoctaciones que diariamente aporta cada una según el INE 150 euros . Frente a las irregularidades y constantes incumplimientos del convenio que regula a 280.000 trabajadores en Cataluña y el sueldo del sector en la ciudad de Barcelona, en la mitad del salario medio con una cifra de 15.055 euros anuales. Y las mujeres 1.000 euros anuales que los hombres!!! Parece que la demora como una de las características actuales en las que se realizan las inspecciones de trabajo, auspicia el fraude en la contratación, potenciando un marco de desigualdad entre empresa/trabajador en la negociación de los contratos, atomizándola de individuo en individuo y empeorando las nada boyantes condiciones del convenio.

A día de hoy la inoculación de indefensión aprendida generalizada en la hostelería, funciona por una doble vía: regulación y desregulación. Respecto a la regulación, destacar la falta de participación de las trabajadoras en la actual negociación del Convenio Colectivo de Hostelería Catalunya, que se está llevando a cabo en la ciudad de Barcelona. Y por la desregulación, a falta de herramientas de control de cumplimiento de las condiciones: funcionamiento lento de las Inspecciones laborales. Este marco genera situaciones en las que es complicado alcanzar el desarrollo satisfactorio de las tareas asociadas al puesto de trabajo. El objetivo se consigue: flexibilización de los horarios pactados, regalo horas de vida, vacaciones a conveniencia de la empresa, sobrecarga laboral y temporalidad estructural en la contratación, a base de la falta de control en las condiciones laborales. Traducido, si ves a camareros correr desesperados por sacar su trabajo: sospecha de incumplimiento de condiciones laborales! Acompañando las jornadas un “la hostelería es así, es lo que hay” , suspiro de resignación basado en la sensación de que la palabra trabajo significa más que nunca tortura.

Corcholis queridos UGT y CCOO, de los que formaban parte algunos nuestros padres y madres, transparencia en la negociación del convenio, ya! Mejora en la respuesta de las inspecciones a las denuncias, ya! Si hasta ahora el convenio no ha servido para garantizar su cumplimiento, la administración municipal preocupada por el funcionamiento del turismo en la ciudad,podría tomar partido y establecer medidas concretas. Que digo yo, que los trabajos que no dan para pagar los pisos no se hacen en la luna. El silencio nos hace cómplices!!! El colectivo necesita de trabajadoras activas en las negociaciones que sólo se consiguen a base de transparencia en las negociaciones. Las trabajadoras para empoderarnos, necesitamos la garantía de tener herramientas de control del cumplimiento de los Convenios Colectivos negociados, qué pasa con la demora en las inspecciones de trabajo.

Para cuándo una negociación con el protagonismo de las trabajadoras a través de colectivos y diversidad de sindicatos. Para cuándo transparencia en las negociaciones que a día de hoy se dan en reuniones a puerta cerrada en casa del Amo. Para cuando concentraciones sin MIEDO, en la misma puerta del Gremio . Para cuándo dar herramientas como las Inspecciones de Trabajo para romper el SILENCIO de la situación de indefensión a la que estamos encadenadas . Para cuándo inspecciones ágiles que faciliten el cumplimiento de la negociación colectiva. Para cuándo dejar de ser cómplices a través del silencio con la constante precarización del sector. ¿O es que el trabajo en la hostelería nunca dejará de ser tortura, porque garantizar la esclavitud en galeras es básico para el enriquecimiento de las cadenas (y nunca mejor dicho) hoteleras, basada en la desigualdad que legitima el sistema neoliberal?

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