Entre jugar lindo o jugar bien. O jugar mal, bah.

Siempre me fascinó el hecho de que el fútbol sea tan relativo a la hora de definir los conceptos de jugar de una manera u otra. Este juego no es una ciencia exacta, ni mucho menos. No hay una única verdad, no hay sólo una forma de jugar. Los conceptos son diversos.

Pero… ¿qué diferencia puede haber entre “jugar lindo o jugar bien”? Mucha. El jugar bien -quizás, no estoy seguro-, implica plantear una táctica que permita cerrarle las bandas a los rivales. También consiste en defenderse. ¿Por qué no?

Pese a todo, ¿no es acaso el jugar bien una manera de armar una táctica fría, con una nula pasión por el deporte? No lo sé. Pero dentro de cada método de juego, también coexiste el de “jugar lindo”, que no es más que la idea de presentar un partido tratando bien a la pelota, cuidándola, defendiéndola. Teniéndola.

En fin: cada pensamiento, cada planteo acerca de la manera de jugar un partido, está bien (o quizás puede que esté mal), es incierto. Pero lo maravilloso del deporte surge a raíz de que uno elige. O jugás bien, o jugás lindo. O jugás mal, y ganás, claro.

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