NO QUIERO IR AL MUNDIAL

Luego de conocer la lista definitiva para los últimos dos encuentros cumbres por las eliminatorias, y después de cerciorarme que Sampaoli no se golpeó duramente el cráneo contra el piso, se terminaron de confirmar sentimientos y pensamientos que rondaban desde hace unos meses en mi cabeza.

Sé que estás líneas son una botella en el océano, pero si alguien las lee puede que me gane unos insultos. A lo que digo: bueno, ya era hora.

Hace un puñado de días, Fernando Signorini, declaró no querer ir al Mundial. Seguramente, y conociendo su ideología, es porque piensa que así nuestro fútbol se refundaría. Yo, que coincido con sus dichos, en cambio, porque estoy hastiado de este país.

Figúrense este futuro cercano, donde gritaríamos goles del ostentoso Icardi para onanismo de su mediática esposa. En simultáneo ver a un tal Agüero, que no se cansa de ser decisivo en el equipo que dirige Guardiola, echar raíces en el banco de suplentes, o a Higuaín en su casa sólo porque unos cuantos estúpidos decidieron embanderarlo en memes.

Por suerte han llegado los infaltables que van a hacernos levantar la Copa. Sí, los futbolistas del medio local. Siendo sincero, nada tengo contra ellos. Pobres, es evidente que se les han cargado expectativas un tanto ridículas a jugadores como Acosta, Benedetto o quien sea el próximo gran ponedor de huevos.

Para colmo de males compramos el pack completo de estupideces: finalmente vamos a definir la clasificación en la cancha que late, tiembla, ataja penales, gana campeonatos y te agranda el combo por cincuenta centavos. Claro, estoy hablando de la Bombonera.

Por otro lado, sería bueno, por fin, ver perder a los periodistas. Que Liberman pierda dinero, su dios. Durante un mes, y posteriores cuatro años, no soportaremos relatores exaltados llorando porque le metimos un gol a Camerún, buscando ser el próximo Victor Hugo Morales. Tampoco se van a viralizar editoriales impostadas, cargadas de malicia para tener un punto más de rating. No quiero, tampoco, que ningún mediocre panelista –perdón la redundancia- tenga oportunidad alguna de criticar nada.

Y después de todo lo dicho, entiendo que de haber un perdedor real sería Lionel Messi. Pero lo quiero así, sin un Mundial. El que no aprende a quererlo con esa arista, no se merece apreciar su arte. Es el mejor del mundo porque hace más de una década se mantiene por encima de los mortales, incluso teniendo que gambetear desde Segura a Bartomeu.

No quiero tirar la pelota para el lateral, así que tengo que nombrar a Sampaoli. Si bien es presuroso juzgarlo, creo que intentó conformar a todas las voces: desde los que miran el partido en su sillón comiendo una picadita y tuiteando “#quesevayantodos”, pasando por los que van al estadio a insultar o tararear como infradotados el himno, y llegando al periodismo del que ya escribí. En este punto tengo muchísimas ganas de equivocarme, porque sí sé valorar lo que está haciendo tácticamente.

No me interesa que la Argentina del marketing sea campeona de nada. Además, después de tres finales consecutivas, un fracaso verdadero no nos vendría nada mal.